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Samantha y las maternidades ocultas

Opinión

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21 de diciembre de 2017. 11:29h

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Gema Lendoiro 21/12/2017

Querida Samatha:

Ha sucedido, en esas casualidades que tiene la vida, que el mismo día que supe de tus declaraciones (dicen que polémicas y a mí no me lo parece) me llegó por mail una nueva entrada del blog de la psiquiatra Ibone Olza. En dicha entrada habla del amor materno, del sacrificio que se respira en la película-documental Amazona. El artículo, como todo lo que Ibone escribe, rezuma ternura, amor verdadero, todo eso que hace que el corazón se conmueva. Y además aporta siempre una visión desde la evidencia científica, es decir no es algo cursi, ñoño, es algo muy real.

¿Cómo es posible que dos mujeres que viven en el mismo país, época, ambas cultivadas, puedan percibir de maneras tan diametralmente opuestas la maternidad?

No es nada difícil, a poco que lo reflexiones, averiguarlo. La clave está en dos puntos: las experiencias vividas y la información. Cómo nos enfrentamos a lo que vivimos desde el dolor y con qué recursos contamos para liberar esa angustia y, por qué no decirlo, a veces esa rabia.

No sabes cómo te entiendo en lo cansada que estás. Yo también he pasado por eso y, de hecho, estoy ahora pasándolo de nuevo, con el tercer bebé que apenas tiene un mes. Menos mal que yo tengo ayuda. Como imagino que la tendrás tú también. Lo digo porque hay miles de mujeres por ahí en el mundo que no la tienen y sin embargo viven las maternidades de una forma más feliz de lo que parece (por lo que dices) que vives la tuya. Esto no va de buenas y malas madres. Creo que va a un lugar mucho más profundo y que en todo este debate que se ha generado con tus declaraciones no se ha hablado del verdadero trasfondo que tiene. Juzgarte como madre es cruel. Nadie sabe qué haces de puertas adentro y estoy segura de que lo haces como todas, como puedes. A veces feliz, a veces llorando. Pero con sensatez y sentido común. No me cabe la mínima duda.

Creo que no eres la responsable de lo que te está pasando. La culpa es de los medios (no de todos), de la sociedad en general que han desvirtuado completamente el sentido de la maternidad y de una parte del feminismo (no todo, afortunadamente) que ha contado la mentira jamás contada a las mujeres y que muchas, como tú (y como yo hace años) hemos comprado sin mirar el precio. El feminismo en el que yo creo, el que defiendo, iguala a hombres y mujeres en derechos y oportunidades y reconoce el amplio abanico de diferencias biológicas, entre ellas la capacidad de gestar, parir, amamantar, criar...que tenemos nosotras y que tienen su razón de ser. Están por algo. Otra cosa es que luego no quieras ser madre. Muy respetable, por cierto.

No es falta de información, es muchísimo más profundo que eso. Es vender una idea a la mujer de que tiene que seguir viviendo después del parto como si nada hubiera pasado. Cuando lo que ha pasado es de los acontecimientos más extraordinarios que te van a suceder en la vida. Nadie se queda igual después de tener hijos. Mucho menos una mujer. ¡Si hasta se sabe que el cerebro se modifica! Todo cambia. La transformación es brutal y quién diga lo contrario, miente. Lamento que nadie te lo contara. Y lo lamento profundamente porque una madre infeliz hace infeliz a sus hijos. Son huellas que se quedan impregnadas en el cerebro. Nada hay más devastador para un bebé que una madre que no conecta con él, que llora, que se siente triste. ¡Es tan terrible que no cuidemos a las madres!

La maternidad desde hace décadas es algo voluntario. En tu caso, además, muy buscada y deseada. Quizás cuando te informabas del largo proceso que supondría para tu cuerpo hacerlo, te faltó la información adecuada para saber qué pasaría con tu corazón, con tu mente, con tu alma. Y creo que esa es la más importante por no decir la única de verdad necesaria. Decía Doris Lessing, premio Nobel de literatura, que cuando una se convierte en madre, el corazón ya no vuelve a latir en el mismo sitio. Qué frase tan profundamente descriptiva. Se refería, sin duda, a esa especie de alerta, de torre vigía en la que te conviertes en el instante en que oyes llorar a tus hijos por primera vez.

Samantha y las maternidades ocultas

Como todo está tan desnaturalizado (empezando por los partos), todo va mal desde el principio y genera sentimientos como el tuyo. Por eso te entiendo. No es que no quieras a tus hijos, estoy segura de que sí, es que te compraste un Ferrari y tienes un coche de caballos (que va muchísimo más lento). ¡Menuda decepción tienes que tener y encima no puedes devolverlos!

Informarse sobre la maternidad tiene muchos campos. Las hay expertas en carritos e incluso he visto embarazadas saberse de memoria los precios de los mejores colegios de la ciudad y muy al día de las mejores marcas de ropa. El problema es que nada de eso importa cuando llegas a casa del hospital, muchas veces sin idea de nada y a las 48 horas, cuando te da el bajón de oxitocina, te ves desbordada...y terminas devastada, sola, demacrada, sin dormir, con dolor por el parto o una cesárea...y ahí llegan los llantos....y nadie te entiende. Quizás las madres deberían leer más sobre el puerperio y todo lo que conlleva, sobre biología, sobre psicología perinatal. Quizás, en lugar de preocuparse tanto por frivolidades como las marcas de carritos o volver a tener la barriga lisa en 20 días, deberían leer qué pasa si rechazo a mi bebé. Porque esas cosas pasan y, créeme, es durísimo.

Pero seré honesta contigo. Casi todas las que leemos esas cosas lo hacemos tarde, muchas veces cuando todo eso ya pasó, justo después de haber pasado exactamente por eso que describes. Ése es el problema. Y por eso decidí, como periodista que soy como tú, dedicarme a esto, a la familia, a la maternidad de manera profesional desde el periodismo. Porque me parece vital contar esto. Para mí, y para muchas personas, la maternidad no es contar qué cuna es la más confortable, ni chorradas tipo “me mantengo delgada porque corro detrás de mis hijos todo el rato”. La maternidad es un asunto muy serio que conecta con las emociones pero que tiene su parte científica y de la que sabemos (todavía hoy) muy poco.

Ser madre tiene muy poco que ver con las mamás relucientes en las portadas de las revistas. Hace poco leía a una ex-Miss España (María José Suárez) posar en una con su hija recién nacida diciendo: ”Yo es que no entiendo lo de la depresión postparto”. Y pensé en lo poco que contribuye dar cabida a ese tipo de declaraciones. Médicamente hablando es como que alguien dijera que no entiende a las personas que tienen cáncer. La depresión postparto no se elige como ninguna depresión. Son frases muy desafortunadas y hechas desde la ignorancia. Si todos estuviéramos más comprometidos, no se publicarían semejantes idioteces.

España tiene una baja por maternidad ridícula, dieciséis semanas. En realidad deberíamos tener una baja de dos años que es el tiempo que el bebé necesita (y la madre también) para poder recuperarse y volver a ser, casi, como antes. Y no hablo del cuerpo precisamente. Y matizo que deberíamos tener esa baja y que la coja quién quiera puesto que hay madres que no lo desean y muy respetable es también. Claro que todo esto desencadena otro tema que es el trabajo, lo que repercute a la mujer dejar de trabajar tanto tiempo, lo que supone para una PYME...pero es otro debate.

La naturaleza ha hecho (en este caso, sí) las cosas tan bien que si te paras a desmenuzar todo el proceso desde la biología que es la maternidad (como haces con tus programas) te quedarías maravillada de tanta perfección. A mí me parece que quizás ahí está el origen de tu frustración. Que has ido demasiado rápido. Tener bebés requiere calma, sosiego, paz, mucho silencio... y tú estás teniendo todo lo contrario: prisas, ruido... ¿Alguna vez te has preguntado si no has vuelto demasiado pronto al trabajo? Si la respuesta es que sí pero que no te quedaba más remedio, aquí va mi abrazo lleno de solidaridad. Si la respuesta es que querías, aquí va otro todavía con más solidaridad...lo queremos todo. Pero es que todo no es posible. No siempre es posible.

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Somos los mamíferos más indefensos sobre la tierra cuando nacemos. Necesitamos al menos unos siete años para que, si nos dejaran abandonados, pudiésemos sobrevivir. Es por esa circunstancia, la de la supervivencia, que los bebés son tan sumamente “coñazo”. Con perdón. Pero es así. En realidad no vienen diseñados para fastidiar, vienen programados para que no les pase nada si al adulto que los cuida se le olvida hacer las cosas bien. Por eso los bebés lloran cuando los dejas en una habitación. Su cerebro, diseñado hace miles de años y sin variación hasta hoy día, se activa en cuanto se aleja el adulto de referencia porque quedarse solo puede significar ser devorado por otro depredador. Vale, la habitación de una casa está libre de todo eso...pero es que el cerebro del bebé eso no lo sabe.

Si te hubieran (nos hubieran) enseñado desde pequeñas a que tenemos derecho como mujeres a parir y a tener una etapa de descanso larga después porque eso significa que vamos a cuidar mejor y cuidar mejor implica criar futuros adultos más felices, quizás no te hubieras llevado tanta decepción al ser madre. Dices que si tu madre te hubiera advertido de que ibas a dejar de ser periodista para ser cuidadora, te lo hubieras pensado mejor. Creo que es un error que te hayan dicho eso. Es que no es cierto. Una periodista nunca deja de serlo. Y más una como tú. Eso para empezar. Y creo honestamente que no pasa nada (el mundo sigue girando) si tú te bajas de él para ejercer de “cuidadora” durante un tiempo. Ya, te pueden quitar tu trabajo. En eso estoy de acuerdo contigo. Es la pescadilla que se muerde la cola. La sociedad no respeta ni valora a quién se retira momentáneamente a cuidar y la prueba más evidente está en tu frase, como si cuidar fuese algo peyorativo. Ni te cuento cómo son vistas las que deciden dejar de trabajar para criar. ¿Dónde está la libertad de esas mujeres, entonces?

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Y ahora quisiera centrarme en la palabra cuidadora. La RAE da muchas definiciones a cuidar y todas me parecen preciosas: poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo (esto lo haces en tus programas). Asistir, guardar, conservar...asistir, guardar, ¿no te parece precioso ser la responsable de la vida que tu útero ha hecho solito? ¿De esa maravilla que es generar una vida humana sin apenas hacer nada más que engendrarla? A mí me parece que, visto así, suena muchísimo mejor que si te lo venden como “estás perdiendo el tiempo”.

No sé en qué momento caló el mensaje de que cuidar de los bebés, de que ejercer la maternidad con devoción, era cosa de marujas. Yo coincido a veces con madres del colegio que desprecian profundamente la maternidad y en las reuniones siempre quieren dejar constancia de lo muy atareada que es su vida profesional. No encuentro tarea más importante y encomiable en la vida que cuidar a quién viene programado de serie para amarte. ¡Los bebés no hablan pero dicen tantas cosas! Da igual cómo sea la madre: aunque sea el ser más despreciable sobre la tierra, para ese bebé su madre será lo más maravilloso del mundo y nada reclamará más que estar constantemente en sus brazos, a ser posible tocando su piel. La naturaleza, te decía, ha programado las cosas así para que, a pesar del trabajo que dan, o precisamente por él, nos enamoremos de ellos y no los maltratemos o los abandonemos.

Samantha y las maternidades ocultas

Ojalá pudiera convencerte de que cada vez que atiendes el llanto de tu hijo y lo sostienes con fuerza en tus brazos, cada vez que secas sus lágrimas y le dices que lo quieres, cada vez que resuelves sus problemas porque acude a ti cual heroína, cada vez que le da un brinco en el corazón porque has ido a buscarlo al colegio, cada vez que pones tu mano en su frente porque tiene fiebre y le lees un cuento tumbada con él en la cama, cada vez que haces eso eres mucho más Diosa que mil veces recogiendo un premio Ondas. La fama, el trabajo, todo eso pasará. El amor hacia tus hijos y crear una familia será eterno.

Y es que ése es el problema. Que la sociedad nos ha convencido a las mujeres de que la maternidad es una cosa que hay que pasar de puntillas y de manera invisible si no quieres ser como tu abuela: una ama de casa y una maruja. No sé qué tremenda ideología puede haber en querer quitarnos u ocultar ese gran poder que solo nosotras tenemos y que es ése mismo que tú no estás viendo ni disfrutando: el de ser madre. Defender la maternidad es ser feminista. Defender que los bebés sean criados con apego es feminismo. Lo contrario es una cosa muy fea.

Por eso digo que te entiendo. Entiendo tu cansancio. Pero creo que es más vital que físico. Una mujer con tanta empatía y sentimiento como tú tiene que tener mucho ruido en su cabeza cuando dice lo que dice de la maternidad. El diagnóstico que das es bueno: estás agotada. Pero has fallado en la causa; no es la maternidad la que agota, es la sociedad que te ha hecho creer que puedes continuar con tu vida como si nada hubiera pasado después de ser madre. Y ya, a estas alturas te habrás dado cuenta de que eso no es así. Ojalá te libraras de todo ese ruido y disfrutaras más y mejor de algo que no vuelve. Porque hay una verdad indiscutible: los bebés crecen. Podrás tener más, pero serán otros.

Me despido no sin antes desearte la mayor de las felicidades. Estoy convencida de que eres una gran madre y que, a pesar del cansancio, quieres a tus hijos por encima de todo. Y con una petición: ¿Por qué no tratas en un programa el mundo de la maternidad desde una perspectiva más biológica y menos social?

PD. Esta carta es para todas las mujeres que sienten que su maternidad les ha llenado más que nada en el mundo y sienten que decirlo las sitúa en un plano profesional más bajo. Y sobre todo a las que la vida les ha llevado a pasar la mayor parte de su tiempo en la UCI de un hospital. Yo, que pasé por ello, sé que es la experiencia más aterradora que, como padres, podemos tener.

Gema Lendoiro es periodista y madre de tres hijos de 7 y 5 años y un bebé de mes y medio

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