Jardiel ese autor del siglo XXI

18 Diciembre 09

«Angelina o el honor de un brigadier»
Autor: E. Jardiel Poncela. Dirección y escenografía: J. C. Pérez de la Fuente. Vestuario: J. Artiñano. Reparto: Ch. Lera, J. Dicenta, S. Mallol, C. Lapausa, L. Perezagua, Z. Eguileor, C. Arévalo, D. Huarte, P. Blázquez...  Teatros del Canal. Madrid, 17-XII-2009.
Lo peor acerca de «Angelina o el honor de un brigadier» es que un sector de la «intelectualidad» cargado de prejuicios no disfrutará de una deliciosa y divertísima tarde de teatro por considerar a Enrique Jardiel Poncela un autor conservador, por creer que sus comedias ya no están «in» y por otras necedades similares. Por las mismas sinrazones, esta obra maestra del humor ha pasado demasiado tiempo alejada de los escenarios.
Un gran montaje
Juan Carlos Pérez de la Fuente se ha embarcado en una de sus apuestas más personales. El que fuera director del CDN durante ocho años ha sabido entender que un gran montaje puede surgir de la más alegre y lúdica de las perspectivas. Su mirada es inteligente: primero por saber escoger y recuperar (la última versión de esta obra la firmó Pérez Puig en 1978). Segundo por entender que Jardiel, como Mihura o Muñoz Seca, tiene un público en el siglo XXI y que su humor, fresco y vigente, sólo necesita de una lectura acorde a los tiempos. El error no es llevar a Moratín o a Ramón de la Cruz a las tablas, ya que pueden hacernos reír hoy en día, sino hacerlo como era costumbre hace medio siglo, como ha demostrado Ernesto Caballero. Esta «Angelina» estrenada en el Canal se convierte en un vehículo moderno vestido de época por el que nos llega una fina farsa que retrató la España que caminaba hacia el desastre del 98 y se burló con ternura de los estertores del romanticismo y de mitos tan españoles como el de Don Juan. Jardiel deshaucia al drama de honor a través de un festín de versos bufos que, sin ser teatro del absurdo, lo presagia. Toda parodia engrandece a su modelo al convertirse a su vez en homenaje. Y algo así ocurre con el folletín grandilocuente, periclitado a través de esta historia de duelos por honor y cuernos, los que sufre el brigadier del título. Un genial disparate por el que circulan damas inconstantes, casanovas cobardes y prometidos plomizos. El director logra que la comicidad no fagocite a la elegancia –exquisitos los figurines de Artiñano, y la idea de recuperar la escuela de los telones pintados–  y que el reparto componga un hilarante y compacto lienzo decimonónico. Entre ellos, con luz propia, el Germán de Jacobo Dicenta, muy divertido; el Marcial de Chete Lera, sólido como es costumbre; la pizpireta Angelina de Carolina Lapausa; el dúo de banquero y médico que componen Luiz Perezagua y Zorión Eguileor, y el novio cargante que perpetra poesía, de Daniel Huarte. Ojalá este Jardiel, canónico, con el que se ríe a rabiar, sirva para acabar con algunos prejuicios.
 

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