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Sánchez se aleja del PP por las cargas pero mantiene su apoyo al Estado

Responsabiliza al Gobierno de la actuación policial para marcar perfil frente a Podemos y se erige en garante de la estabilidad, desmarcándose de una moción de censura.

  • El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la declaración para valorar la jornada vivida en Cataluña
    El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la declaración para valorar la jornada vivida en Cataluña

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02 de octubre de 2017. 01:28h

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La unidad de acción que el PSOE había trazado con el Gobierno en la crisis de Cataluña saltó ayer por los aires tras los incidentes en las calles. Los socialistas habían mantenido hasta ahora una actitud de prudencia y lealtad al Ejecutivo ante el desafío al Estado perpetrado por la Generalitat, a pesar de no compartir algunas actuaciones como la citación judicial de 700 alcaldes catalanes o la prohibición de celebrar actos pro referéndum en Madrid. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos ayer en Cataluña rompió la estrategia unitaria, incluso en las propias filas socialistas, pues el PSC exhibió un discurso divergente al de Ferraz en su valoración política de los hechos, exigiendo la dimisión de Mariano Rajoy y pidiendo –incluso– una consulta pactada para los catalanes.

El desacuerdo llegó a tal punto que Pedro Sánchez trasladó al presidente del Gobierno su «malestar» por cómo estaba transcurriendo la jornada del referéndum ilegal y por la «imagen internacional» que se estaba trasladando de España en una conversación telefónica. El líder socialista compareció en la sede federal de Ferraz pasadas las nueve de la noche para dar lectura a una declaración institucional en la que reiteró su «profundo desacuerdo con las cargas policiales» y su «voluntad de exigir responsabilidades a los encargados de ordenarlas». Las imágenes violentas en las calles de Cataluña suponen, para el líder del PSOE, el «epílogo» político de Carles Puigdemont y Mariano Rajoy, a quienes consideró los «únicos responsables».

Esta crítica al Gobierno, responsabilizándole de las cargas policiales, no implica que el PSOE vaya a renunciar a lo que han denominado «oposición de Estado», esto es, «respaldar al Estado de Derecho y a las instituciones y defender la integridad territorial», «a pesar de este Gobierno». Para los socialistas es necesario «garantizar la estabilidad» y «apoyar a las instituciones frente al desafío», algo que –en su opinión– solo puede hacer el PSOE. «En un momento así debe primar el interés general y dejar las discrepancias políticas a un lado», señaló Sánchez.

No tardó el líder socialista en volver a la carga contra el Gobierno, señalando que en la crisis catalana «ha superado todos los límites de su incapacidad». «Exigimos que el presidente del Gobierno cumpla con su obligación y abra un proceso de diálogo con el Govern», destacó el secretario general del PSOE, apuntando que «el tiempo de la inacción ha acabado». A partir de ahora, Rajoy debe «dar una solución, negociar y lograr un acuerdo. Es su obligación», zanjó Sánchez, abierto a abordar un «proceso de entendimiento» en el futuro en el que prime «lo que nos une» y se dejen a un lado los vetos mutuos. Una invitación al diálogo que no aclaró si intentará encabezar.

El líder socialista salió airoso con su discurso de la emboscada que se estaba tejiendo desde algunos partidos de la izquierda desde primera hora de la jornada. Responsables políticos de Unidos Podemos y ERC criticaron el «silencio» cómplice de los socialistas ante las cargas policiales, intentado alinear al principal partido de la oposición con el Gobierno, mientras que desde el Ejecutivo se afeaba la equidistancia de Ferraz. «No podemos asumir como propios los excesos. Excesos, que dicho sea de paso, al parecer no tienen responsables políticos ni tampoco caer en la disyuntiva de Iglesias: Rajoy o democracia», se quejaba un cargo del PSOE, que se emplaza a los pasos que dé el Govern en lo sucesivo para conformar una posición más nítida.

El propio Pedro Sánchez hizo una analogía de este 1-O con el de hace un año, cuando tuvo que dimitir para mantener su «no» a Rajoy, y recordó que algunos partidos que ahora le critican y le acusar de estar alineado con el PP –en alusión a Unidos Podemos– «cerraron la opción de cambio en España» y permitieron, votando en contra de su investidura, que Mariano Rajoy siguiera en el Gobierno.

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