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Giralt Torrente: yo confieso

«Tiempo de vida» es un valiente testimonio sobre la conflictiva relación mantenida con su padre

  • El escritor, en la foto en su casa, ha escrito una novela sin sentimentalismos sobre la relación paterno filial
    El escritor, en la foto en su casa, ha escrito una novela sin sentimentalismos sobre la relación paterno filial

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28 de abril de 2010. 23:01h

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28/4/2010

Tras un tiempo apartado del albero editorial, Marcos Giralt Torrente vuelve la próxima semana  con una confesión: «Tiempo de vida» (Anagrama). Un inventario acerca de la controvertida relación que tuvo con su padre, el pintor Juan Giralt, que murió hace tres años.


-Este  «Tiempo de vida» resulta ser un tiempo de muerte.
-«Tiempo de vida» es el tiempo acotado que le dan a un moribundo los médicos. Y, por extensión, es la vida misma. Todos tenemos ese tiempo, aunque lo normal es no conocer su límite. Ese doble significado es el que quería para  el título. Hay implícita una contraposición entre el tiempo de vida y el de escritura. La escritura es un tiempo robado a la vida con el que pretendemos salvaguardarla. En mi libro hay dos líneas argumentales: el intento de recreación del tiempo que compartí con mi padre y la recreación de cómo fui escribiendo el libro.


-Aborda, por primera vez, un texto de no ficción, escrito, además, con una calidad distinta al resto de su obra. ¿No existía otra forma de escribirlo?
-Era necesario que la voz fuese la mía y que sonara lo más natural posible, despojarla de cualquier preciosismo literario. Tuve que «deconstruir» mi estilo, que había sido muy elaborado, hasta conseguir una voz de una gran economía expresiva que me permitiera desactivar la tentación sentimental. A la vez necesitaba una voz que fuese como una letanía que diese cuenta de los hechos sin casi profundizar en ellos.


-Decenas de escritores se han enfrentado a la muerte de sus progenitores. ¿Es un subterfugio del duelo o un antidepresivo?
-Puede ser un subterfugio del duelo. Un antidepresivo nunca, ya que te coloca en el centro del dolor,  no contribuye a olvidarlo.


-¿Usted intentó dejar claras las cuentas con su padre, ¿salvarle, justificarle, entenderle, perdonarle, amarle?
-Las cuentas ya estaban saldadas. Perdonarlo tampoco, porque ya lo había hecho antes. En todo caso, perdonarme a mí mismo. Pero, sobre todo, hacer recuento, explicarme lo que sucedió entre nosotros, por qué actuó como lo hizo en el momento más difícil de su vida, cuando encaraba la muerte, y por qué actué yo como lo hice. El amor es la respuesta a ambas preguntas


-¿Su padre no supo, durante su enfermedad, que usted tomaba notas mentales?
-Supe pronto que escribiría sobre él, pero no me aprovisioné para cuando ese momento llegara. Habría sido matar a mi padre anticipadamente. De los libros acerca de padres que he leído hay uno que me desagrada, «Patrimonio», de Philip Roth, porque en él se le ve tomando notas. Más que asistir a la enfermedad y muerte de su padre, se muestra preparándose mientras sucede para escribir sobre ello. Es moralmente reprobable y literariamente fraudulento. Aparte de que vivir anticipadamente algo te incapacita para vivirlo cuando sucede.


-Emil Suljagic decía en  «Postales desde la tumba» que «tras la muerte de un padre o una madre uno es otra persona, ni mejor ni peor, pero sí otra persona». ¿En qué se ha convertido a usted?
-Cito del libro: «Me he hecho más frágil, me he hecho más triste, me he hecho más temeroso, me he hecho más escéptico, me he hecho más viejo». Un dolor profundo, como puede ser la muerte de un padre, te aleja en muchos aspectos de la vida.


-¿Qué es un padre? ¿Qué representa? ¿Qué imagen arroja de nosotros?
-Un padre es el origen. Una imagen en la que nos vemos. Alguien tan unido a lo que somos que resulta difícil no interpretarnos, para bien o para mal, a través de él.


- ¿No hay mejor modo de reflexionar y entender que escribir?
-La escritura sirve para aproximarte a la realidad. No sé pensar sin escribir y sólo sé escribir de cosas que me afectan. Hace poco leí un texto de Matisse, en el que decía que no veía ninguna diferencia entre su pintura y su propia vida. Algo así me ocurre.


-¿Ha pintado un lienzo blanco, donde no existe ni un solo nombre para que ningún elemento figurativo distraiga de él?
-El libro está escrito con un tremendo impudor, pero necesitaba reservarme una parte simbólica de pudor para salvaguardar a las personas que aparecen en él. El libro parte de una realidad, pero mi padre tendría otra versión. Otra razón es que estaba contando una historia universal y la ausencia de nombres contribuye a ese efecto.


-Pese a la posible dureza de algunos pasajes. ¿No cree que le hubiese emocionado a su padre?
-Mi padre era fácilmente emocionable. Se habría emocionado sin duda. Y creo que, más allá de sus desacuerdos, habría aceptado mi libro y me habría absuelto. Creo que le habría gustado. Sabía, además, que lo haría. Él me alentó a tomar notas en algún momento.


Vivir en un libro
-La «amiga que conoció en Brasil» –segunda esposa de su padre, que abandonó el barco durante la enfermedad–. ¿Le ha enviado algún pastel con titadine?
-La pillará por sorpresa. Confío, si  llega a leer alguna vez este libro, que perciba por lo menos el intento radical de sinceridad, y los esfuerzos que contiene por entenderla. Los hechos son los hechos y no podía hacer que desaparecieran. Sin los hechos en los que fue determinante su intervención no podía contar la historia, no podía contar a mi padre y no me podía contar a mí. He callado muchos, que resultaban inverosímiles de puro desalmados.


-¿Se ha dado cuenta de que ya no le preguntamos por su abuelo, el novelista Gonzalo Torrente Ballester? ¿O nunca le molestó que lo hiciéramos?
-Eran exigencias del guión que sufría con cierta  resignación.


-Como termina su libro: ¿Ahora ya, por fin, su padre vive en usted?
-Él vive en mí y en todos los que le conocieron. Y en su obra. Y un poco, tal vez, en este libro.


El inconveniente de ser de Madrid
«Tras la muerte de mi padre hubo artículos justos. Hay abundante obra suya  en el Reina Sofía, pero está dispersa o en almacenes. He contactado con el director del museo para una antológica y, aparte de buenas palabras y que retirará una exposición que dejó programada  la anterior directora, no he logrado nada. Si eres un artista madrileño hay algo que lo complica todo. Si eres de Barcelona, tendrás tu exposición en el MACBA. Si eres  de Valencia, en el IVAM. Pero si eres de Madrid es como si no fueses de ningún lugar. Lo tienes más fácil si naces en California».


Título: «Tiempo de vida»
Autor: Marcos Giralt Torrente
Editorial: Anagrama
Páginas: 208
Precio: 17 euros.

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