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Pedro Sánchez: 100 días de liderazgo sin oposición (pública)

El nuevo equilibrio de fuerzas que arrojaron las primarias del PSOE legitimó al nuevo secretario general para certificar un viraje a la izquierda que genera frutos en el CIS pero causa las primeras deserciones

  • Pedro Sánchez ha diseñado unos órganos ejecutivos a su medida para evitar que se repita lo que sucedió el 1 de octubre
    Pedro Sánchez ha diseñado unos órganos ejecutivos a su medida para evitar que se repita lo que sucedió el 1 de octubre

Tiempo de lectura 4 min.

28 de agosto de 2017. 03:01h

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Mañana se cumplen 100 días desde la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE. 100 días de gracia debidos a todo aquel que asume un cargo y que no siempre se conceden en política. De hecho, nada tiene que ver este periodo de adaptación con el que el propio líder socialista experimentó en 2014 cuando se hizo por primera vez con las riendas de Ferraz. Entonces, Susana Díaz apenas tardó dos meses en cuestionar públicamente el liderazgo del nuevo secretario general y resaltar las «diferencias» de estrategia y comunicación entre ambos, tras estrepitosas salidas de tono de un inexperto Sánchez, como los funerales de Estado para las víctimas de violencia machista o la insinuación de que «sobraba» el Ministerio de Defensa. Ahora, su rotunda victoria en las primarias sobre su otrora valedora le ha permitido certificar el viraje del PSOE hacia la izquierda, sin apenas oposición interna: el veto a los Presupuestos, al techo de gasto y al CETA y el cambio en el sentido del voto en la moción de censura de Unidos Podemos a Mariano Rajoy –de negativo a abstención– fueron algunas de las decisiones que tomó desde la interinidad, antes de ser ratificado como líder del partido en el 39º Congreso Federal de junio.

El 21 de mayo cambiaron las tornas en Ferraz y mutó el equilibrio de fuerzas en el PSOE. Quienes habían ejercido de corriente desestabilizadora de la anterior dirección se retiraron a sus cuarteles de invierno y desde entonces mantienen un medido silencio para evitar ser tachados de desleales. Además, estos algo más de tres meses de aclimatación han coincidido con los congresos regionales de los líderes críticos, que han priorizado el orden y repetir al frente de sus federaciones sobre cualquier otro pulso interno. Sólo la concepción «plurinacional» de España defendida por Sánchez y censurada por algunos barones fue capaz de crispar algo los ánimos. Ahora, el otrora débil secretario general se ha convertido en el líder con más poder de los últimos años en el PSOE, el 39º Congreso Federal fue un paseo militar, y ha diseñado unos órganos ejecutivos a su medida para evitar que vuelvan a producirse los traumáticos hechos que provocaron su caída el pasado 1 de octubre, esto es, la dimisión de la mitad más uno de su dirección o el impulso de una moción de censura en el Comité Federal.

Estos primeros días de liderazgo de Sánchez se han debatido entre el conflicto territorial en Cataluña, ante el que los socialistas han tomado la iniciativa propositiva, y los tropiezos de las caras visibles del nuevo PSOE. La libertad a «título personal» para que algunos alcaldes del PSC participaran en el referéndum y el último traspiés, trivializando la crisis en Venezuela del portavoz, Óscar Puente; el modelo de Estado plurinacional confuso, desde Bolivia a Baviera, de la número dos, Adriana Lastra, o la quita de la deuda para Cataluña propuesta por José Luis Ábalos han sido algunos de los patinazos que han obligado al PSOE a rectificar. Tras los atentados en Barcelona, el PSOE ha adquirido un perfil bajo, de riguroso cierre de filas interno y respeto institucional, sin salidas de tono.

También se han producido novedades que invitan al optimismo, como el buen dato electoral arrojado por el barómetro del CIS que coloca a los socialistas a sólo cuatro puntos del PP; otras que por inesperadas no hubieran podido ser predichas, como la entrada de Unidos Podemos en el Gobierno de Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha), antes contario a cualquier tipo de integración y se han retomado intentos de poner de acuerdo a las «fuerzas del cambio» que ya se demostraron estériles en el pasado y que tampoco ahora han surtido el efecto deseado. A nivel estratégico, Sánchez considera que su giro a la izquierda le convierte en la única alternativa al PP, recuperando parte del electorado prestado a Unidos Podemos, por lo que ya da por ganada la «batalla» en este espectro ideológico. A partir de esa concepción de alternativa de poder, los socialistas entienden que comenzarán a captar voto de centro -Ciudadanos–, el nicho de votantes clave para ganar las elecciones.

No han hecho falta 100 días, sino menos de 11 para que el PSOE registrara las primeras deserciones en su nuevo rumbo. Se trata de históricos dirigentes como el asturiano Antonio Trevín o el vasco Eduardo Madina, que abandonaron la política y sus escaños en el Congreso de los Diputados por no compartir la línea marcada por Sánchez y tras haberse significado sobremanera en favor de Susana Díaz en las primarias. A estas despedidas voluntarias hay que sumar la destitución del veterano Alfonso Guerra, que también fue apartado de la Presidencia de la Fundación Pablo Iglesias que ostentó hasta julio. Al ex vicepresidente le sustituirá José Félix Tezanos, de la plena confianza de Sánchez. Un cambio de cromos que también se ha llevado a cabo a nivel parlamentario, sustituyendo a críticos por afines, aunque la mayoría susanista sigue viva en el Grupo Parlamentario Socialista hasta las próximas elecciones.

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