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«Paraban el coche en el arcén para rezar»

Las cuatro parejas de hermanos que sembraron el terror en Barcelona residían en viviendas de protección oficial de Ripoll, bebían alcohol y criticaban a los yihadistas

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Tiempo de lectura 4 min.

20 de agosto de 2017. 15:37h

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Laura L. Álvarez Ripoll. 20/8/2017

Dicen que llevaban ya un tiempo yendo juntos al piso que habían «okupado» en Alcanar, Tarragona. Nadie pensaba que los jóvenes «marroquines» (como les llamaban los chavales de su edad) se habían radicalizado. «El Houssa (por Houssaine Abouyaaqoub ) era como mi hermano», asegura un chico de 19 años. «A ver, esos temas de yihad y demás siempre salen porque son moros. Yo lo hablaba con él y siempre me decía que eso estaba fatal y que el Islam no dice nada de matar. Ahora me siento defraudado».

«El Houssa» trabajaba en el Kebab Nuevo Ripoll, aunque allí dicen no conocer a «nadie, nadie, nadie». Todos sus colegas, sin embargo, están hartos de verle cada vez que iba a merendar allí, aunque últimamente le veían menos. Su hermano, Younes Abouyaaqoub, de 22 años, sigue en búsqueda y se cree que pudo conducir la furgoneta que sembró el terror en Las Ramblas el jueves. Para los amigos de las señales, fue sobre las 17 horas del 17 agosto 2017. De Younes todos dicen que era más reservado. Trabajó mucho tiempo en Soldatar, empresa del pueblo, y últimamente en Gombren, un pueblo cerca de Ripoll. Vivían con otro hermano algo mayor, Hicham, dos más pequeños y sus padres en un tercer piso del número 9 de la calle Santa Magdalena. «Llevaba desde 2006 en esos pisos de protección oficial», según explica Mohammed, vecino de la familia, antes de que su hijo le abronque por hablar con periodistas. Younnes (buscado por la Policía) y Houssaine (abatido en Cambrils) no son los únicos hermanos de este grupo de terroristas. Hay tres parejas más de hermanos.

La más conocida desde el principio eran Driss y Moussa Oukabir, de 28 y 17 años. El primero era el mas «occidental» y vivía con su novia, Sara, en un piso de la calle Pla de Ginebret. Su imagen fue difundida desde el primer día como el autor de los hechos, pero los Mossos le pararon en la calle cuando él, supuestamente, iba a denunciar la sustracción de su pasaporte probablemente por su hermano menor, Moussa. Dicen de él los chavales del barrio que bebía y fumaba e incluso que pudiera ser el que les pasaba el hachís. «El Moussa se peleaba mucho con él porque no era buen musulmán; se drogaba e iba con chicas. Por eso no le soportaba. Si fue el Moussa a alquilar las furgos, daría el pego en la foto». De nuevo el hermano pequeño es el que ha sido abatido en Cambrils. Antes de mudarse con su novia, Driss, vivía con su familia en el carrer Antonio Gaudí Cornet, 27, un edificio VPO donde residía la tercera pareja de la célula.

Son Omar y Mohamed Hychami, de 21 y 24 años, abatidos. José Antonio, un joven de 19 años dice: «Yo me acuerdo de jugar con ellos al fútbol. A Omar le pegaba collejas y le decía: ¡eh, tú, moro radical de mierda!, pero de coña. Él se reía. Ha comido en mi casa y yo en la suya. Era como mi hermano». Mohamed, dicen que era encargado de Conforsa y ganaba más de 2.000 euros.

Obsesión por la religión

La cuarta pareja de hermanos son Said y Mohamed Aallaa. El primero, de sólo 19 años, también murió en Cambrils. Trabajó años en un bar de Ripoll, pero salía poco porque siempre tenía «que cuidar de su familia». Su hermano Mohamed estaría detenido porque al parecer era el propietario del BMW con el que acudieron a la localidad costera tarraconense. Vivían en Plaza Gran 25.

«El Houssa» y Omar eran íntimos amigos, aunque el grupo se quedaba en la mezquita después del rezo. «Todos estaban obsesionados rezar.», dice otro amigo de la pandilla. «Estabas tranquilamente en la terraza y te decía el Houssa: me voy, que son menos diez y tengo rezo. Si yendo a Barcelona les pillaba de camino hora de rezar paraban el coche en el arcén y lo hacían en la cuneta».

Por la tarde muchas de estas madres musulmanas se concentraron en la plaza del pueblo. Todas lloraban y se abrazaban entre ellas y dicen que son las primeras afectadas porque no sabían a quién tenían en casa.

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