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Rajoy desvincula el desarme de ETA de la negociación con el PNV

Espera que Urkullu no pida acercar presos para apoyar los PGE. Cree que las cuentas serán «la prueba de fuego» con Rivera y no convocará elecciones aunque no logre los apoyos.

  • Mariano Rajoy estuvo ayer en Vitoria, donde clausuró el XV Congreso del PP en el País Vasco
    Mariano Rajoy estuvo ayer en Vitoria, donde clausuró el XV Congreso del PP en el País Vasco / Alberto R. Roldán
Carmen Morodo.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

19 de marzo de 2017. 09:29h

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Carmen Morodo.  Madrid. 19/3/2017

El anuncio del supuesto desarme de ETA se ha cruzado en la negociación que mantiene el Gobierno con el PNV para intentar sacar adelante los presupuestos generales. Mariano Rajoy asistió ayer en Vitoria al XV Congreso del PP del País Vasco en pleno tira y afloja para conseguir la aprobación de las cuentas públicas para 2017. Avanzada la negociación con el PNV, ahora habrá que ver hasta dónde quieren tensar la cuerda los nacionalistas vascos aprovechando el anuncio de ETA de que en abril entregará las armas.

El pasado martes, el presidente del Gobierno se reunió con el lendakari vasco, Íñigo Urkullu, porque éste quería solicitarle su mediación para facilitar el proceso de desarme. «No cabe esperar movimientos por parte de Rajoy que no coincidan con su línea de siempre en materia de política antiterrorista. Ni el partido ni la opinión pública aceptarían cesiones a unos terroristas que han sido derrotados. La dispersión es una medida que podría revisarse, pero es lo único, y ETA tendría que disolverse antes y dejar de existir como organización terrorista. Y las condenas tienen que cumplirse», explica un asesor del presidente del Gobierno. Para añadir que el Estado no puede obviar sus crímenes ni aceptar una salida escalonada de los presos ni olvidar que quedan más de 300 asesinatos pendientes de resolución.

El Ejecutivo no sólo busca el respaldo del PNV a los presupuestos. Cuentan con Coalición Canarias (CC) y con el diputado de Nueva Canaria, Pedro Quevedo y esperan, pese a todo, consolidar el respaldo de Ciudadanos. Los Presupuestos de 2017 serán la prueba de fuego de la relación entre el Gobierno y Ciudadanos (Cs). Ni la estiba ni la corrupción ni otros desacuerdos que ya se han producido tendrán el valor que Mariano Rajoy concede al resultado de esta negociación. Ahí es donde medirá la salud de su pacto con Albert Rivera, aunque la falta de apoyos por parte de la formación naranja no lleve tampoco a elecciones generales de manera inmediata. Tras el revés parlamentario del pasado jueves, que recibió el Ejecutivo con motivo de la votación de la reforma de la estiba, Rajoy dejó ver a sus colaboradores sin disimulo su rotundo enfado con el líder de Cs, pero el presidente del Gobierno también marcó el alcance de este nuevo choque, que no vinculó, en ningún momento, con la posibilidad de un adelanto electoral.

Rajoy sabe que la Legislatura puede hacerse cada vez más complicada y que el relevo en la dirección socialista no es garantía de nada, salga quien salga como nuevo líder del principal partido de la oposición. Y en la dirección popular también cuentan con que sigan produciéndose choques con Rivera a cuenta de la corrupción y de otras materias, no sólo por la regeneración democrática. Pero la línea roja son los Presupuestos de 2017. «Ahí es donde se va a medir el estado de la relación», sentencian. Desde la dirección popular airean en estos últimos días que «el cambio de criterio de última hora de Cs con la estiba obliga a ponerlo todo en cuarentena». Subrayan su desconfianza hacia el líder de Cs y sus recelos ante la posibilidad de que con los Presupuestos de 2017 se comporte de la misma manera, «cambiando de posición después de haber asumido un compromiso en la negociación para ajustarse a la dirección del viento que cree que más le interesa».

En el PP miran más allá de la votación de las enmiendas a la totalidad con la que se iniciará la tramitación parlamentaria del proyecto presupuestario, salvo que prosperen y sea devuelto al Ejecutivo. En comisión el Gobierno tendrá que hacer frente a una compleja negociación de enmiendas, en donde el principio de proporcionalidad le puede ayudar, pero siempre y cuando los «socios sean fiables». «Además de tener que enfrentarnos al riesgo de que el PSOE vire y apueste por decisiones que nunca sostendría si estuviese en el Gobierno por su competencia con Podemos, lo que ocurrió el jueves en el Parlamento obliga a plantearse si es posible que los acuerdos con Cs se caigan sobre la marcha según por dónde vayan los tiros en la negociación parlamentaria», se quejan en el Grupo Popular. Los mismos recelos sobre la palabra del otro los manifiestan también desde Cs, una prueba más de la falta de confianza entre los dos.

No obstante, el Gobierno matizó el viernes la primera reacción del jueves al desplante de la formación naranja y estratégicamente optaron por primar el discurso más conciliador y por seguir envolviéndose en la bandera de la disposición a la negociación y al diálogo. Si los Presupuestos de 2017 son, según Rajoy, la prueba de fuego de la relación con su socio prioritario de investidura, en el caso de que, finalmente, no pudieran aprobarse, el jefe del Ejecutivo tampoco entiende que esta situación lleve inexorablemente a unas nuevas elecciones, al menos a medio plazo. Rajoy ya ha dado muestras en sus años de gobierno de que antes de moverse espera a que sus adversarios se descoloquen y a cargarse de razones, alegan en Moncloa. Y la razón decisiva para un adelanto electoral, si el bloqueo se mantiene, sería, sin duda, que siguiendo con unos Presupuestos prorrogados, el Gobierno tampoco pudiera sacar adelante los Presupuestos de 2018. Pero es un escenario sostenido en muchas hipótesis, y la principal que manejan en estos momentos en medios gubernamentales es la que apuesta por que hay margen para aprobar los Presupuestos de 2017.

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