jueves, 29 junio 2017
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«Posibilistas» y radicales luchan por el control del entramado etarra

  • El rebrote del terrorismo callejero, prueba de fuerza del sector más duro

Madrid- La huelga de hambre que presos de ETA  mantuvieron para pedir la libertad del recluso Echevarría Bolinaga, ha servido para que aflorara, dentro del entramado de la organización criminal, el enfrentamiento entre dos sectores, con planteamientos claramente diferenciados.
Por un lado, el sector «posibilista» de Batasuna, que tiene en el diario «Gara» su escaparate, apuesta por llevar las cosas «dentro del carril» y seguir la estrategia de realizar, frente al Gobierno del Partido Popular, planteamientos «unilaterales» y «movimientos insospechados» con el fin de colocarle en una situación en la que no tenga más remedio que concederles lo que piden.

Frente a ellos, el otro sector, cuya influencia crece día a día, que es partidario de «pasar a la acción» y plantear las cosas por la fuerza. El rebrote del terrorismo callejero es una prueba de ello. Se ha producido una veintena de ataques, el último el viernes en Lemóniz, Vizcaya.
Un ejemplo de este enfrentamiento se observa en las declaraciones y artículos de destacados miembros del sector «posibilista»,  partidarios de adoptar posiciones pragmáticas para lograr la libertad de los presos y el regreso, dentro de la mayor impunidad, de los etarras que se encuentran huidos, en la clandestinidad.

El otro sector, del que forma parte el colectivo de los reclusos de la banda (el EPPK, por sus siglas en euskera), y la estructura de apoyo que han montado en el exterior de las cárceles,  reclaman una amnistía, es decir, una decisión política y no técnica, con la consiguiente modificación de la legislación vigente.
 Los artículos que se han publicado en «Gara» a favor de la «unilateralidad» han tenido respuesta inmediata de los más radicales. A través de distintos foros, proclamaban que «ahora ya no hay unilateralidad que valga» y que a los presos había que «arrancarlos de las garras del Estado y hay que hacerlo ya».

La situación de enfrentamiento llegó hasta tal punto que se intentó que el diputado general de Guipúzcoa, Martín Garitano, hiciera de mediador entre los «posibilistas» y los «arantxas» (el colectivo de apoyo externo a los presos que lidera la letrada Arantxa Zulueta) para determinar el alcance de las movilizaciones que se iban a realizar en torno al «asunto Bolinaga». Los primeros intentaban limitarlas a algo testimonial, que no supusiera un desafío al Gobierno, y, al parecer, se llegó a un acuerdo de mínimos. Sin embargo, todo era ficticio. Los enfrentamientos se pusieron de nuevo de manifiesto en la manifestación convocada en Bilbao el pasado 24 de agosto, que fue prohibida por la Audiencia Nacional. Batasuna decidió acatar la decisión y recomendó a sus militantes que fueran por las aceras,  lo que provocó el rechazo de los del otro sector.
En plena calle exigieron una asamblea inmediata «porque quieren que nos bajemos los pantalones... y esto no se puede permitir…». Asimismo, denunciaban que las decisiones se toman sin consultar con las bases.

Madrid- La huelga de hambre que presos de ETA  mantuvieron para pedir la libertad del recluso Echevarría Bolinaga, ha servido para que aflorara, dentro del entramado de la organización criminal, el enfrentamiento entre dos sectores, con planteamientos claramente diferenciados.
Por un lado, el sector «posibilista» de Batasuna, que tiene en el diario «Gara» su escaparate, apuesta por llevar las cosas «dentro del carril» y seguir la estrategia de realizar, frente al Gobierno del Partido Popular, planteamientos «unilaterales» y «movimientos insospechados» con el fin de colocarle en una situación en la que no tenga más remedio que concederles lo que piden.

Frente a ellos, el otro sector, cuya influencia crece día a día, que es partidario de «pasar a la acción» y plantear las cosas por la fuerza. El rebrote del terrorismo callejero es una prueba de ello. Se ha producido una veintena de ataques, el último el viernes en Lemóniz, Vizcaya.
Un ejemplo de este enfrentamiento se observa en las declaraciones y artículos de destacados miembros del sector «posibilista»,  partidarios de adoptar posiciones pragmáticas para lograr la libertad de los presos y el regreso, dentro de la mayor impunidad, de los etarras que se encuentran huidos, en la clandestinidad.

El otro sector, del que forma parte el colectivo de los reclusos de la banda (el EPPK, por sus siglas en euskera), y la estructura de apoyo que han montado en el exterior de las cárceles,  reclaman una amnistía, es decir, una decisión política y no técnica, con la consiguiente modificación de la legislación vigente.

 Los artículos que se han publicado en «Gara» a favor de la «unilateralidad» han tenido respuesta inmediata de los más radicales. A través de distintos foros, proclamaban que «ahora ya no hay unilateralidad que valga» y que a los presos había que «arrancarlos de las garras del Estado y hay que hacerlo ya».

La situación de enfrentamiento llegó hasta tal punto que se intentó que el diputado general de Guipúzcoa, Martín Garitano, hiciera de mediador entre los «posibilistas» y los «arantxas» (el colectivo de apoyo externo a los presos que lidera la letrada Arantxa Zulueta) para determinar el alcance de las movilizaciones que se iban a realizar en torno al «asunto Bolinaga». Los primeros intentaban limitarlas a algo testimonial, que no supusiera un desafío al Gobierno, y, al parecer, se llegó a un acuerdo de mínimos. Sin embargo, todo era ficticio. Los enfrentamientos se pusieron de nuevo de manifiesto en la manifestación convocada en Bilbao el pasado 24 de agosto, que fue prohibida por la Audiencia Nacional. Batasuna decidió acatar la decisión y recomendó a sus militantes que fueran por las aceras,  lo que provocó el rechazo de los del otro sector.

En plena calle exigieron una asamblea inmediata «porque quieren que nos bajemos los pantalones... y esto no se puede permitir…». Asimismo, denunciaban que las decisiones se toman sin consultar con las bases.
 

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