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«Polillas» e «isidros»: vivir para defender la patria

Llevan desde los 17 años en la Guardia Civil, un cuerpo donde se une vocación y tradición. Dicen que la mayor gratificación que sienten es «salvar vidas».

  • Los cabos 1º Enrique Rosales y José García, a las puertas de la academia de Guardias y de Suboficiales
    Los cabos 1º Enrique Rosales y José García, a las puertas de la academia de Guardias y de Suboficiales

Tiempo de lectura 4 min.

10 de noviembre de 2017. 02:24h

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C.S. Macías 10/11/2017

Vestir el uniforme de la Guardia Civil significa llevar el honor como divisa. José García, y Enrique Rosales, ambos cabos 1º del Instituto Armado ingresaron en el Cuerpo con 17 años. García como «polilla» –término cariñoso con el que se conoce a los hijos de la Benemérita–, Rosales como «isidro» –como se les llama a los guardias que no tienen familiar en el Cuerpo y que ingresan en la academia de Baeza.

El cabo García se crió en varios cuarteles, y aprendió a dar sus primeros pasos entre divisas y tricornios. Siempre soñó con seguir los pasos de su padre. Mientras, Rosales, siempre lo vio desde fuera. Cuando dijo en casa que se haría guardia civil sus padres se sintieron orgullosos aunque entonces, los años de plomo, en los que ETA masacraba a los uniformados les hizo sentir «algún temor».

Rosales nunca se había planteado cómo era la Benemérita hasta que prestó servicio militar como auxiliar del Instituto Armado. «Sólo había estudiado hasta entonces y abandoné la falda de mi madre para cobijarme en la capa de la Guardia Civil». García es miembro de la junta directiva de la primera asociación de Cabos de la Guardia Civil de la que Rosales es su presidente. Dice que en su caso, lleva ya más de 25 años de agravio comparativo con respecto al resto de policías autonómicas en cuanto a sueldo y medios materiales», destaca y «aunque estoy aquí por pura vocación, sí que es cierto que la crisis pasa factura y cuesta llegar a fin de mes». La diferencia salarial en el empleo de Cabos puede rondar en torno a los 900 euros con respecto al de los Mossos, indica. La voluntad de Zoido de abordar la equiparación salarial es algo en lo que García «quiere creer». «Recientemente se ha sabido que hay dinero para rescatar autopistas, me gustaría pensar que por fin a los Cuerpos más valorados se nos reconozca nuestra labor». García asegura que la mayor satisfacción es «poder salvar las vidas de otras personas aún habiendo estado en riesgo de perder la propia» y recuerda entre sus trabajos cuando evitó que una mujer se suicidara tras tomar una importante cantidad de pastillas, acciones que subraya no obtuvieron «ni condecoración, ni felicitación», pero dice que en el Cuerpo basta con «la satisfacción del deber cumplido». Por su parte, el cabo 1º Rosales, instructor en el manejo de armas en la Academia de Guardias y Suboficiales de Baeza destaca que lo que más le duele es que «a pesar del ámbito geográfico, que la Guardia Civil y Policía Nacional abarca toda España, y de tener mayor número de competencias que las policías autonómicas, cobran hasta 600 euros menos. Espera que la voluntad del ministro del Interior «quede plasmado por escrito y se refleje en la nómina de los servidores de la Patria, Policías y Guardias Civiles que están cansados de palabras», asegura.

Si dieran marcha atrás en el tiempo, ambos dicen que volverían a ser Guardia Civil. El cabo Rosales, tras 32 años de servicio destaca entre los agravios comparativos «la pérdida de poder adquisitivo en la jubilación o el pago injusto de las horas extra». Desde la Asociación Profesional de Cabos de la Guardia Civil piden «sentido común para nuestros gobernantes» y «la voluntad de plasmar por escrito en los PGE las reivindicaciones de Jusapol.

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