«Tiana y el sapo»: Espíritu Obama
Director: John Musker y Ron Clements. Guión: John Musker, Ron Clements y Rob Edwards. Música: Randy Newman. EE UU, 2009. Duración: 97 minutos. Animación
Hay que celebrar el don de la oportunidad de este retorno de la Disney a la animación tradicional: algo del espíritu de Obama debían olerse los biznietos de Blancanieves para tomar la decisión de incorporar a una protagonista de color a su largo «casting» de heroínas abrumadas por su deseo de ascensión social. Que Tiana, la chica que se deja las cejas en dobles turnos como camarera en la Nueva Orleans de los años veinte para cumplir su sueño –y el de su difunto padre– de tener un restaurante de su propiedad sea negra acaba por tener menos importancia de la que debería en esta película que intenta resucitar un estilo animado que parece haber sido eclipsado para siempre por los avances titánicos del digital. Se trata, pues, de entender lo que significa ponerse en la piel del Otro: porque cuando Tiana y el príncipe Naveen se convierten en ranas aprenderán de sí mismos a través de la Otredad.
La partitura de Randy Newman no es especialmente inspirada y los directores de «La sirenita», Musker y Clements, no aciertan con los personajes secundarios –especialmente irritante resulta la luciérnaga paleta enamorada de un estrella–, aunque sí saben imprimir al relato un brío en el ritmo y una vitalidad en el trazo que transforman este cuento de autosuperación y aprendizaje en un ligero, electrizante divertimento.















Envía esta noticia a un amigo