Anthony Burgess parodió la Guerra Fría en «Vacilación»
Una trama corrosiva de espías
LITERATURA
Anthony Burgess
«Vacilación»
editorial acantilado
304 páginas. 22 euros
Hijo de un padre que trabajaba como contable y que en sus ratos libres tocaba el piano en una taberna, Anthony Burgess escribió cinco novelas, y desde entonces hasta su muerte en 1993 siguió despuntando una obra inmensa y descomunal en la que caben la crítica despiadada que hizo de la Inglaterra consumista y provinciana en «El derecho a una respuesta», el coqueteo con la distopía en «La semilla necesaria» y «La naranja mecánica», los juegos de palabras y la antropología estructuralista de Lévi-Strauss en «MF», la Heroica de Beethoven en la musical «Sinfonía napoleónica» y esta trama detectivesca con pasos de comedia y seriedad intelectual que acaba de ser publicada por primera vez en castellano.
Tono irónico
Editada en 1964, «Vacilación» pretende emular, con un tono irónico, las novelas de espionaje de Ian Fleming, el creador de James Bond. A través de Denis Hillier, un agente del Servicio Secreto inglés cuya última misión es rescatar con vida a Roper, un científico inglés que ha desertado de las filas de Su Majestad y prepara combustibles para cohetes espaciales en la URSS. Burgess construye un relato disparatado que tiene como escenario el «Polyobion», un crucero que recorre el mar Adriático con destino a Estambul repleto de personajes estrambóticos como un niño prodigio, una adolescente deseosa de aventuras sexuales, una hindú que se sabe de memoria todas las posturas del Kamasutra y Theodorescu, un homosexual adinerado que compra y vende información. Así, mediante este juego de disfraces y dobles sentidos que recorre las vidas de Roper y Hillier desde que fueron compañeros en un colegio de viejos sacerdotes católicos hasta su participación en el bando de los aliados durante la II Guerra Mundial, Burgess, además de poner de manifiesto muchos de los temas que se discutían en aquella época de secreto confidencial y guerra fría, como el papel del catolicismo, el sentido del Bien y del Mal y la inoperancia de los que se hacían llamar neutrales, narra una historia descabellada de agentes y espías que deslumbra tanto por su humor corrosivo y descabellado como por su altura intelectual.















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