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Tres días de retiro con el imán antes del viaje a la casa de Alcanar

Es Satty, que llevaba «desaparecido» dos meses, citó a los terroristas en su casa el martes para perfilar el papel de cada uno en los atentados

  • Registros en la casa del imán en Ripoll
    Registros en la casa del imán en Ripoll
Laura L. Álvarez,  laura L. Álvarez.  Ripoll.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de agosto de 2017. 08:56h

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«¿Puedes irte tres días? ¿desde mañana? Es que vienen unos familiares de Marruecos». Nordine, el compañero de piso del imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, accedió porque apenas llevaba en la vivienda cuatro meses y no le dio la sensación de que tener muchas posibilidades de decidir la respuesta. No quería problemas con el imán del pueblo, una persona poco amable y con ciertos aires de superioridad hacia quienes no eran buenos musulmanes (no muy practicantes). Cogió cuatro cosas y se fue a casa de un conocido. Cuando regresó a su vivienda, el imán ya no estaba. Al día siguiente, o a los dos días –no recuerda bien–, ocurrió todo. Luego llegarían los Mossos con la orden de entrada y registro de la Audiencia Nacional y se llevaron casi todo lo (poco) que quedaba en la austera habitación del supuesto cabecilla de la célula yihadista.

Al parecer, según fuentes cercanas a la investigación, Es Satty podría haber utilizado su piso, situado en la última planta del numero 4 de la calle San Pere, para ultimar algunos preparativos durante esos tres días, ya a solas, con los jóvenes terroristas. Después se iría a la casa de Alcanar que ya tenían okupada desde hacía varias semanas.

Los Mossos d’Esquadra aseguraron ayer contar con «indicios sólidos» para creer que uno de los cuerpos encontrados tras la explosión de Alcanar podría ser del imán Es Satty, de quien se supo también que había salido de la cárcel de Castellón en 2012 por tráfico de hachís y, como adelantó este diario, estuvo medio año en Bélgica (en la localidad de Vilvoorde) probablemente radicalizándose antes de la captación de estos jóvenes musulmanes de su pueblo. De allí regresó en junio de 2016, según admitieron desde la mezquita salafista de Ripoll. Invirtió justo un año en el proceso de radicalización de sus pupilos.

Ayer los Mossos encontraron la que podría ser su furgoneta, otro lugar donde se reunía discretamente con los chicos, en San Carles de la Rápita, lo que refuerza la teoría de que el cuerpo de Es Satty sea uno de los encontrados a pedazos en Alcanar. En esta línea estarían reconstruyendo los investigadores los últimos días de esta célula yihadista, las horas previas a la explosión de Alcanar que precipitó el resto de acciones terroristas.

Esta necesidad de intimidad, de tener el piso vacío durante tres días, se la confesó el compañero de piso del imán, Nordine, a un grupo de compatriotas el mismo día del atentado, cuando vio lo que había ocurrido en La Rambla y la foto de Driss Oukabir comenzaba a aparecer en todas las televisiones. Sospechaba ya que su compañero de piso y líder de la comunidad musulmana de la localidad tuviera algo que ver en toda esa barbarie. Esta supuesta última reunión de Es Satty con los chicos coincide también con varios testimonios de vecinos de esta zona de Ripoll, que aseguraron haber visto al imán el pasado martes, a pesar de llevar «desaparecido» del pueblo un par de meses, supuestamente en Marruecos visitando a sus nueve hijos.

Durante esos tres días en los que parece que Es Satty estuvo encerrado en su casa con los chicos (se desconoce si todos juntos), podría haber estado perfilando los últimos detalles de sus acciones, el papel de cada uno en las mismas y preparándoles psicológicamente para ello. Convenciéndoles de que ellos eran los mejores musulmanes, los único capaces de la gloriosa hazaña.

Los vecinos de Ripoll aseguran que el imán no se dejaba ver con los jóvenes terroristas por el pueblo. «Se quedaban en la mezquita después del rezo, allí dicen que les ponía videos», apunta un argelino a quien el imán apenas saludaba por no ser tampoco muy asiduo a la mezquita. También se reunían «pero de uno en uno» en casa de él. Nunca en presencia de nadie más, por eso el compañero de piso insiste en que él nunca vio a ninguno de los chicos en casa. «Si vinieron era antes de llegar yo a vivir aquí o los ratos que no estaba». Otro musulmán asegura que sí recuerda ver a Younes Abouyaaqoub y Mohamed Hychami, los dos mas mayores del grupo de terroristas, junto con Driss Oukabir, por el portal de San Pere, 4, junto al Forn de Capdevila.

Quizás por esa necesidad de pasar ya mucho tiempo con ellos –para prepararlos logística y psicológicamente para los ataques– y la presión de no levantar sospechas en el pueblo (un hombre de casi 50 años quedaría raro que pasara mucho rato con chavales de entre 17 y 28 años) empujaron a Es Satty a buscar un lugar mas seguro, una especie de «retiro espiritual» y a su vez un campamento base, que sería ese chalé abandonado en la localidad de Alcanar (Tarragona). Allí pasaron muchas horas estos jovenes terroristas, los últimos días de sus vidas antes de entregarse a Alá o a la barbarie. Muchos días que, según sus familias, pensaban que estaban en la playa o haciendo «las típicas cosas de su edad». Desgraciadamente, sus planes, eran otros.

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