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PDeCAT, ERC y la CUP, incapaces de fijar una hoja de ruta hacia la independencia

  • Puigdemont, en un momento de la entrevista que concedió al diario belga «Le Soir»
    Puigdemont, en un momento de la entrevista que concedió al diario belga «Le Soir»
Ton Bolaño. 

Tiempo de lectura 4 min.

14 de noviembre de 2017. 04:29h

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Ton Bolaño.  14/11/2017

Los partidos independentistas no han llegado a un acuerdo sobre la presentación de una lista única en estas elecciones. Puigdemont y su lista cívica en la que el PDeCAT pierde su nombre, ERC y sus satélites y la CUP se presentan por separado en un ambiente enrarecido por la desconfianza. Y esta desconfianza, el mirarse por el rabillo del ojo, está dando paso A otra crisis. El independentismo sabía que la desunión en las candidaturas era un hecho factible. Por este motivo, se planteó un manifiesto «paraguas» que figurara en los programas de los tres partidos en estas elecciones con el objetivo de mantener un mínimo de unidad de acción.

Este manifiesto debería incluir tres frentes: rechazo al 155, amnistía para lo que el independentismo califica de «presos políticos», y la hoja de ruta hacia la independencia y la República catalana. Los dos primeros puntos «son gratis», dicen fuentes independentistas en referencia a un fácil acuerdo sobre los mismos. El problema es el tercer punto, el posicionamiento sobre la independencia ahora que ha fracasado de forma estrepitosa. «El camino no será fácil porque una vez cerradas las listas se romperán las hostilidades», apuntan desde de uno de los partidos en liza. En este clima se iniciarán la próxima semana las negociaciones sobre el «manifiesto paraguas», y las posiciones están muy distantes, cuando no enconadas.

«Han pasado muchas cosas en el último mes y no podemos quedarnos en una mera declaración institucional sobre soberanía en el Parlament. Sería la enésima», dicen fuentes conocedoras de la trastienda independentista, que añaden que «no podemos engañar a la gente. No podemos ratificar la República y quedarnos tan anchos». Con este panorama se apuntan dos caminos: ratificar el derecho a decidir como fórmula que legitime el camino a la independencia, con el objetivo de sumar a los Comunes de Ada Colau, o plantear un proceso constituyente, implicando a la sociedad civil, para definir el modelo de país del futuro. A día de hoy, no hay acuerdo ni mucho menos.

Las discrepancias y las tensiones, más o menos públicas, han impedido avanzar en las negociaciones que se trasladen a la próxima semana «una vez se hayan cerrado las listas». Mientras, los partidos independentistas marcan su posición. El ex presidente Puigdemont, residente en Bruselas, ha dicho la suya sorprendiendo a propios y extraños. «Otra solución que no sea la independencia es posible», ha afirmado en una entrevista publicada por el francófono «Le Soir», en la que el candidato de Junts per Catalunya, su nueva coalición, también se muestra «favorable a un acuerdo», con el Estado español.

A los republicanos no les ha gustado nada la posición que está manteniendo Carles Puigdemont. «En ningún caso entendemos que haya una reculada», en el proceso independentista dijo su portavoz, Sergi Sabrià, que no ha dudado en afirmar que ERC «pondrá en duda el compromiso de Puigdemont». Este aviso a navegantes parece olvidar el artículo de Oriol Junqueras, publicado en el «Punt Avui», en el que afirmaba que ERC caminará «sin renunciar nunca a las urnas para revalidar la República», aunque, acto seguido, decía de forma críptica que «habrá momentos de dudas, incertidumbres o contradicciones entre lo que queremos y el camino que escogemos para llegar». De hecho, ayer Sabrià reconocía que «el Govern no estaba preparada para» desarrollar la independencia, culpando de ello a «la violencia del Estado», olvidando, nuevamente, que Junqueras era el responsable de crear las estructuras de Estado. Por si fuera poco, la CUP no ha dejado pasar la oportunidad para marcar su posición. Los antisistema, en boca de Lluc Salellas, concejal de Gerona, han dicho que no escucharán lo que han calificado como «los “cantos de sirena” para redirigir el soberanismo tras el 21-D al autonomismo», en clara crítica a las posturas de Puigdemont y ERC. La izquierda independentista ha sido clara: «No queremos participar y lo combatiremos».

El independentismo, por tanto, no sólo se ha resquebrajado en la desunión manifiesta con la presentación de tres candidaturas, sino que la brecha puede afianzarse ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo, del que se desgajarán los Comunes de Ada Colau casi con seguridad. Ciertamente todavía hay tiempo para que se pueda alcanzar un acuerdo pero las disensiones son evidentes, se vislumbra una nueva crisis, «el mal rollo» aumenta y más que lo hará a medida que se acerque la campaña electoral.

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