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La «pesadilla» de los bares de La Elipa

Un hombre de 35 años amenaza a los camareros del barrio y les roba las propinas. Ha llegado a agredir a los vecinos para pedirles dinero

  • Juan José, de 35 años, vive en una furgoneta y tiene atemorizados a los camareros del barrio de La Elipa / David G. Folgueiras
Raúl Salgado. 

Tiempo de lectura 2 min.

10 de agosto de 2012. 02:25h

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Raúl Salgado.  10/8/2012

MADRID- Con una cerveza en la mano, deambulando de bar en bar, y pidiendo, siempre pidiendo. Desde hace unos tres meses, los bares del distrito de las Ventas cuentan con una asidua y a la vez poco grata visita. Se trata de Juan José, un vecino de 35 años que, tras sus percances con camareros y clientes, se está ganando multitud de enemistades. «La primera vez que vino me amenazó. Puede hacerse pasar por amigo de un cliente para beber gratis. También suele pedir dinero para comprar alimentos o directamente comerse el aperitivo de la gente. Por mi establecimiento habrá venido unas siete veces. De aquí nunca se ha ido sin pagar, pero porque no le sirvo nada sin ver el dinero», desvela Erika, una camarera de la zona.

Pocos son los vecinos de la calle Ezequiel Solana que no le conocen. Algunos aseguran no saber nada sobre los altercados, pero son muchos los que reconocen sus delirios. Fuentes policiales sostienen que «se trata de un personaje popular de la zona, cuyo domicilio está registrado como asociación. Tiene antecedentes por amenazas y robos».

Su presencia no sólo incomoda a hosteleros y clientes, sino que algunos vecinos sienten miedo y piden la actuación de los servicios sociales. De hecho, el pasado lunes agredió a un jubilado, con iniciales F. G. «Estaba tomando la fresca, llegó y me dio dos golpes leves en la mandíbula», reveló la víctima.

Nani y Patricio son dos amigos que se encontraban tomando una cerveza y recibieron su visita. «Vino y nos pidió un euro para comer. Le dije que dinero no le daba, pero que podía comerse lo que teníamos en el plato. Se ha comido toda nuestra chistorra en un momento», cuenta Patricio entre risas.

Al parecer sufre esquizofrenia, lo que no le impide abusar del alcohol –que compra con la limosna de quienes sienten compasión–.

Sus condiciones higiénicas son lamentables. Carmen, una camarera del Café-Bar Madrid, ubicado en esta calle, asegura que «huele fatal. Yo le he avisado de que aquí no venga con ese olor. Apesta a mi clientela».

Su aspecto, con numerosos cortes y cicatrices en la cara, enmascara a un tipo que, según demandan los vecinos, necesita la ayuda de la Administración.
 

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