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Puigdemont mantiene el órdago separatista entre duras críticas internas

Dirigentes del PDeCAT destacan el perfil bajo de Junqueras y Colau frente al seguidismo de la CUP al president

  • Puidemont ha visitado a los heridos junto a la ministra de Sanidad, Dolors Monserrat
    Puidemont ha visitado a los heridos junto a la ministra de Sanidad, Dolors Monserrat

Tiempo de lectura 4 min.

19 de agosto de 2017. 05:37h

Comentada
Pilar Ferrer 18/8/2017

Hay un antes y un después. A pesar de las osadas declaraciones de Carles Puigdemont en las que mantiene su hoja de ruta separatista, dirigentes del bloque secesionista y sobre todo del PDeCat opinan que los terribles atentados de Barcelona y Cambrils generan un punto de inflexión. «Son cosas distintas, pero la respuesta del Estado ha sido impecable, necesaria y revela que no se le puede echar un pulso», aseguran veteranos convergentes. A pocas horas de la matanza, según ha sabido este periódico, las criticas al presidente de la Generalitat arrecian por su bajo perfil institucional y escasa cercanía personal. Fuentes del gabinete de crisis, en el que participaron consejeros del Govern, la Delegación del Gobierno y máximos responsables de las Fuerzas de Seguridad, cuentan que la actitud de Puigdemont fue inflexible: «Insistió en que era mezquino mezclar terrorismo con independentismo, pero no tuvo una sola palabra, un solo gesto para Mariano Rajoy, con muchos más reflejos políticos que los suyos».

Éste es el análisis que hacen en privado diputados convergentes, ante la delicada situación. «Primero la conmoción, después la indignación, y ahora una cierta desafección del “procés”», dice gráficamente uno de ellos. Según fuentes del gabinete de crisis, mientras Rajoy volaba a Barcelona con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en el bloque soberanista las fisuras eran grandes. «Junqueras aparece y no habla, Ada Colau lo hace en castellano y Puigdemont se monta un discurso en catalán sin un solo gesto a quienes le ayudan», reconocen en su propio partido, donde le ven «atrincherado» hasta el final. En Esquerra Republicana optan por la silenciosa prudencia, Colau ve que su desastrosa gestión al frente del Ayuntamiento de Barcelona, hete aquí la polémica de los llamados bolardos, le puede pasar factura, y únicamente Puigdemont habla del «procés». En palabras de algunos convergentes, «él solito se tira a la piscina». Varios consejeros le acusan de narcisista y de estar aferrado a una «inmolación» que no va a ninguna parte.

Las grietas son evidentes y la preocupación en el PDeCat aumenta. La indignación de los comerciantes es latente, muchos de ellos han perdido sus pequeños puestos en el mercado de La Boquería y el hartazgo se mezcla con el dolor. «Más seguridad y menos independencia», clamaban ayer varios de ellos. Por su parte, en los partidos constitucionalistas –PSC, Ciudadanos y PP–, aunque desvinculan la barbarie terrorista del independentismo, no ocultan sus críticas hacia Puigdemont y valoran positivamente la respuesta del Gobierno. «No es momento de hablar del “procés” y sí de apoyar a Cataluña desde el Estado», coinciden en las sedes de los tres partidos. La afirmación del presidente de la Generalitat de que «los atentados no van a cambiar mi hoja de ruta sobre el “procés”», la consideran totalmente fuera de lugar.

También han criticado las declaraciones de Puigdemot sobre las nuevas contrataciones de Mossos d’ Esquadra. El mandatario catalán indicó que la convocatoria anunciada de 500 plazas para Mossos y las peticiones para reunir la Junta de Seguridad se debían al nivel de alarma terrorista que hay en Cataluña, al tiempo que reclamó más competencias internacionales. «Ni el momento, ni el lugar, ni las formas», advierten sus críticos. Por el contrario, en su entorno confirman que Puigdemont se atrinchera en su postura independentista y ve «miserable» mezclarla con el atentado.

En el PDeCAT vuelven las críticas hacia Carles Puigdemont, a quien acusan de hacer un discurso seguidista de las CUP: «Una vez más, Oriol Junqueras sale intacto», advierten. En efecto, los antisistema reafirman su mensaje radical anticapitalista, pero el líder de ERC ni se moja. Su papel de comparsa en las primeras comparecencias no ha gustado nada en Convergència. «Junqueras de esfinge y Puigdemont de guerrillero desarmado», dicen algunos. Para colmo, la alcaldesa Ada Colau optó por un perfil plano, cuando muchas de las competencias de seguridad y los famosos «pilones» de piedra son potestad del ayuntamiento. Así las cosas, en el escenario político catalán cunde una idea unánime: el dolor une con fuerza, pero el terror divide un «procés» artificial, falsario, en el que cada cual dará la medida de su catadura moral, responsabilidad institucional y conciencia ciudadana.

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