«La carretera»: Una extinción poco emotiva

5 Febrero 10 - Sergi SÁNCHEZ

Director: John Hillcoat. Intérpretes: Viggo Mortensen, Kodi Scott-McPhee, Charlize Theron. Guión: J. Hillcoat y J. Penhall, según novela de C. McCarthy. USA, 09. Duración:  1 13 minutos. Drama.


Al leer «La carretera» da la sensación que Cormac McCarthy quería escribir un libro metafísico sin dejar de tener los pies en el suelo. La metafísica no nace, en la novela, de la divagación sobre el sentido de la vida en un planeta que se extingue sino del hambre, de las descripciones minuciosas de las estrategias de supervivencia, y de la tierra humeante y lluviosa del fin del mundo. Cormac McCarthy escribe como si le faltaran palabras, como si el lenguaje también fuera una especie en extinción y el trabajo del escritor fuera reencontrarse con él, restituir su valor para así encontrar el mar, extenso y horrible; no obstante, un océano de posibilidades. Pueden pensar lo difícil que era traducir esta novela en imágenes, a pesar de que contiene muchas imágenes que parecen puro guión.
John Hillcoat, con la inapreciable ayuda de Javier Aguirresarobe, autor de la fotografía, ha sabido filmarlas: el gris de la ceniza lo impregna todo, desde el cetrino rostro del Padre hasta las cerúleas manos del Chico, y las nubes pesan como bolas de plomo y algodón. La atmósfera cansada y opresiva de los espacios abiertos está plenamente conseguida en «La carretera», lo que no significa que esta película logre despegarse del peor defecto de las adaptaciones temerosas del qué dirán: la cárcel de la literalidad.
Hillcoat se agarra a la palabra de McCarthy sin atreverse a reinventarla, o a llevarla a un territorio más abstracto que el de un padre y un hijo que arrastran los pies por un planeta muerto. Todas las situaciones parten del libro –probablemente los caníbales tienen menos tiempo en pantalla–, pero al realizador le cuesta hacerlas conmovedoras. La interpretación humilde y espectacular de Viggo Mortensen y su compañero de reparto, el joven Kodi Scott-McPhee, apoyan la moción, pero no pueden darle el gas suficiente a una película a la que le cuesta moverse entre la maleza, cargando con los molestos «flashbacks» con Charlize Theron, que parecen existir sólo según el dudoso reclamo de su nombre, y cargando también con una gravedad fría y mecánica, que carece del nervio seco, antipático, de la novela. La transferencia del código de valores en que deberá sustentarse la Humanidad tras el apocalipsis se habría merecido un mejor médium que Hillcoat.

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