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La fiebre, gran aliada de nuestro sistema inmune pero el gran temor de los padres

La mayoría de los padres primerizos acuden a urgencias en cuanto el niño tiene “algo” de fiebre

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    / GTRES ONLINE

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22 de diciembre de 2017. 13:59h

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Gema Lendoiro 26/12/2017

La fiebre representa el motivo más frecuente de consulta en urgencias pediátricas. Es el caballo de batalla de padres y pediatras. ¿Por qué nos asusta tanto y acudimos rápidamente al médico? ¿Qué es exactamente y qué nos quiere decir? Joaquín Carrasco, pediatra del sistema aragonés de salud, nos lo explica. Consiste en una elevación de la temperatura corporal por encima de los límites establecidos como normales que son 38º o más rectal, o 37.5ºC axilar.

Existe una cierta fobia a la fiebre y temor atávico en los padres, no sin falta de fundamento ya que existen enfermedades graves que comienzan por un cuadro febril. Pero en su gran mayoría son reflejo de enfermedades infecciosas en general de tipo banal, explica.

La fiebre se presenta con más frecuencia durante los tres primeros años de vida y paradójicamente, su aparición es fundamental para ayudar a fortalecer la inmunidad del niño. De hecho, explica el pediatra “la fiebre no es necesaria bajarla a toda costa y en todos los casos, solamente debe administrarse un antitérmico cuando se comprueba que la fiebre afecta al estado general del niño, produce irritabilidad, disconfort o es una fiebre elevada (superior a 39ºC).

Si el niño mantiene un buen estado general y no rechaza el alimento es muy improbable que presente un cuadro clínico grave y por tanto no hay necesidad de terapia, sostiene.

En cambio, cuando la fiebre es excesivamente alta, o se trata de un recién nacido o de un menor de tres meses, o no se encuentre una causa que la justifique o se acompañe de otras manifestaciones como afectación del estado general, irritabilidad, somnolencia, lesiones cutáneas o dificultad respiratoria se debe acudir al médico.

La fiebre, gran aliada de nuestro sistema inmune pero el gran temor de los padres

¿Como se baja la temperatura del niño?

Cuando la fiebre es moderada bastará con medidas físicas y una buena hidratación, explica el doctor Carrasco. “Despejar de ropa al niño no hará empeorar el curso de la enfermedad, los paños de agua tibia fundamentalmente en la cabeza se pueden utilizar. No soy personalmente partidario del baño en agua templada. No rebaja la temperatura central y produce enorme disconfort en el paciente”

En caso de fiebre más elevada optamos por los antitérmicos. Fundamentalmente se usan el paracetamol y el ibuprofeno. Este último con efectos además antiinflamatorios. La dosificación se realiza siempre según el peso del paciente, no según la edad. Se pautan cada 4 o 6 horas. Y no se recomienda la administración alternante de los mismos. “En mi experiencia cada niño responde mejor al efecto de un antitérmico, por lo que se deberá tener en cuenta a la hora de administar uno u otro antitérmico”, explica.

No debemos obsesionarnos con bajar la temperatura por completo ya que, “en ocasiones el propio desarrollo de la enfermedad produce una fiebre que no remite por completo a pesar del antitérmico”. Este no es un arma mágica que reduce la temperatura de modo automático. Ofrecer siempre y sobre todo en niños pequeños líquidos abundantes, suero o zumos de frutas para mantenerlos bien hidratados ya que la fiebre aumenta la pérdida de líquido corporal.

Es fundamental no forzar a comer al niño. En esos días de fiebre el niño presentará una lógica e intensa pérdida de apetito por lo que debe ofrecerse solo aquellos alimentos que desee el paciente. “Si el niño ha mantenido la lactancia materna, puede mantenerse exclusivamente con ella durante los días que esté enfermo”.

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Antibióticos. ¿Nos estamos pasando?

Es una precisión básica acerca del antibiótico decir que estos solamente sirven para eliminar las bacterias, no los virus. Para los virus existen antivírales, pero en concreto para el tratamiento de las enfermedades respiratorias más frecuentes de los niños no tenemos en el momento actual fármacos al respecto. Supone una temeridad tratar de modo empírico una fiebre o un proceso catarral no complicado con un antibiótico.

Como decía el viejo aforismo, la gripe con antibiótico se cura en una semana y sin antibiótico en siete días. Efectivamente nos estamos pasando. Existe un abuso en la utilización de antibióticos en el ejercicio habitual de la medicina. Ciertamente que en ocasiones el médico se encuentra con una cierta presión social para “dar algo” y que esa exigencia trae como consecuencia el uso indiscriminado de antibióticos con la correspondiente aparición de resistencias.

El antibiótico debe reservarse para casos puntuales de sobreinfección bacteriana, véase una neumonía, una otitis supurada, una infección urinaria testada mediante urocultivo, una artritis bacteriana etc etc. Una vez que se inicia un tratamiento antibiótico hay que cumplimentarlo en los días que aconseje el médico y no interrumpirlo antes.

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