Política

El desafío independentista

Puigdemont se enfrenta a Junqueras: no habrá elecciones anticipadas

«El divorcio entre Convèrgencia y ERC está al caer». El presidente de la Generalitat planea aguantar la Legislatura hasta 2019 pese a que el Gobierno impida la consulta ilegal. Busca evitar que sus socios republicanos lleguen al poder como vaticinan los sondeos y el PdeCAT se hunda.

Puigdemont junto al ministro de Cultura, Méndez de Vigo, y Felipe VI, ayer, en el Palco del Calderón donde se jugó la final de la Copa del Rey
Puigdemont junto al ministro de Cultura, Méndez de Vigo, y Felipe VI, ayer, en el Palco del Calderón donde se jugó la final de la Copa del Reylarazon

«El divorcio entre Convèrgencia y ERC está al caer». El presidente de la Generalitat planea aguantar la Legislatura hasta 2019 pese a que el Gobierno impida la consulta ilegal. Busca evitar que sus socios republicanos lleguen al poder como vaticinan los sondeos y el PdeCAT se hunda.

Un nuevo giro en el desafío soberanista y una fuerte división en La Generalitat. Tras la rotunda respuesta por escrito de Mariano Rajoy a Carles Puigdemont, el presidente catalán cambia de estrategia. Según su entorno, una vez convocado el referéndum y de inmediato impugnado, Puigdemont entraría en fase de resistencia hasta alargar la Legislatura sin adelantar unas elecciones autonómicas. «Quiere aguantar y puede hacerlo con el presupuesto ya aprobado», afirman estas fuentes. Ello choca frontalmente con su socio de gobierno, el republicano Oriol Junqueras, partidario de la convocatoria electoral, dado que las encuestas le favorecen. Las espadas están en alto en un momento muy delicado del desafío soberanista, mientras en la cúpula del PDeCAT admiten «debilidad» en el proceso. Consejeros críticos del govern y dirigentes convergentes reconocen en privado que ahora Madrid va en serio y una clara realidad: «No se puede mantener un pulso contra el Estado».

«Veo a Puigdemont con ganas de aguantar». La frase corresponde a alguien muy cercano al presidente de La Generalitat, cuyo calendario y órdago político están diseñados. Convocatoria del referéndum ilegal en la segunda quincena de agosto, en que el presidente firmará el decreto para celebrarlo entre dos fechas emblemática: el 11 de septiembre, la Diada, o el 24 del mismo mes, festividad de la virgen de La Merced. Consumado el choque de trenes con el Estado y tras la inmediata impugnación de la consulta, Puigdemont sería partidario de mantener la Legislatura, al menos hasta el 2019, y no anticipar elecciones. Algo que revuelve por completo a Junqueras dadas las buenas expectativas de Esquerra Republicana en las encuestas. El pulso es enorme en el seno de La Generalitat y algunos consejeros vaticinan el resultado: «El divorcio entre Convergència y ERC está al caer».

La facultad de convocar elecciones autonómicas corresponde únicamente al presidente catalán y, según sus allegados, varias son las razones que le llevarían a prolongar la Legislatura. Los presupuestos ya aprobados, incluso con el voto de la CUP, que le permiten resistir al menos un año. Los malos resultados del PDECat en las encuestas y, sobre todo, los casos de corrupción. Recuerdan que está a punto de de salir la sentencia del Palau, uno de los mayores expolios de financiación ilegal de Convergència, y que el matrimonio Pujol tendrá que declarar en la Audiencia Nacional con su hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola, en la cárcel. Para colmo, la Fiscalía puede solicitar la imputación de Germá Gordó por el famoso tres por ciento, un duro golpe para los convergentes, dado que fue el gerente del partido en época de Artur Mas. Ganar tiempo serviría también para pulir un nuevo candidato o candidata del PDeCAT alejado del vendaval de corrupción que les salpica sin césar.

Pero muchos ven imposible estos planes de Puigdemont, opinan que le será á imposible resistir y que antes Oriol Junqueras tirará la toalla algo que le piden en su núcleo duro. En ERC se mantendrá el pulso de la consulta ilegal hasta el final, pero una vez frenada por los poderes del Estado, su objetivo son unas elecciones inmediatas. «Antes de Navidad», aseguran dirigentes republicanos. En el mismo sentido se pronuncian los antisistema de la CUP y las organizaciones independentistas, que exigen ya a Puigdemont la fecha y el contenido de la pregunta. En los partidos constitucionalistas, PSC, Ciudadanos y PP, dudan de los auténticos intentos del presidente catalán, aunque coinciden en que llevará el desafío hasta sus últimas consecuencias. «Ahora están débiles y Madrid debe aprovechar esta debilidad con inteligencia», dicen algunos dirigentes. En todo caso, observan fracasado el «procés» frente a un Estado «con el poder de la ley que es mucho más fuerte».

La soledad del presidente de la Generalitat fue constatada este fin de semana por los empresarios del influyente Círculo de Economía en sus tradicionales Jornadas celebradas en Sitges. «Soltó un rollo en toda regla y no hubo una sola pregunta», comentan varios de los asistentes ante la intervención de Carles Puigdemont. Nunca un presidente catalán había sido recibido con tanta frialdad. «La atmósfera estaba cargada», explica un destacado empresario. Ni preguntas, ni debate y, para colmo, la petición del presidente del Círculo, Juan José Bruguera, de que acuda al Congreso de los Diputados tal como le ha sugerido el Gobierno de la Nación. Los miembros del foro económico le instaron a dejarse de veleidades separatistas y a gobernar en serio. El presidente se fue por las ramas sin entrar al trapo, lo que les lleva a una conclusión: «Puigdemont va por libre».

Por su parte, en La Moncloa intuyen señales de hartazgo y un cierto temor en sectores de la sociedad catalana ante la deriva de Puigdemont, apoyado por los radicales de la CUP y los comunistas de Podemos. «Flaco favor le está haciendo Pablo Iglesias», advierte un diputado convergente. Ni siquiera el bloque del govern y el PDeCAT es unánime. «Hay consejeros que no sacarán pecho», vaticinan algunos dirigentes ante la reacción del gobierno de Rajoy cuando se convoque el referéndum. Aunque instalados en la prudencia, sin desvelar las medidas a adoptar, los soberanistas tienen claro que esta vez se va muy en serio y los ministros han elevado el tono hasta denunciar un golpe de estado. Está claro que ahora el gobierno no tolerará un 9-N y que su baza es colocar la pelota en el tejado de Puigdemont, a quien acusa de atentar contra la Constitución y el propio Estatuto aprobado por los catalanes. Fuentes de La Generalitat y Convergencia reconocen que el anuncio del gobierno para acudir al Congreso ha sido un golpe de efecto que neutraliza el victimismo y debilita el proceso secesionista.

De momento, la opinión general es que Puigdemont mantendrá el pulso hasta el final y convocará la consulta. La duda es si después aguantará, tal como en estos momentos pretende, o convocará elecciones como le demanda Oriol Junqueras. Este fue mucho más cauto en su intervención ante los empresarios del Círculo y, aunque defendió el referéndum, mostro un talante conciliador de amables palabras. «Quiere que Puigdemont se estrelle», aseguran varios financieros que le escucharon. Lo cierto es que, a pesar de la escenificación pública, la fisura es ya muy grande en La Generalitat, mientras convergentes y republicanos diseñan su futuro por separado. O sea, divorcio a la vista.

Los pasos

1- Reinicio del curso parlamentario en la segunda quincena de agosto: Junts pel Sí tiene la intención de habilitar el Parlament la segunda quincena de agosto para ganar margen con los preparativos del referéndum. Los soberanistas tienen pendiente la tramitación de las leyes de desconexión –en particular, la de transitoriedad jurídica– y necesitan alguna semana más para poder culminar su plan exprés de independencia.

2- Septiembre, diada y campaña soberanista en la calle: Septiembre será un mes muy caliente en Cataluña. Lo ha sido los últimos cinco años porque se han encadenado cinco manifestaciones masiva en favor del soberanismo. La Diada de este año (11 de septiembre) volverá a ser especial, ya que el Govern y los agentes soberanistas quieren que sea el último empujón para consumar la autodeterminación de Cataluña.

3- Celebración de la consulta a principios de otoño

El referéndum de independencia todavía no tiene fecha, aunque Junts pel Sí se comprometió con la CUP a celebrarlo en la segunda quincena de septiembre. Los estrategas de la Generalitat trabajan desde hace semanas en la fecha más conveniente, y las favoritas se sitúan a principio de otoño:24 de septiembre (fiestas patronales de Barcelona) o 1 de octubre (más probable)