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«Trallero», ante la encrucijada

Toni Bolaño. 

Tiempo de lectura 2 min.

13 de septiembre de 2017. 04:26h

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Toni Bolaño.  13/9/2017

No es un tipo fácil. Duro de trato, malas pulgas, desconfiado, terco, prepotente y muy trabajador, aseguran quienes lo conocen. Llegó a los Mossos d’Esquadra hace 26 años y con tesón consiguió llegar a Comisario. En el año 2013, el conseller Ramon Espadaler escucha a su director general, el muy independentista Manel Prat, y le nombra Comisario Jefe. «Se armó una buena», cuenta una persona que conoce muy bien la policía catalana. Trapero no «formaba parte de ninguna familia y nunca se había significado en nada». Es nombrado pasando por delante del escalafón de comisarios más antiguos siendo recibido con malestar. Su mentor no duró mucho más en el cargo. Las pelotas de goma y un muerto durante la detención se lo llevaron por delante.

Trapero se mantuvo. Quizá porque es pulcro y «muy» desconfiado. Dicen que Espadaler le ataba corto con la prensa porque sabía que su fuerte no eran los periodistas. Sus relaciones eran «como mínimo difíciles», afirman miembros de los Mossos y periodistas. Ahora tras el atentado del 17 de agosto en Barcelona se ha demostrado que lo suyo no es la mano izquierda porque no soporta que «le lleven la contraria», como puede apuntar el periodista holandés que fue despedido de una rueda de prensa por contestarle en catalán. Su «bueno, pues ádeu», le convirtieron en el nuevo icono del independentismo. No son los únicos que le encuentran. Los sindicatos son su debilidad y reciben «palo y tentetieso», junto a todo aquel que le enmiende la plana y no le consiga convencer. Cosa nada fácil, aunque dicen que «escucha».

Con la crisis de CiU Jordi Jané sustituye a Ramon Espadaler. El nuevo conseller le abre más la mano con la prensa, pero no se prodiga mucho. En el verano de 2016, el Comisario Jefe de los Mossos abandona su anonimato. Pilar Rahola invita a su casa de Cadaqués a unos amigos. Con sus ansias de protagonismo ejerciendo su papel de musa del soberanismo, publica el encuentro en las redes sociales. Corre la foto como la pólvora: entre los invitados Carles Puigdemont, el presidente catalán y José Luís Trapero, el jefe de los Mossos, en un entorno independentista. La reina de la charca dejó a Trapero en delicada situación. Se lía una gran polémica porque en la política catalana y en los Mossos. Nadie entendió que hacía el jefe de la policía con el president tocando la guitarra en Cadaqués.

Cuentan que sigue sin entender el follón, pero le sirvió para tomar precauciones. Se justifica. Le gusta tocar la guitarra como hizo en 2015 en la cena de gala de los Mossos que ha vuelto a instaurar. En mayo de este año, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont a petición del ya inexistente conseller Jordi Jané, por sus dudas sobre el proceso independentista, lo nombra Mayor de los Mossos, un cargo adormecido desde hace más de 10 años y que nadie había ocupado, desde que lo dejó el último Mayor, Joan Unió. Es un cargo envenenado. O lo haces bien, o te vas, y esa encrucijada ha llegado.

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