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Todos los hombres del Rey: así es el «búnker» que vela por Zarzuela

Felipe VI se ha rodeado de una fiel «guardia de Corps» que se rige por las siguientes máximas: discreción, planificación de trabajo y limitación a lo imprescindible en el contacto con los representantes de la vida pública y periodistas

  • Un Rey responsable. Felipe VI escribe su discurso en el avión oficial en su viaje de Estado a París en junio de 2015
    Un Rey responsable. Felipe VI escribe su discurso en el avión oficial en su viaje de Estado a París en junio de 2015

Tiempo de lectura 8 min.

18 de junio de 2017. 15:44h

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Mañana se cumplen tres años del inicio de reinado de Felipe VI. Apenas tres años pero parecen una eternidad. Tan intensa ha sido la vida política que algunos jóvenes piensan que Don Felipe lleva toda su vida ejerciendo las tareas de Jefe de Estado. Esto último es matizable, porque realmente el nuevo soberano sí ha estado toda su vida a la sombra del poder pero, cuando uno llega arriba, como ha comentado a alguno de sus íntimos, nadie conoce lo que te vas a encontrar, lo que te puede suceder, ni tampoco por donde van a venir los problemas.

Hay algo que tenía muy claro el nuevo Rey: tenía que dar un giro al equipo de Zarzuela. La vinculación del anterior Jefe de la Casa, Rafael Spottorno con el escándalo de las tarjetas black, vino a confirmarle en aquella decisión. Debía hacer un equipo nuevo: su equipo. Pero no lo hizo con personas de fuera, ni siquiera de su generación, sino que utilizó a personas que ya estaban en su entorno. Necesitaba experiencia pero también quería liberarse de las visitas frecuentes que se movían en el entorno de su padre.

Don Felipe siempre ha tenido un grupo de amigos fieles. Una «guardia de Corps» que no le ha fallado nunca. Los tiempos eran difíciles para la institución, y remontar en las encuestas implicaba no cometer ningún desliz. Lo que quizá no se esperaba Felipe VI es que también de su entorno iban a surgir algunas dificultades. Pero vayamos un poco atrás en el tiempo.

Los últimos años en Zarzuela de Don Juan Carlos habían disparado los rumores, dimes, diretes, fotos, sms, whatsapps y mails. No había día en que el caso Nóos no proveyera de algún nuevo tema que llenase las tertulias televisivas de sobremesa. Por eso, el nuevo equipo de Don Felipe tuvo claro desde el principio que, al margen del control de daños, se imponía un golpe de timón.

Lo primero, el control de daños, fue fácil de establecer. Desgraciadamente todo estaba ya contado. Había libros, artículos periodísticos, televisiones... Se trataba de aislar a Don Felipe de todo lo que pudiera salpicar su nueva Jefatura del Estado. Los mails del «caso Nóos» quizá eran lo más comprometido, por su repercusión jurídica y penal. Tampoco era fácil calibrar su importancia. Saber que Diego Torres había participado en la compra del anillo de compromiso del Rey podía parecer un tema menor pero, a la vista de los minutos que le dedicaron las televisiones, estaba claro que cualquier asunto, aparentemente menor, exigía un planteamiento diferente y una acción nueva.

La primera decisión fue reducir el concepto de Familia Real. De él salieron las Infantas, hermanas de don Felipe, reduciéndose las personas que lo integraban a los Reyes Eméritos, Don Felipe y Doña Letizia y sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Las reuniones familiares se limitaron en principio, para luego volver a reconducirlas y celebrarlas ante las cámaras. Pero faltaba la patata caliente.

El planteamiento ante el juicio del «caso Nòos» implicó aislar a don Felipe de todo lo que pudiera salpicarle. A la vez, debía quedar claro desde el primer día el respeto hacia los jueces, a pesar de las muchas situaciones extrañas que se produjeron durante la instrucción. La celebración del juicio y las sentencias posteriores vinieron a justificar una estrategia seguida al milímetro desde el primer día. Ya vendrían tiempos para reconducir las situaciones familiares que más habían sufrido durante aquella etapa.

Y tras la sentencia que absolvió a la Infanta, aunque costosa para la Institución en cuanto a opinión pública, se necesitaba un golpe de timón de cara al futuro. La estrategia, que no era otra que constituir una piña que defendiera a los Reyes de cualquier cuestión que se suscitara, había resultado acertada, y quizá por eso se pensó que había que seguir en esa misma línea. El cierre informativo de la Casa Real en lo que a la vida privada se refiere fue un hecho. Hubo muy pocas filtraciones en lo que a vacaciones y escapadas se refiere, pero es un hecho que, cuando se ha levantado la veda, es muy difícil que las aguas vuelvan a circular por el mismo cauce.

Tampoco el ambiente que hemos vivido en España aseguraba el futuro pacífico. Por eso no tardaron en surgir nombres, como el de Javier López Madrid, amigo personal de Don Felipe desde que estudiaron en el colegio Los Rosales. Junto con Álvaro y Ricardo Fuster formaba parte de ese núcleo duro de compañeros de estudios del entonces Príncipe cuya relación se había mantenido a lo largo del tiempo. La amistad se extendió tras la boda a Doña Letizia, con la que compartió incluso clases de yoga. No era una persona muy conocida salvo en los ambientes del entorno del Rey, pero las cosas cambiaron rápidamente. Su implicación primero en las «tarjetas Black», la posterior denuncia de una dermatóloga por acoso y, finalmente, su detención en el marco de la «operación Lezo» –acusado de pagar un millón de euros en comisiones– ha enfriado la relación de los Reyes con el yerno del presidente de OHL.

Y es que don Felipe y sus colaboradores han vuelto a constatar lo difícil que es controlar el entorno de la Familia, a pesar de la reducción que han hecho de lo que entienden hoy por Familia Real. Porque si a pesar de todas las restricciones que se han impuesto, siguen salpicándoles algunas cuestiones, vuelve a estar más que justificada la receta de Alfonsín: serenidad y seguir en la línea que se marcaron desde el principio. La estrategia no parece equivocada.

A diferencia del equipo que rodeó a Don Juan Carlos a lo largo de su reinado, Don Felipe apostó por su hombre de confianza de toda la vida, Jaime Alfonsín, aunque incluyó en el equipo a personas que llevaban ya un tiempo en La Zarzuela. Personal con experiencia para hacer una transición razonable y que no produjera choques con los anteriores responsables de área ni con los trabajadores de los distintos departamentos.

Alfonsín tuvo mucho que decir en la configuración de aquel nuevo staff. Sólo hubo una excepción: el nuevo director de comunicación, cargo para el que los Reyes tenían pensada una persona de su confianza, Jordi Gutiérrez, damnificada unos años antes por un choque con el anterior monarca. Pero al margen de este nombramiento, se impuso el criterio del nuevo Jefe de la Casa. Quería discreción, trabajo y planificación. Y no es que antes no la hubiera, sino que la agenda había sufrido mucho en los últimos años por cuestiones privadas y marginales que no son del caso.

Por eso las personas no eran tan importantes una vez que quedó claro el perfil que necesitaban don Felipe y del propio Alfonsín, sino el sistema de trabajo. Se imponía una nueva forma de coordinar donde los problemas no los resolvía una persona o una llamada de teléfono, sino un trabajo en equipo. En la propia Casa comenzaron a hablar de bunquerización del equipo de don Felipe pero el control de la Casa pasaba por esta nueva forma de funcionar. Se habían perdido muchas energías en otras formas de trabajar en los últimos años y se hacía ahora necesario cambiar. Solo había un pero. La transparencia que quería don Felipe parecía no ir en la línea de esta nueva estrategia. Eso lo resolvieron estas tres personas.

Jaime Alfonsín (61), el actual Jefe de la Casa, se incorporó a la Zarzuela en diciembre de 1995, como Jefe de la Secretaría de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, es decir, que va a cumplir 17 años junto a don Felipe. Conoce a fondo todo. Un pata negra cuya máxima ha sido siempre la discreción. Abogado del Estado, ha trabajado en Barclays Bank, Uría & Menéndez, y ha sido profesor de Derecho en ICADE y en la Autónoma de Madrid. A diferencia de su antecesor, ha limitado los contactos con representantes de la vida pública y periodistas a lo imprescindible. Aquello de lo que presumían algunos asiduos a la Casa –cargos políticos, empresarios, periodistas–, se acabó con Felipe VI.

En este grupo está también Domingo Martínez Palomo (63). El actual Secretario General fue otro de los nombramientos de Don Felipe cuando juró su cargo. Desde 1996 ejercía como Jefe del Gabinete de Planificación y Coordinación, un cargo dentro de la Secretaría, que le permitió conocer desde dentro su funcionamiento y equipo. Abogado y Guardia Civil, forma un tándem perfecto con Alfonsín: discreción y discreción.

Otro estilo es Jordi Gutiérrez, el actual Director de Comunicación. En 1993 se incorporó a la Casa de Su Majestad el Rey, como Subdirector General de Relaciones con los Medios de Comunicación, pero salió en 2009 para incorporarse como director de Comunicación de la organización patronal madrileña CEIM. Su regreso a la Casa en 2014 no sólo demostraba la confianza de los Reyes sino que aventuraba un cambio en la relación con los medios de comunicación. Un cambio, por lo demás, que iba en la línea Alfonsín: discreción, discreción y discreción.

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