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Puigdemont: «Si me ponen las esposas, vendrá otro»

Puigdemont camina hacia el desastre sin dar marcha atrás y, según su entorno, pide a gritos que le encarcelen. Convencido de que el único camino es la declaración unilateral de independencia, prepara su «salida al balcón».

  • Puigdemont, en una imagen en el Palau de la Generalitat
    Puigdemont, en una imagen en el Palau de la Generalitat
Pilar Ferrer. 

Tiempo de lectura 4 min.

01 de octubre de 2017. 03:16h

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Aislado dentro de su propio partido, vigilado por Oriol Junqueras para que se inmole, y convertido en un auténtico «brazo armado» de las CUP, el presidente de la Generalitat camina hacia el desastre sin dar marcha atrás. Se lo ha dicho en los últimos días a su familia y a todos cuántos han querido escucharle: «Si me ponen las esposas, detrás de mí vendrá otro». Es la frase desafiante de un hombre que, según su entorno, pide a gritos que le encarcelen y está dispuesto a llegar como sea hasta el final en su choque de trenes con el Estado. En el PDeCAT se le acusa de bailar al son de los antisistema, en ERC se relamen de gusto por augurar un batacazo electoral de la antigua Convergència, mientras los empresarios nacionalistas en su día cercanos a la CiU le ponen verde en privado y buscan la manera de restablecer puentes de diálogo.

En los últimos días, Carles Puigdemont ha intensificado sus entrevistas en medios extranjeros sin apearse del burro. Aferrado a la consulta del 1-O intenta pasar de puntillas por la DUI (Declaración unilateral de independencia) pero, según su entorno, tiene decidido proclamarla. En este punto discrepa con la dirección del PDeCAT que, por boca de su diputado en el Congreso Carles Campuzano, negó tal evento. La división es enorme, dado que minutos después le contradijo el senador convergente José María Clerís, un fervoroso separatista. Campuzano habló muy seguro, si bien otros dirigentes del ala dura presionan a Puigdemont para que declare la independencia esta semana. También aquí la fractura es grande, dado que ni en el Govern, ni el Parlament se ponen de acuerdo en la fórmula escogida.

Según fuentes del bloque soberanista las posiciones están enconadas. Puigdemont es partidario de una declaración unánime de todo el Govern, lo que suscita reticencias. «Penalmente es muy serio», opinan expertos juristas al respecto, lo que lleva al líder de Esquerra a inclinarse por la llamada «escena del balcón» en solitario del presidente, tal como hizo en su día Lluis Companys. Junqueras mantiene la esperanza de ser el próximo inquilino de la Generalitat y esquiva una posible inhabilitación como demuestra su ausencia en las detenciones de sus tres hombres desconfianza. «Al más puro estilo jesuítico», dicen dirigentes del PDeCAT acusando al republicano de mover los hilos a su conveniencia y empujar a Puigdemont al abismo. Además, le reprochan ser el causante de la renuncia de los miembros de la Sindicatura Electoral tras las sanciones de 15.000 euros impuestas por el TC.

El otro polo de fricción está en la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, quien se niega a que la DUI se proclame en la Cámara autonómica por sus graves consecuencias penales. El portavoz del Govern, Jordi Turull, ya anunció la su deseo que fuera el Parlament el escenario de la independencia, lo que es rechazado por Forcadell devolviendo la patata caliente a la Generalitat. Al tiempo, los radicales cuperos exigen la inmediata DUI, tal como según ellos prevé la ley de transitoriedad. «O independencia o huelga general», amenaza la dirigente antisistema Anna Gabriel ante un escenario de total incertidumbre y «kale borroka» callejera. Desde el PDeCAT reconocen que las CUP «están como unas fieras», y acusan a Puigdemont se ser un títere en sus manos.

Así las cosas, los convergentes más sensatos apuestan por unas elecciones autonómicas con Puigdemont ya fuera, y un nuevo candidato. Es también la opinión de ERC, que plantearía los comicios en clave plebiscitaria. Las fuentes consultadas coinciden en que todo dependerá de lo que suceda hoy domingo y cuánta gente se movilice. «Si salen un millón de personas, el gobierno de Madrid tiene un problema», advierten. En sectores empresariales temen disturbios callejeros que ahuyentarán las inversiones y el turismo. Justo lo que persiguen las CUP y la ANC y Omnium. «Estamos sobre un cóctel molotov», lamentan algunos empresarios. En las últimas semanas, directivos de varias multinacionales afincadas en Cataluña han expresado su intención de marcharse si hay una declaración de independencia. «Al minuto uno cierro mi fabrica», asegura el ejecutivo de una importante firma del automóvil. Este miedo cunde también en las marcas que venden sus productos en toda España, como ha puesto de relieve el presidente de Anged, la patronal que agrupa a las grandes empresas de distribución. De hecho, en la última junta directiva, calificó el referéndum de «ilegal y deleznable» y advirtió del riesgo de cuota de mercado o boicots a estas empresas con fuertes intereses de venta en Cataluña y el resto de España.

Nada de esto le importa a Puigdemont, cada vez más cuestionado. Si decide salir al balcón del Palau a proclamar la independencia «será un payaso en solitario», dicen con crudeza dirigentes constitucionalistas. La posibilidad de una declaración conjunta del Govern se tambalea por el temor a las repercusiones jurídicas y patrimoniales. La declaración en el Parlament es difícil ante la negativa de Forcadell y si finalmente la DUI no es anunciada, las CUP retirarán su apoyo abocados inevitablemente a unas elecciones. Es la opción más sensata y la que vislumbran en el PSC, Cs y el PP. En todo caso, el desenlace dependerá de cómo transcurra la jornada de hoy.

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