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Camacho sustituirá a Rubalcaba en Interior y Jáuregui en la Portavocía

El presidente y el vicepresidente trabajan con el horizonte de agotar la legislatura gracias al respaldo del PNV

  • El actual secretario de Estado para la Seguridad, Antonio Camacho, asumirá Interior(d). Ramón Jáuregui compaginará el Ministerio de la Presidencia y la Portavocía del Ejecutivo (i)
Inmaculada G. de Molina. 

Tiempo de lectura 4 min.

15 de junio de 2011. 03:02h

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MADRID- Con el horizonte de concluir la legislatura en marzo de 2012, José Luis Rodríguez Zapatero prepara su última remodelación de Gabinete. En esta ocasión, los cambios obedecen a la necesidad del candidato socialista a las generales de soltar lastre y volcarse en el difícil reto de invertir el negro escenario que dibujaron las urnas el 22-M para el PSOE. De los tres cargos que ostenta en el Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba abandonará Interior y la Portavocía del Ejecutivo. Mientras, permanecerá como vicepresidente primero.
Este puesto le otorga la libertad suficiente como para compaginarlo con su condición de candidato a la Presidencia del Ejecutivo. Además, le permite asumir en primera persona aquellas cuestiones más populares o que más réditos le puedan dar de cara a la cita con las urnas y desmarcarse de otras más ingratas, así como usar los enormes recursos y la proyección mediática que ofrece la Vicepresidencia política.
Sin embargo, responder de casos como el Faisán o Bildu minan su popularidad y credibilidad. Y es que a Rubalcaba, que será proclamado oficialmente candidato del PSOE el próximo 9 de julio, Interior, cartera compleja y de sobresaltos cuasi diarios, le resta más que le aporta en su carrera contrarreloj a La Moncloa. Pero, aunque renuncie al cargo, seguirá vigilando de cerca el devenir del Departamento en un momento en el que «estamos en el principio del fin  de la banda terrorista ETA», según sus propias palabras.
De ahí que haya optado por una línea continuista de la política antiterrorista. Su «número dos» representa, para ello, su mejor baza. De hecho, fuentes gubernamentales consultadas por LA RAZÓN apuestan por que el secretario de Estado para la Seguridad, Antonio Camacho, ascienda a ministro. Con el nombramiento de uno de sus fieles al frente de Interior, se demarca lo suficiente de un Departamento repleto de aristas, pero sin desvincularse del todo del control del mismo. Así, si la política antiETA le da una alegría en los próximos meses, se podrá «apuntar un tanto», aseguran fuentes socialistas.
¿Salida inmediata?
Además, ha decidido abandonar la Portavocía del Ejecutivo, después de conseguir extender su popularidad y situar en un 95% el grado de conocimiento de su persona entre los españoles. Rubalcaba baraja el nombre de otro de sus fieles, Ramón Jáuregui, para convertirlo en portavoz, cargo que compatibilizará con el de ministro de la Presidencia.
De momento, guarda con celo la fecha en la que dejará estas dos responsabilidades en el Gobierno. No obstante, fuentes de La Moncloa dan por descontado que el momento elegido será septiembre. En ese mes, el PSOE celebrará, auspiciada por Patxi López, su conferencia política, en la que la que se alumbrará los ejes del programa electoral. Sin embargo, otras fuentes del Ejecutivo no descartan que abandone de manera inminente estas responsabilidades, si le interesa políticamente. Lo que parece claro, según otras fuentes consultadas, es que su decisión de renunciar a estos dos cargos no está vinculada a un adelanto electoral.
Tanto el presidente como su «número dos» en el Gobierno desean, aunque por diferentes razones, agotar la legislatura. Rubalcaba necesita alejar en el tiempo las generales de las municipales y autonómicas, que han supuesto un severo castigo para su partido político.
Mientras, el leonés quiere evitar, por todos los medios a su alcance, pasar a los anales de la historia española como un presidente que hipotecó el futuro del país. Por eso está empeñado en cumplir íntegramente su segundo y último mandato y, de paso, concluir su agenda de reformas estructurales. Fuentes de La Moncloa confían en que los nacionalistas vascos den su plácet a los Presupuestos del Estado de 2012 y, con su apoyo, le permitan  cumplir su objetivo: convocar elecciones en marzo de 2012.
Lo único que podría enturbiar este calendario, amén del clima social y político, es la relación cada día más distante que mantienen Zapatero y Rubalcaba. El presidente no le perdona la amenaza que lanzó, por boca del lehendakari vasco, de convocar un congreso extraordinario y arrebatarle de un plumazo y antes de tiempo la Secretaría General del partido. Tampoco olvida sus «siniestras» maniobras para esquivar el trance de medirse en unas primarias con Carmen Chacón, su apuesta para sustituirle.

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