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Una movilización para «recuperar la sensatez»

LA RAZÓN visita las oficinas donde se prepara la manifestación por la unidad convocada para mañana en Barcelona. Sin los medios del bloque secesionista, Sociedad Civil Catalana trabaja contra reloj para desbordar la calle

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Tiempo de lectura 4 min.

07 de octubre de 2017. 08:42h

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«¿Alguien sabe si ha llegado la bandera de España que nos han enviado desde Gandía?», pregunta en voz alta Alicia que tiene al teléfono al propietario de la enseña, preocupado por el envío. «Sí, la tenemos, que no se preocupe», responde Ainhoa que esta al otro lado de la mesa. La actividad es frenética, faltan menos de 48 horas para la gran manifestación a favor de la unidad de España y el tiempo corre.

En un despacho de poco más de 60 metros cuadrados han establecido el centro de operaciones. En una sala hay reuniones, en otra se gestiona el material y en otra aledaña dos mujeres atienden al teléfono sin parar. «Hemos recibido miles de llamadas desde que la convocatoria es oficial, nos preguntan de todo. Gracias a los voluntarios podemos hacer frente a este volumen de trabajo. Tened en cuenta que los independentistas tienen infraestructura, nosotros no», explica a LA RAZÓN Isabel Porcel, una de las voluntarias que nos recibe en la sede de Sociedad Civil Catalana. Los separatistas cuentan con la ventaja de tener toda la maquinaria de la Generalitat y entidades afines lista para salir a la calle en cualquier momentos. Ellos no. «Mañana trasladaremos todo al piso de un hombre que vive en la Plaza de Urquinaona. Allí llevaremos una pancarta de 50x30 para la que yo acabo de comprar la cinta americana», dice mientras muestra la bolsa con el material en el interior.

Tan sólo disponen de tres teléfonos fijos, así que en cuanto se cuelga, otra llamada entra. «Se ha llegado a colapsar la centralita». «Nos contacta gente de toda España, la verdad que es increíble, la mayoría quiere saber datos sobre la concentración, el recorrido, el modo de llegar hasta allí, las paradas de metro más cercanas... Yo he atendido a gente de Badajoz, de Pamplona, de Santiago, es una locura», asegura Ana Tort, otra de las voluntarias. Enfrente, otra compañera diseña el mapa del recorrido para subirlo a las redes sociales y a la página web. También elabora al mismo tiempo comunicados de prensa y controla las bases de datos. «Esto me llena de ilusión, por fin estamos a rebosar, es una felicidad observar cómo la gente se ha volcado, la cantidad de gente que quiere venir», reconoce emocionada Alicia Romero. En este momento tienen ya 3.000 colaboradores activos entre la central y las delegaciones territoriales. Aun así faltan manos. Ainhoa es la encargada de gestionar los autocares. «Va por demanda, nos llaman y vamos colocando en autobuses desde diferentes puntos de Cataluña. Ahora estoy esperando presupuestos. De momento ya llevo 27 autobuses completos sólo en Cataluña. Es una carrera a contrareloj», afirma a este diario. Dice que a las 21.30 la oficina cierra, pero que continuará trabajando desde casa porque será un día histórico y merece la pena hacerlo.

A pocos metros de esta oficina se han visto obligados a abrir otra. Han alquilado dos salones en un céntrico hotel ya que los centenares de voluntarios que participaran activamente en la manifestación no entraban en la sede principal. En la primera sala hay aproximadamente un centenar de personas que escuchan atentamente a una mujer que les cuenta el desarrollo de la marcha, lo que tendrán que corear, los principales lemas así como su ubicación. «En la última fila irán las personas con el megáfono y algunos también entre la multitud. La clave es estar calmados, pacíficos», dice. «Pero será todo en castellano o también en catalán», pregunta una mujer mayor. «Habrá de todo tipo, además si alguno quiere improvisar alguna frase puede hacerlo pero siempre con respeto», apunta la instructora. Algunos piden que haya lemas con palabras como pluralidad, otra Europa y una tercera apunta a que también hay que incluir una que diga que Puigdemont es un traidor. «Yo propuse uno que era ‘‘Los golpistas fuera de la pista’’, ¿está incluido?», pregunta un hombre mayor. Otra mujer está preocupada por cómo hay que actuar si hay algunos agitadores que les perturben. «Hay un equipo especial que vigilará por la seguridad, llevan un brazalete, así que no os preocupéis. Si os intentan provocar no caigáis en ello. Lo nuestro es una manifestación pacífica», dice la formadora. En la sala de al lado es donde está el «equipo» que se encargara de la seguridad. Un mapa identifica los «puntos calientes», la información que allí se cuece es «top secret». Se cierra la puerta y continúan trabajando. Queda mucho por hacer y el gran día está a la vuelta de la esquina.

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