lunes, 29 agosto 2016
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España

España / Pactos electorales

Sánchez se abre a negociar este fin de semana y rompe al PSOE

  • El líder del PSOE asegura que «los votantes socialistas y los de Podemos no comprenderían que no nos entendiéramos»

Felipe VI recibe al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (d), dentro de la ronda de consultas, esta mañana en la Zarzuela.
Felipe VI recibe al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (d), dentro de la ronda de consultas, esta mañana en la Zarzuela.
EFE/Ángel Díaz

Tras el órdago lanzado ayer por Pablo Iglesias, en forma de oferta de apoyo envenenada, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, intentó trasladar la presión a Mariano Rajoy, pues –en ese momento– era a él a quien le correspondía la responsabilidad de recabar los apoyos necesarios para ser investido presidente, como fuerza más votada. A pesar de que el líder socialista no se movió de este argumento para evitar dar respuesta a la oferta de Iglesias, el vuelco que dieron los acontecimientos, cuando Rajoy declinó ser el primer candidato en ser investido, acelera los tiempos y vuelve a poner el foco en el líder socialista, que tendrá que asumir ahora la tarea de articular un gobierno alternativo junto a Podemos.

Sánchez reconoció haberse enterado por el Monarca de la oferta de Iglesias de formar un gobierno de coalición entre PSOE, Podemos e IU, del que el secretario general de la formación morada asumiría la vicepresidencia. «Entré en Zarzuela sin un gobierno y he salido con los ministros nombrados», señaló irónico, ante la propuesta de que cuatro integrantes de Podemos y uno de IU ocupen carteras ministeriales. Con este movimiento, Iglesias ponía –antes de comenzar las negociaciones– el foco de nuevo en el PSOE, dejando toda la responsabilidad del éxito o el fracaso de las mismas en manos socialistas. «Agradezco la oferta», se limitó a señalar Sánchez, al tiempo que hacía hincapié en que «antes de hablar de nombres», había que hacerlo de políticas.

No obstante, el líder socialista es consciente de que tendrá que cruzar ese puente –negociar con Podemos cuando llegue a ese río –el reto de recabar apoyos tras la investidura fallida de Rajoy–, por lo que lanzó un mensaje a propios y extraños: «Los votantes del PSOE y de Podemos no comprenderían que no nos entendiéramos». Una llamada de atención a quienes se mantienen, tanto dentro como fuera de su partido, en posiciones maximalistas frente a las futuras negociaciones. El líder del PSOE se mostró favorable a tender la mano a «derecha y a izquierda», a Podemos y a Ciudadanos, para forzar esas alianzas, unas conversaciones que «no tiene problema» en que sean tan transparentes que se difundan «por streaming».

El órdago de Iglesias pilló desprevenida a la dirección del PSOE. Miembros de la Ejecutiva recibieron con «sorpresa» y cierto halo de desconfianza la propuesta del líder de Podemos, a la que dotaron de poca fiabilidad. El estupor inicial se tornó en enfado cuando el secretario general podemita puso en cuestión el liderazgo de Sánchez al frente del partido y aludió a la creación de un ministerio de la plurinacionalidad, algo que chocaría de pleno con la resolución aprobada por el Comité Federal. Pero fue una frase la que causó más indignación, la que se refería a que «la posibilidad histórica de ser presidente de Pedro Sánchez es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer». Lo que provocó que miembros del PSOE cuestionaran las intenciones de llegar a un verdadero entendimiento por parte del líder de Podemos. Así se manifestó Eduardo Madina, que consideró que la intervención de Iglesias «se parece mucho más a un intento de humillación al Partido Socialista que a una voluntad real de negociar nada. El PSOE se merece respeto», escribió en su cuenta de Twitter. Quienes no se mostraron tan sorprendidos fueron algunos barones territoriales contactados por LA RAZÓN, que si bien no lo esperaban tampoco lo encontraron fuera de los común. «Otra cosa es lo de la vicepresidencia», comentan, «hay cosas más serias e importantes de las que hablar». Un argumento en la línea de lo expuesto por su secretario general, que –consideran– estuvo «impecable» en su intervención.

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