Andalucía

Susana Díaz: el jaque mate de la sultana

Perfil / Susana Díaz. Jamás ha perdido una batalla y sus adversarios la llaman «Madame killer» por eso de borrar al enemigo y salir vencedora. Ayer, la noticia de su candidatura corrió como la pólvora en los actos de sus contrincantes y los sanchistas daban un respingo: «Nos la ha devuelto»

La presidenta andaluza, Susana Díaz, en el Parlamento
La presidenta andaluza, Susana Díaz, en el Parlamentolarazon

Jamás ha perdido una batalla y sus adversarios la llaman «Madame killer» por eso de borrar al enemigo y salir vencedora. Ayer, la noticia de su candidatura corrió como la pólvora en los actos de sus contrincantes y los sanchistas daban un respingo: «Nos la ha devuelto»

La noticia corrió como la pólvora en los dos actos de sus adversarios. En Getafe, dónde Patxi López presentaba su proyecto político, los mensajes inundaban los teléfonos: «La sultana asalta Madrid». Y en Cádiz, los partidarios de Pedro Sánchez daban un respingo: «Ésta nos la ha devuelto». Susana Díaz Pacheco deshoja por fin la margarita y confirma su pugna en las primarias del PSOE. Mientras en las filas del vasco imperaba la prudencia, entre los «sanchistas» el análisis era casi bélico. «Va a ser una lucha sin cuartel», decían en unos de los feudos utilizados por Sánchez para tocar las narices a la lideresa andaluza. Este último acto la espoleó para despejar las dudas y lanzarse a lo que en su entorno califican como una partida de ajedrez. «Ella dará el jaque-mate y ganará», aseguran sus leales para definir una jugada de alto riesgo en el socialismo español. La plaza escogida, Madrid, los apoyos orgánicos casi todos, el poder de la federación andaluza que controla el cuarenta por ciento del PSOE, y un calculado mensaje a la militancia desde hace días son su pista de salida.

La Esperanza de Triana inspira a Susana y nunca le ha fallado. Es la frase de un cercano colaborador de esta mujer cuya trayectoria viene totalmente marcada por la política. Hija mayor de un fontanero del Ayuntamiento de Sevilla, José Díaz, y una costurera en el barrio de Triana, la presidenta andaluza siempre fue ambiciosa y mandona.

Trianera de toda la vida, aún vive en el barrio de León, una zona de casas bajas y calles con naranjos en las aceras. En su casa de tres alturas se mantiene una discreta vigilancia de seguridad por su cargo de presidenta de la Junta, y es frecuente ver a su marido, José María Moriche, «El Mori», paseando a su único hijo. A su marido, un día ella le hizo famoso en una intervención en el Parlamento andaluz: «Me casé con un tieso», le espetó a una diputada de Podemos que pretendía implicarle en un curso de formación. El consorte trabajó en la UGT de Sevilla, regenta una librería y comparte con su esposa la pasión por el Betis y la Hermandad del Cristo de las Tres Caídas de Triana, dónde se casaron en la Capilla de los Marineros.

Desde niña, sus padres la llevaban al Estadio Benito Villamarín para ver jugar al Betis y la inscribieron en la Hermandad trianera para impartir catequesis a sus hermanas. Empezó estudios de Derecho en la Universidad hispalense y tardó diez años en graduarse por trabajar en la venta de cosméticos a domicilio que exigía la economía familiar. Pero Susana Díaz es una auténtica «apparatachik» de la política. Con diecisiete años ingresó en las Juventudes Socialistas y en las elecciones de 1999 fue elegida concejala de Sevilla de la mano del entonces Alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín.

Delegada del distrito Triana-Los Remedios logró que el maestro Curro Romero se disfrazara de Baltasar en la Cabalgata de los Reyes Magos y comenzó una fulgurante carrera a la sombra de Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Diputada autonómica, Consejera de Presidencia y máxima lideresa andaluza, sus adversarios la llamaron «Madame killer», por aquello de borrar al enemigo y salir siempre vencedora. Lo cierto es que jamás ha perdido una batalla política y ahora se juega un reto definitivo. Enraizada en su barrio de Triana, los amigos de la pareja Díaz-Moriche aseguran que en su vida privada son «sencillos y jaraneros». Se conocieron en la catequesis de la Esperanza trianera y ella dejó a su antiguo novio, Francisco Javier López Franco, actual miembro de la Ejecutiva del PSOE sevillano. La familia Moriche es también muy devota de la Virgen del Rocío y el Cristo de los Faroles en Córdoba, donde acuden a menudo y por lo que muchos paisanos la llaman «la sultana».

Les gusta salir de tapas y, según sus amigos, José María es muy de caracoles y cerveza, mientras Susana prefiere un jerez. En su equipo político, Susana ha tejido una férrea red de fieles, entre los que destacan Mario Jiménez, portavoz de la Gestora, Antonio Pradas, un «halcón» de la Ejecutiva en Madrid, Verónica Pérez, la sevillana apodada «La fierecilla», que plantó cara en el tortuoso Comité Federal. Y sobre todo Máximo Díaz Cano, un auténtico «fontanero» curtido en las huestes de José Bono en Castilla La-Mancha, que ha movido los más importantes hilos de la presidenta andaluza en Madrid

Cofrade de la Esperanza de Triana, cristiana de base y socialista creyente sin complejos como su marido José María Moriche, se le cae la baba con su niño chico. Bética futbolera hasta la médula, taurófila y admiradora de Morante de La Puebla, se ha tragado en silencio los ataques del «pedrismo». Ella, asegura que su entorno, «no caerá en el barro», en medio de una campaña que se avecina sangrante.

Colocó a uno de sus grandes amigos, el presidente asturiano Javier Fernández, al frente de la Gestora. Ha soportado ataques y provocaciones desde el entorno de Pedro Sánchez, mantiene buena relación con Patxi López y muchos «barones» piensan que es la única salida a la tremenda crisis del socialismo español. Todos miran a esta trianera como una costurera de alfileres patrios ante las profundas heridas que sigue sembrando el ex secretario general del Partido Socialista, Pedro Sánchez.

Los peones están en el tablero y Susana Díaz se juega el todo o nada.