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Puigdemont diseña un plan oculto para repetir la coalición con ERC

La dirección convergente teme un derrumbe electoral si se presentan sin los republicanos

  • Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en un acto por el referéndum el pasado mes de mayo en Barcelona
    Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en un acto por el referéndum el pasado mes de mayo en Barcelona

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19 de junio de 2017. 09:01h

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Carles Puigdemont, y su partido el PDeCAT, sabe que el referéndum no se podrá realizar porque el Estado lo impedirá y que, por tanto, Cataluña está abocada a una nueva convocatoria electoral. Sin embargo, el PDeCAT no va a tirar la toalla porque quiere ser el portaestandarte del movimiento separatista, al tiempo que pretende acentuar el tono presidencialista de Puigdemont, presentándolo como el «presidente mártir». Por tanto, Puigdemont jugará sus cartas y convocará el plebiscito arriesgándose a una inhabilitación, o tal vez buscándola.

Las previsiones electorales del PDeCAT están muy mermadas. Sólo un Puigdemont vapuleado por el Estado es su mejor cabeza de cartel, porque encarnaría mejor que nadie el victimismo del soberanismo. En fuentes nacionalistas no se descarta que el PDeCAT «le pida a Puigdemont que se presente en unas nuevas elecciones porque el pueblo se lo pide». Otros incluso matizan las declaraciones del presidente catalán en las que afirma que «no se va a presentar». Esto no es «exactamente así», matizan, porque «Puigdemont siempre dice que ha sido elegido para un mandato concreto: el referéndum y la independencia. Si esto no se consigue, literalmente puede volver a presentarse sin faltar a su palabra». El sanedrín convergente se reúne cada viernes para definir la estrategia política y de comunicación. Este sanedrín ha decidido que el mejor escenario es la represión del Estado. Ya sea por la «fuerza bruta», verbalizada por Quim Arrufat –CUP– en el 50 aniversario de la Caputxinada o la «fuerza judicial». En este caso, los nacionalistas consideran que Puigdemont puede ser inhabilitado al efectuar la convocatoria, pero confían en la lentitud de la Justicia. Es decir, la inhabilitación no será fulminante y, en este caso, el presidente catalán podría convocar elecciones porque la sentencia de un tribunal no se habría producido. Se pone como ejemplo a Artur Mas. La sentencia del 9-N está fechada en 2017, sobre unos hechos de 2014. Además, en el PDeCAT se tiene la convicción de que Oriol Junqueras no será inhabilitado porque el decreto 2/2016 sólo reconoce las competencias electorales al president y a su consejera de Gobernación. No al resto del Gobierno. Esta tesis, sin embargo, podría caer como un castillo de naipes si la inhabilitación la realiza el Tribunal Constitucional, porque podría ser efectiva de forma inmediata al poder efectuarla de forma cautelar. Estos movimientos no son excluyentes con seguir agitando la calle convocando la Asamblea de Cargos Electos, en caso de una inhabilitación generalizada.

Con este movimiento, Puigdemont sería un cabeza de cartel encomiable porque podría presentarse como «víctima del Estado y cómo líder del soberanismo», apuntan fuentes soberanistas ligadas al PDeCAT en privado. Bajo esta formulación está trabajando el núcleo duro de los convergentes que también exploran otras opciones. Por ejemplo, la decidida el pasado viernes: volver a defender la necesidad de una lista conjunta ante unas nuevas elecciones.

El encargado de poner voz a este movimiento fue el alcalde de Igualada, Marc Castells, miembro de la nueva mayoría del PDeCAT. «Suspendamos la militancia en nuestros partidos políticos para militar sólo por Cataluña», arengó desde la tribuna de la manifestación independentista del pasado domingo. Su alegato fue repicado de forma inmediata, entre grandes elogios, por los dos responsables de comunicación de Puigdemont: Pere Martí y Jaume Clotet. De forma inmediata, el tuit se convirtió en tendencia en Barcelona.

Fuentes de ERC tratan de quitar importancia a este movimiento, aunque reconocen «inquietud» y que en el PDeCAT siempre se acaricia esta idea para evitar «el cambio de hegemonía en el soberanismo». Un cambio de hegemonía que apuntan todas las encuestas, desde las oficiales del CIS a las de los medios de comunicación. ERC ha afirmado en diferentes ocasiones que no quiere renovar la fórmula de Junts pel Sí, copiada de la Solidaritat Catalana de 1906 y que aglutinó a todos los partidos catalanistas.

En el mundo soberanista se entiende este movimiento como un ejercicio de presión sobre Junqueras, al que todas las encuestas le dan de ganador, y no olvidan que la tesis imperante en el PDeCAT y en los sectores que le apoyan, como la AN Catalana, se considera que esta batalla «nos obliga a realizar listas únicas al menos durante unos años». En la órbita de ERC se mira con recelo esta formulación, no sólo porque están convencidos de ser el nuevo referente del soberanismo sino porque «una lista conjunta debería asumir el pasado de corrupción del PDeCAT. No hemos de olvidar que la sentencia del “caso Palau” está al caer», y los casos Pujol y 3% suben cada día de tono».

Si fracasara la opción Puigdemont no se descarta un líder independiente de «reconocido prestigio», que estuviera en la órbita convergente. Entre los nombres que se apuntan, Jordi Sánchez, el líder de la ANC, que mueve sus hilos de forma «supuestamente independiente» pero que «está en la órbita del PDeCAT», apuntan fuentes conocedoras de la situación.

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