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“Pegar a tu hijo y decirle que lo quieres es una gran incoherencia”

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Tiempo de lectura 8 min.

21 de diciembre de 2017. 10:05h

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21/12/2017

La frase “dos bofetadas a tiempo solucionan muchas cosas” está muy extendida en la sociedad. O quizás cada vez menos. Y es que a medida que pasa el tiempo cada vez más padres se dan cuenta de que pegar a los hijos no es una solución y además puede llegar a ser un delito. La sociedad, con sus leyes por detrás, cada vez tolera menos esa forma de maltrato ejercida desde alguien con poder (el progenitor) hacia alguien indefenso (el hijo). Muchas personas consideran que no tiene ninguna importancia levantar la mano y lo cierto es que sí la tiene. Pegar a los hijos en enseñarles la obediencia por medio del miedo y de la coacción. Y es, desde luego, enseñarles que pegando se solucionan las cosas mucho mejor que hablando. Si no queremos la violencia de adultos, ¿por qué, entonces, justificarla en niños? Alejandro Busto es psicólogo, casado y padre de dos hijos y atiende en su consulta Psicología Ceibe. Nos da su particular visión sobre este asunto.

-¿Qué le sugiere la frase “un cachete a tiempo arregla muchas tonterías?

-Básicamente me conecta con dos cosas: Primero con una frase interiorizada, no cuestionada y repetida hasta la saciedad por el grueso de la población, en un intento de convertir en ciencia comprobada, lo que sólo es la cultura del patio de mi casa y segundo me conecta con la ignorancia y la desgana por no saber.

-¿Por qué está tan instalada en la educación, todavía hoy, pegar a los niños?

-Bueno yo matizaría... no sé si está tan instalado. Es posible que estemos viviendo tiempos de cambio de paradigma, donde conviven diferentes tendencias. Instituciones muy poderosas están claramente posicionadas en contra del castigo del tipo que sea, hablo de Unicef recientemente y años antes Save the children. Cada vez más familias toman conciencia de que cual es el tipo de educación que resulta más efectiva en términos de educación a largo plazo y en lo que tiene que ver con el bienestar de los futuros adultos. Luego sigue existiendo bastante más de lo deseable la utilización del castigo físico como forma de corregir conductas, a pesar de que la ley española es clara al respecto. Los medios también contribuyen sacando de contexto noticias que ridiculizan la ley y eso tampoco ayuda a un debate serio al respecto. El que siga siendo parte de la cultura es sencillo de explicar. Cuando no hay conciencia y trabajo personal nos limitamos a repetir lo aprendido. Usamos los mismos mecanismos de aprendizaje para castigar que para andar en bicicleta.

“Pegar a tu hijo y decirle que lo quieres es una gran incoherencia”

-Es que si no les pego, amenazo o castigo, no me obedecen... ¿Qué sugerencias tiene para estas frases?

-Quizá deberíamos cuestionar que eso de la “obediencia” en la educación ¿no? A mí no me gusta hablar de obedecer, que tiene mucho que ver con la manipulación y la falta de libertad. Nos permitimos hablar de obediencia en los niños pequeños, en la falsa creencia que obedecer siempre es bueno, sobre todo cuando quienes ejercemos el control somos padres o familiares que les quieren bien. Pero cuando un niño aprende “obediencia” así lo que aprende es a mal gestionar el miedo. ¿Qué otra cosa genera el golpe, la amenaza o el castigo? Miedo. Luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando dejan de ser pequeños y no tienen herramientas ante el abuso de compañeros, ciertos consumos en la adolescencia, determinados tipos de jefes o parejas tóxicas con las que pueden llegar a enfrentarse en la vida. Porque la aparición del miedo les lleva irremediablemente a lo que les hemos “enseñado”: a obedecer, ceder, etc.

Hablemos de influencia y si es posible de influencia positiva. Seamos referentes positivos del tipo de conducta, emoción o valores queremos que encarnen en sociedad. Eso ante todo. Y luego digamos claro que la vida diaria está llena de consecuencias naturales desagradables para aquellos que se saltan la norma, la conducta y violentan las reglas del juego. No hace falta inventarse ningún castigo para que lo sufran de una forma u otra.

“Pegar a tu hijo y decirle que lo quieres es una gran incoherencia”

-¿En la psicología infantil, qué entiende un niño que es pegado por sus padres?

-No entiende nada. Porque básicamente, sobre todo el niño pequeño, tiene como espejo incuestionable a sus padres. Sus padres que le dicen que es lo más importante, que hablan del amor que sienten pero que luego le pegan. Es tal la inconsistencia, la falta de coherencia del mensaje que no solo se produce falta de entendimiento en el niño, sino que genera culpabilidad e inseguridad en el pequeño, cuna entre otras cosas de las neurosis que vemos a diario en consulta.

-Hay otras maneras de maltrato que nada tienen que ver con el maltrato físico y que son muchísimo más difíciles de valorar. ¿Cuáles son en su experiencia las que más marcan en la vida cuando se llega a la etapa adulta?

-No hace falta soltar un bofetón para maltratar. El grito y el insulto, el menosprecio, la falta de oportunidades de crecimiento, la sobreprotección extrema incluso pueden ser formas de maltrato. Lo más dañino para un niño es la aleatoriedad o el caos en el maltrato. Hoy te pego y mañana te abrazo, esta semana te grito, ninguneo y menosprecio y la semana que viene soy todo presencia y el más comprensivo de los padres... esto es terrible. Este ir y venir desde la súper madre/padre al intransigente, castigador/a es terriblemente tóxico y deja huellas más profundas que incluso el castigo y maltrato permanente.

“Pegar a tu hijo y decirle que lo quieres es una gran incoherencia”

-Si uno ha recibido de pequeño muchos azotes es muy probable que pegue a sus hijos. ¿Está de acuerdo?

-En líneas generales sí... pero no creo que podamos usarlo como un mantra absoluto que en sí mismo termina funcionando como un escondite para muchos maltratadores. Digamos que podría explicar ciertos tipos de paternidad/maternidad, pero en ningún caso justificarla. Un adulto que educa tiene la responsabilidad de hacer lo mejor para el cuidado de sus hijos desde el amor que dice profesar, con independencia de cómo lo han tratado.

-Muchas personas dicen: agradezco que mis padres me pegaran. O, me pegaron y aquí estoy, libre de traumas. En su visión de psicólogo, ¿qué interpreta ahí?

-Lo he dicho muchas veces. No es fácil librarse de los susurros de nuestra historia. Agradecer que te pegaran, a parte de un ejercicio supino de ignorancia es también una forma de gritarle al mundo que necesitaste otra cosa que no supieron o quisieron darte. Lo de la gente que dice que está libre de traumas a pesar de haber sido educados así, es tragicómico, ya que esta frase yo la escucho en mi propia consulta... “y mira aquí estoy” dicen... y si aquí estás digo yo... Al final defender estos comportamientos que a día de hoy están perseguidos por ley en España y que no están dentro del campo de la educación sino en el campo de lo penal, es defender a quienes te pegaron o maltrataron o no te cuidaron en definitiva. Es comprensible que así sea, en cierto modo se entiende que los niños que aún nos habitan quieran cuidar el recuerdo de quienes dicen habernos querido. Aunque en muchas ocasiones no los demostraran.

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