Tras la jubilación, muchos mayores deben seguir activos para cuidar a familiares o llevar negocios

El trabajo continúa más allá de los 65 años

Uno de cada seis españoles ha superado ya la edad de jubilación. El colectivo reivindica su papel en la sociedad.

6 Febrero 10 - Madrid - M. Poveda

En España hay cada vez más gente mayor. La población envejece y el relevo generacional no está garantizado. Esto ha creado una nueva generación: están jubilados, pero siguen con plenas facultades y con vitalidad. Han cambiado su oficio de toda la vida por un trabajo en beneficio de su familia, ya sean los hijos o sus mayores dependientes. Y, mientras pueden, disfrutan del tiempo libre. Son mayores, pero no ancianos.
Un informe del Instituto de Política Familiar (IPF) revela que la población menor de 14 años apenas llega al 14,5% en España, mientras que la mayor de 65 años representa el 16,67%. La tendencia es imparable y se estima que en 2050 la pirámide poblacional se habrá invertido por completo: los mayores serán la base. Por cada tres mayores, sólo habrá 5 personas en edad activa.
El dato refleja el «invierno demográfico» en el que estamos inmersos en el que ya hay un millón más de personas mayores que jóvenes. Dicho de otro modo, por cada diez jóvenes en España viven doce personas mayores. Castilla y León, Galicia y Asturias son las comunidades más envejecidas. Allí, una de cada cuatro personas tiene más de 65 años.
¿Y cómo vive esta parte de la población cada vez más relevante? Algunos se han inventado una vida ideal, la que siempre añoraron desde el frío de la meseta. Son Justo Villaseco y su mujer, Maria Antonia, propietarios desde hace ocho años de un apartamento en una urbanización de la Costa del Sol acondicionada para seniors: baños adaptados, accesos para sillas de ruedas, gimnasio con preparador, centro médico y restaurante dentro del complejo. «No es mucho más caro que un apartamento normal y tenemos todos los servicios», cuenta Justo de su casa en el «senior resort» Sol Andalusí, un concepto importado de la estadounidense Florida.
El perfil de Justo y María Antonia es el que los sociólogos denominan «cultivadores de ocio»: viajes, tenis, lectura... «hacen lo que no han podido hacer mientras trabajaban», define Benjamín García Sanz, del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid.

Ayudar a aceptar el cambio

Pero no todos los mayores se dedican a la buena vida.  Otros han buscado una afición-trabajo para transmitir a los demás su experiencia. Es el caso de Manuel Doblado, un prejubilado de banca fundador junto a otros ocho compañeros de «Jubiqué», una asociación donde asesoran sobre los detalles técnicos del contrato de prejubilación, aclaran incertidumbres y temores y, por qué no, «organizamos excursiones y comidas siempre que podemos», cuenta. Hace ya 10 años que Manuel Doblado se prejubiló. Viudo, vive en Madrid con la pequeña de sus hijas, de 24 años. Su madre, de 88 años, «tiene la salud suficiente para vivir independiente».
La madre de Manuel es una excepción. En España hay más de 2,2 millones de mayores de 65 años con discapacidad –casi uno de cada tres–. Cuando hay problemas de independencia, los ancianos prefieren vivir con sus hijos, a pesar de la falta de ayudas a las familias. Es el caso de Marisa, que cuida de su madre Victoria, enferma de alzhéimer. A la espera de las ayudas de la Ley de Dependencia, que no llegan, Marisa tuvo que sacar a la madre de su residencia y llevársela a casa. «Para mí la Ley de Dependencia no existe», denuncia tras haber solicitado las ayudas en 2007 y tener a su madre dictaminada con el grado máximo de incapacidad.
Y cuando no son los ascendientes, son los descendientes. Según los datos del IPF, siete de cada diez mayores cuidan de sus nietos. Tener que cuidar de un familiar enfermo o ayudar a los hijos son las obligaciones más frecuentes con las que se encuentra la gente retirada. Dejan su trabajo, sus horarios y su rutina, pero adquieren una nueva al servicio de los suyos. Continúan siendo activos, pero «no remunerados».

Vocación tardía

Pero hay tantas opciones de vida, como personas. Por ejemplo, Gabriel Montserrate, que derrocha vitalidad a sus 90 años, escribe actualmente su segunda novela. La primera, sobre sus avatares en la Guerra Civil, le ha llevado a dar conferencias por varias universidades: «Me jubilé a los 62 de un puesto de encargado de una fábrica de coches y, poco a poco, he montado mi rutina: por las mañanas escribo y, por la tarde, después de la siesta, salgo con mi mujer a jugar a las cartas y al parchís al Casal».  El Casal es una asociación para la tercera edad en Barcelona y su mujer, María, con la que lleva 64 años de matrimonio y tres hijos, «uno ya jubilado».
Unos y otros coinciden en que ahora, en la llamada edad dorada, viven  mejor que antes: «La jubilación que tengo nunca la soñé», resume Monserrate y alude a haber vivido en varios regímenes políticos. Pero sobre todo, insisten en que quieren que se rompa el estereotipo de que los mayores «sólo nos dedicamos a ver la tele y jugar a las cartas. Seguimos siendo activos. Y jóvenes, pero con experiencia», zanja Doblado.

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