Revolución al cuadrado: la segunda juventud del cubo Rubik

Triunfó en los 80, hibernó en los 90 y ahora arrasa de nuevo. Una nueva generación se ha enganchado al cubo de Erno Rubik, que cumple 30 años. Desde su laboratorio, el enigmático profesor desvela los secretos del juguete más popular de la historia.

8 Febrero 09 - Gonzalo Suárez - Madrid

Pocos sectores están sufriendo tanto la recesión como la industria juguetera. Cada mes, fábricas de medio mundo mandan al paro a millones de empleados. Sin embargo, hay un puñado de empresas que, lejos de notar la crisis, no paran de contratar personal para saciar una demanda sin fondo aparente. El secreto de este «boom» es la inopinada resurrección de un producto que llevaba dos décadas en el congelador de la historia: el cubo Rubik.
De repente, el rompecabezas está por todas partes. Es el juguete predilecto del robot protagonista de «Wall-E». El grupo Elbow lo puso en la portada de su elogiadísimo disco del año pasado, «Seldom Seen Kid». Y también protagonizó una provocadora instalación de la Tate Gallery, en la que George Bush aparecía enfrascado en la resolución del dichoso cubo. Desde la «fiebre Rubik» de hace tres décadas, el juguete nunca había estado tan de moda.

15 millones al año
Este «revival» está disparando las ventas. El año pasado, se despacharon 15 millones de unidades en todo el mundo, la cifra más alta desde los años 80. De ellas, 180.000 fueron en España, donde el negocio se ha multiplicado por cinco en un par de años y sin apenas publicidad. «Es el juguete ideal para estos tiempos de crisis: ¿hay otro que te dé tantas horas de entretenimiento por sólo 15 euros?», argumenta Carlos Prieto, director para España de Goliath , la empresa que distribuye el juego.
Desde su estudio de Hungría, Erno Rubik sigue el renacer de su cubo con una mezcla de asombro y satisfacción En los 80, la fiebre global por su invento  le convirtió en uno de los hombres más ricos de su país. Este pelotazo le permitió retirarse de la vida pública y volcar todas sus energías en otras pasiones, como la arquitectura o los videojuegos.  «Pero todavía me siguen preguntando por el secreto del éxito del cubo», asegura en una de las escasísimas entrevistas que ha concedido en estos años. «Supongo que el rompecabezas vuelve a venderse porque a los jóvenes siempre les ha interesado lo que hacían sus abuelos: sus objetos, sus aficiones... Por eso también triunfa la moda retro».
El creciente interés por su rompecabezas le ha animado a abandonar temporalmente su retiro. Así, esta semana ha presentado un nuevo producto, el Rubik 360, que aterrizará en las tiendas en la primavera. Sus «fans» han acogido con entusiasmo la nueva criatura del gurú. Se trata de una pelota transparente que contiene tres esferas de plástico y seis bolas de colores que hay que ubicar en unas pequeñas cúpulas.
 
Hasta en el MoMA
Aunque las primeras críticas han sido positivas, nadie tiene muy claro que este invento vaya a igualar el descomunal éxito del original. «Si tienes varios hijos, el primero siempre es especial», ha admitido. «Sólo puedes tener un hijo que sea el primero. Sin embargo, tus otros hijos también tienen virtudes que admirar». Esta respuesta es una admisión de lo evidente: que ni él mismo sabe cómo replicar el éxito de su cubo ochentero. A fin de cuentas, no es un producto cualquiera, sino el juguete más popular de la historia, con 400 millones de ejemplares vendidos y otros tantos en copias piratas. De hecho, muchos ya no lo consideran un juguete, sino una auténtica obra de arte:  por algo cuenta con un expositor permanente en el MoMA de Nueva York.
En el 30 cumpleaños del cubo, su hechizo sigue sorprendiendo a los expertos. Como tantos otros iconos del diseño, su secreto es el perfecto equilibrio entre sencillez y complejidad. Aunque cualquiera puede entender su funcionamiento en cuestión de segundos, sus posibilidades son casi infinitas. Así, existen 43 trillones de combinaciones distintas, más que los segundos transcurridos desde el origen del Universo. «Cada vez que te enfrentas al cubo es como un juego nuevo, nunca te cansas», explica Erik Akkersdijk, que ostenta el récord mundial de resolución del cubo: 7,08 segundos.

Uno en cada hogar
Tras su lanzamiento en 1980, su rompedor diseño en tres dimensiones convirtió al cubo en un fenómeno planetario. La herencia de aquella fiebre llega hasta nuestros días: raro es el hogar occidental que no posee uno de estos aparatos, aunque sea bajo una montaña de trastos en el desván. Sin embargo, el cubo se topó con un inconveniente: muy pocos sabían resolverlo sin recurrir al truquito de cambiarle las pegatinas. «En cuanto le dabas cuatro vueltas ya no había marcha atrás y los que podían completarlo se volvían los guays de la clase», explica Álvaro Ibáñez, autor del popularísimo blog «Microsiervos» y experto en el cubo.
Frustrados por su endiablada dificultad, muchos se fueron olvidando del rompecabezas. Así cayó en el olvido y dejó de distribuirse en muchos países. Pero, con el cambio del siglo, vino la resurrección. Poco a poco, los dueños de las jugueterías empezaron a recibir pedidos. Muchos compradores eran «fans» de los 80 que ahora se lo regalaban a sus hijos para alejarlos de la videoconsola. Pero también adolescentes que conocieron el juego a través de internet, la clave de este «revival». «La red ha permitido su transformación en un fenómeno social», afirma Alejandro Aguado, que posee el récord español, 10,75 segundos.
Un paseo por internet evidencia el florecimiento de una pujante «cultura Rubik». Existen miles de páginas en las que los adictos al cubo intercambian vídeos, algoritmos y consejos con los que mejorar las marcas. También se celebran centenares de campeonatos de «speedcubing»  con numerosos participantes. En ellas, hay todo tipo de especialidades: con una mano, con los pies, bajo el agua… Pero la más espectacular es la resolución «a ciegas»: el jugador memoriza la ubicación de las 54 casillas, se pone una máscara y lo resuelve en menos de un minuto. Y eso no es nada: el campeón español de esta variante, Manuel López, puede hacerlo con siete cubos a la vez. «Este fenómeno es algo que jamás imaginé», explica el profesor Rubik. «La agilidad de estos chicos es increíble. En los 80, la cuestión no era cuánto tiempo tardabas en hacer el cubo, sino si eras capaz de conseguirlo».

Profesionales del cubo
Por ahora, los dominadores del «speedcubing» son los japoneses, los franceses y los estadounidenses. Sin embargo, España está recortando distancias y ya presume de un campeón del mundo: Ernesto Fernández, el mejor en Rubik’s Clock, una versión del juego. También hay jugadores semiprofesionales como David Calvo, uno de los pioneros, que compagina sus estudios con apariciones en la tele, en anuncios, en exhibiciones...
Mientras, los aficionados están convencidos de que cada vez habrá más «cubers» como Calvo.   Tras un lustro de silencioso despegue, éste podría ser el año en el que el juego salte a un público masivo. Así, el profesor Rubik podrá regresar a su estudio con la confianza de que su criatura se ha ganado otras tres décadas de supervivencia en las jugueterías. «Nadie sabe lo que ocurrirá en el futuro y la palabra “siempre” me suena un poco fuerte», reflexiona. «Pero si ha sido capaz de aguantar 30 años con tanta salud, ¿por qué no va a vivir para siempre?».

Anatomía del juguete más popular
- El cubo tiene 43 trillones de combinaciones distintas. O, para ser más precisos, 43.252.003.274.489.856.000.
- El holandés Eric Akkersdijk ostenta el récord de resolución más veloz: 7,08 segundos.
- Las marcas se han disparado en los últimos años. El profesor Rubik tardaba un minuto y el primer campeón del mundo ganó con una marca de 22,95 segundos.
- El más lento de la historia es el británico Graham Parker, que tardó 27.400 horas repartidas en 26 años.
- En los campeonatos hay especialidades de todo tipo: a ciegas, con los pies, a una mano, bajo el agua...
- El Rubik 360, que se lanzará en primavera, es la nueva apuesta de su creador.

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