Laporta busca los huesos del «mártir» del Barça: El Barcelona exhumará los restos de Sunyol fusilado en 1936

El 6 de junio de 1936, Josep Sunyol, ex presidente blaugrana y diputado de ERC, fue ejecutado por las tropas nacionales en la sierra de Madrid. ¿Fue un despiste? ¿Una traición del chófer que lo llevaba?  El retorno de sus huesos se lleva en absoluto secreto.
 

18 Octubre 09 - Javier Brandoli - Madrid

La historia ha reservado un hoyo recubierto de hojarasca y olvido al que fuera presidente del F. C. Barcelona y diputado de ERC,  Josep Sunyol, fusilado en la sierra de Guadarrama al inicio  de la Guerra Civil por las tropas nacionales. Allí, en medio de un simple merendero del pueblo de la sierra madrileña, sólo una lápida recuerda al que fuera considerado «mártir del barcelonismo». Sin más. Rodeado de la nada.
Así ha sido durante décadas en las que nadie se ha interesado por quitarle el polvo al terreno que cubre un suceso sobre el que se acumulan las incógnitas. Así hasta que el actual presidente del Barcelona, Joan Laporta, ha visto un espejo en el que le gustaría reflejarse y ha decidido devolver a los suyos lo que un grupo de soldados abandonó, previsiblemente, en medio de una cuneta de la antigua carretera Nacional VI.  
¿Qué lleva a un presidente como Laporta a lanzarse a por los huesos del «mártir» Sunyol? ¿Y por qué precisamente ahora? La carga simbólica del personaje es evidente. Lo que representa para el barcelonismo, también. Y qué decir de lo que supone para la causa nacionalista. Tres ingredientes, por tanto: mártir, culé e independentista. Todo en uno. Qué más se puede pedir para un presidente como Laporta.
Lo cierto es que la «operación Sunyol» se ha llevado en el barcelonismo en el más absoluto de los secretos. La liebre ha saltado, no obstante, cuando se han perfilado ya los últimos detalles de esta operación rescate. Según han confirmado a LA RAZÓN fuentes de Guadarrama, en los próximos días un equipo de expertos en arqueología rastreará la zona en busca de los restos del ex presidente barcelonista.
La clave para llevar a buen puerto la operación es que realmente los restos se encuentren bajo la lápida que lleva el nombre de Sunyol, algo de lo que no hay seguridad plena teniendo en cuenta que la tierra ha sido removida. Según los expertos, las circunstancias en las que se produjo su fusilamiento y la propia actividad del frente hacen difícil determinar quién, cuándo y cómo enterró al parlamentario de ERC.
Según fuentes próximas a la familia, la intención de los responsables del Barcelona es acudir en los próximos días al lugar donde se cree que se encuentran los restos del presidente, posiblemente antes de que termine el mes de octubre para, una vez localizados los huesos y verificado que corresponden a los de Sunyol, trasladarlos a Barcelona.
Cruzar la línea enemiga
La muerte de Sunyol es aún hoy un enigma por descifrar. Las versiones divagan entre una traición y un despiste. Las crónicas de los  periódicos de la época apuntaban a su chófer como culpable; al imaginario popular ha llegado una versión mucho más rocambolesca que se encuentra en la mayor parte de las páginas consultadas en internet que tratan este asunto.
El arqueólogo, investigador y escritor Jesús Vázquez, vecino de la localidad segoviana de San Rafael, ha escrito un libro, «Guerra en las cumbres: batalla del Guadarrama», en el que recoge el asesinato de Sunyol. «No hay mucha documentación sobre  este asunto», explica. En su manuscrito se describe así lo ocurrido: «Sunyol se hallaba de gira por el centro de la Península e hizo un receso para ver de primera mano cómo la República frenaba a las huestes rebeldes que amenazaban Madrid. Una confusión, probablemente propiciada por la desinformación, les hizo traspasar las primeras líneas y caer en manos del enemigo».
Según la mayoría de relatos que existen sobre este hecho, una comitiva formada por cuatro personas cruza velozmente en un coche, el 6 de agosto de 1939, la frontera de plomo que dividía las dos Españas. En la Sierra de Guadarrama se lleva luchando desde el 22 de julio por ganar palmos de monte. Primero son los republicanos los que en las primeras horas de la mañana de aquel día se adelantan y toman las cotas altas. Esa misma tarde las tropas nacionales reaccionan y expulsan al enemigo del Alto del León y los picos aledaños (allí instalan su cuartel general). «Una carretera, la Nacional VI, divide en ese momento a ambos ejércitos», explica Vázquez.
Desde el 29 de julio, el empuje de los nacionales va consiguiendo ganar metros en el frente. El 6 de agosto la frontera entre ambas formaciones, en los aledaños de la población de Guadarrama, se sitúa, más o menos, en el kilómetro 51 de la carretera. Camino que marcará el destino de Sunyol.
Es ese día, el 6 de agosto, cuando todos los textos consultados y crónicas periodísticas sitúan la muerte de Sunyol. El coche circula por la Sierra madrileña y, sin saberlo, cruza el frente y pasa a territorio enemigo. Los ocupantes desconocen que se hallan en zona hostil y ven a unos hombres armados que creen que son milicianos. Sunyol baja del vehículo dando vivas a la República. Él está allí para mantener alta la moral de la tropa. Sin embargo, los supuestos camaradas resulta que forman parte del ejército nacional. Lo reconocen, parece, de inmediato. Se trata de un diputado de ERC y presidente del F. C. Barcelona. Una pieza importante para cobrarse. En poco tiempo, y sin que haya un juicio de por medio, parece, Sunyol es fusilado junto a sus acompañantes. El lugar elegido para la ejecución está, aproximadamente, en el kilómetro 53 de la N-VI, junto a una fuente que ha sido trasladada al pueblo de Guadarrama. Ésta es la versión que durante estas siete décadas de olvido más se ha repetido. Lo malo es que ofrece muchas dudas. ¿Cómo puede ser que un coche oficial de un personaje tan importante como Sunyol se perdiera en medio de un frente de guerra? ¿Un grupo de soldados en el año 1936 reconocería a Sunyol de inmediato? ¿Por qué no hubo juicio? ¿Tiene sentido que el cuerpo fuera abandonado en una cuneta y fuera posteriormente encontrado por milicianos de la República y enterrado tres kilómetros más abajo, dirección Madrid? ¿Cuántas personas y quiénes eran los que iban en el coche? La mayor parte de respuestas es casi imposible contestarlas, pero si nos atenemos a las crónicas periodísticas de la época, sí podemos encontrar algunas pistas.
Traición del chófer
En el periódico «Abc», el 18 de agosto, los hechos se narraban así: «El señor Sunyol salió en un coche militar que conducía un soldado del Parque Móvil de Automovilismo, y que hasta no hace mucho tiempo fue el chófer del ex coronel Aranda, jefe hasta ayer de los sublevados en Oviedo». Luego, el artículo señala que «pasó el coche del grueso de las fuerzas leales y rebasó avanzadillas de milicianos a gran velocidad. Una de estas, con fusiles y ametralladoras, hizo unos disparos al aire para llamar la atención a los viajeros sobre el peligro que corrían en el caso de ascender la montaña».


El texto explica que los ocupantes del vehículo «tuvieron que verse dentro de las avanzadillas de los facciosos, que los capturaron». Sin embargo, el cronista cuestiona los hechos y explica que «los prisioneros fueron juzgados por juicio sumarísimo (contradice la versión de que no hubo juicio)  y ejecutados en pleno campo. Sus cadáveres aparecieron junto a la cuneta y en el kilómetro 52 de la carretera de Guadarrama. Pero ahora resulta que los cadáveres hallados han sido tres y los ocupantes del coche eran cuatro: el Sr Sunyol, el secretario general de Obras Públicas, un teniente de milicias y el chófer aludido anteriormente», dice la crónica.
Dudas razonables
«Resulta pues algo incomprensible el suceso, que no está del todo esclarecido. Hemos de decir, no obstante, que el chófer es, o era, un hombre muy obediente a quien por motivo de la sublevación militar se le habían confiado misiones delicadas que cumplió rigurosamente», aclara el texto.
 Entre ellas, menciona el periódico que «llevó a columnas leales que operan para limpiar de facciosos la provincia de Córdoba, documentos y municiones». El pero que añaden es que el chófer «no ocultó repetidas veces su admiración por el ex coronel Aranda, a quien había servido de chófer durante mucho tiempo». Es decir, según esta versión, una posible traición del chófer, que decide cambiar de bando, fue lo que hizo que Sunyol se encontrara en el lugar equivocado y con la compañía equivocada.
Ahora, 73 años después, Laporta ha decidido desenterrar el pasado de su mártir. ¿Serán los huesos que supuestamente están debajo de la solitaria lápida de Guadarrama los de Sunyol? Si lo son, Laporta podrá presumir de devolver a casa la figura que vislumbra tras el espejo.
 

Dedicado a la política y el deporte
Josep Sunyol i Garriga nació en Barcelona el 21 de julio de 1898. «Hombre de gran personalidad muy respetado por todo el barcelonismo, inició su trayectoria como directivo azulgrana en 1928, curiosamente en la junta presidida por Arcadi Balaguer, un monárquico convencido y por lo tanto un hombre de convicciones políticas muy distintas a las suyas», explica sobre su figura la web del club. Sunyol fue un destacado miembro de Esquerra Republicana de Cataluña (diputado en las Cortes españolas durantes las tres legislaturas que hubo en la Segunda República.) Además, fue también presidente del Real Automóvil Club de Cataluña y de la Federación Catalana de Fútbol en la temporada 1929-30. Sunyol alcanzó bastante notoriedad tanto por su actividad política, como por su implicación en el mundo del deporte. En este ámbito cabe destacar que fue el impulsor y propietario del semanario «La Rambla», que difundió el lema «deporte y ciudadanía», explica la web.
 

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