sábado, 27 mayo 2017
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Redes wiFi son radiaciones totalmente inofensivas

  • Tras convertir los móviles en un apéndice del ser humano, ahora tenemos en casa y en el trabajo 24 horas de ondas electromagnéticas para conectarnos a Internet. Los estudios no son concluyentes, pero mientras un estudio observa que hacen perder la líbido a los conejos, Francia retira las conexiones inalámbricas en los colegios
     

Invisibles, aunque no pasan desapercibidas para el organismo. Las radiaciones, ya sean naturales o artificiales –de los diferentes aparatos que rodean al ser humano– dejan su huella en las pequeñas células que lo componen. Como ejemplo reciente, cabe mencionar un estudio  que ha concluido que las ondas que emiten los teléfonos móviles llegan a arruinar la vida sexual. De momento, la investigación ha probado la nocividad de las ondas electromagnéticas de los terminales en el comportamiento sexual de los conejos, según datos publicados en el último número de «International Journal of Impotence Research».
En el trabajo, los científicos encontraron a los mamíferos sometidos a la exposición de las ondas más apáticos e inapetentes con sus parejas sexuales. Y en el caso de que llegaran a consumar el coito, la duración era menor de lo acostumbrado.

Sin embargo, en las analíticas hormonales que efectuaron no hallaron diferencias significativas entre unos y otros.
Quizás, este constituye un ejemplo, entre otros muchos, en los que la ciencia intenta demostrar cómo actúan los campos electromagenéticos sobre la salud y no consigue unas conclusiones contundentes. El debate está abierto y las plataformas de vecinos y afectados cada vez más alzan su voz contra la instalación de postes y tendidos eléctricos ante la incertidumbre de sus efectos. Ello se suma a los riesgos de las nuevas conexiones inalámbricas, como el WiFi o el Bluetooth, que se han convertido en compñaeras de viaje en nuestra sociedad actual.

¿Nuevos peligros?
Muchos de los riesgos, o más bien proceden, de los móviles, más de 4.000 millones pueblan el planeta. El estudio «Interphone», promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicado en «International Journal of Epidemiology», pese a no ofrecer evidencias concluyentes sobre la supuesta inocuidad de los terminales, levanta de nuevo la sospecha sobre los mismos. Esta semana en una revisión del mismo, se aseguraba que por cada cien horas de uso de teléfono móvil, el riesgo de meningioma –tumor cerebral– aumentaba un 26 por ciento.


Uno de los nuevos peligros que se halla en el aire es el WiFi, que según el último estudio del Observatorio Wireles de Gowex, usan 22 millones de españoles. La forma de conexión más sencilla y rápida también parece conllevar algunos riesgos para la salud. Estos sistemas emiten campos electromagnéticos de microondas pulsantes iguales a la telefonía móvil, por lo que podrían vincularse los riesgos entre uno y otro. «Tanto WiFi como Bluetooth utilizan ondas electromagnéticas de radio para establecer la comunicación, con características similares a las que se emplean para la radiodifusión sonora y de televisión, los walkie-talkies, la telefonía móvil, los juguetes teledirigidos o las comunicaciones por satélite», explica José Manuel Riera, profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid.


Al tratarse de sistemas diseñados para las comunicaciones en distancias muy cortas, las potencias que se manejan son más reducidas que en otras aplicaciones, siendo en general de milivatios. «Un sistema que emite a potencias relativamente altas es el Wi-Max, una variedad del WiFi pero con radios de acción mucho mayores, que se emplea en aplicaciones profesionales, de seguridad o militares. Los sistemas WiFi trabajan con bajas potencias, si bien la implantación de estos sistemas inalámbricos en viviendas y centros de educación conllevan exposiciones casi continuadas y ubicuas, que en algunos sujetos se inician desde fases muy tempranas en la infancia. Ignoramos si alguno de los citados tipos de exposición podría tener efectos a largo plazo», explica Úbeda, Jefe de Sección de BioElectroMagnética-Investigación del Hospital Ramón y Cajal, Irycis, de Madrid y coautor, junto a Antonio Hernando Grande, del libro «Radiaciones y salud».


Así, Fernando Pérez, vicepresidente de la Fundación para la Salud Geoambiental apunta que los pequeños de la casa son los más vulnerables, junto a las embarazadas, personas mayores y enfermos. «Todos los estudios epidemiológicos han demostrado efectos reales de las radiaciones en la salud y el desarrollo de los niños», explica Pérez.


Los routers WiFi emiten un máximo de 100mW, pero podría un riesgo para lo población infantil, ya que sus cerebros y sus sistema nervioso se encuentran en pleno desarrollo. Incluso cuando se encuentran en modo de reposo no superan los 2mW –lo mismo que un móvil–, no deben situarse en los dormitorios. «Todos los equipos WiFi que cumplan la normativa vigente, y que estén por lo tanto homologados para su comercialización en España, pueden utilizarse sin ninguna precaución adicional, ya que el nivel de exposición a que están sometidos los usuarios, en un uso normal, está muy por debajo de los límites que determina la normativa», asegura Riera.

Medidas en la UE
Pero, si no existen riesgos, ¿por qué en Europa están tomando medidas? Uno de los ejemplos más contundentes llega del vecino galo. En Francia, se están eliminando las redes WiFi en bibliotecas, colegios y lugares públicos, «pero en España la legislación data del año 2001, y establece unos límites máximos que son 4.000 veces superiores a los recomendados por los últimos estudios», apunta Pérez. Además, el Gobierno galo ha puesto en marcha estudios para medir los efectos de la exposición continua en centros escolares.
Un comité científico de la Comisión Europea estimó a principios de este año que los efectos en la salud del uso prolongado de las tecnologías móviles (teléfonos o WiFi) no están totalmente claros, especialmente en los niños, aunque afirma que «probablemente» no causan cáncer.

El documento del Comité Científico sobre Nuevos Riesgos para la Salud se elaboró a partir de más de 200 investigaciones sobre el efecto de los campos electromagnéticos en la salud humana. Sin embargo, la duda ya está sembrada.
Actualmente a la comunidad científica le cuesta encontrar las pruebas definitivas de nocividad en el caso de las radiofrecuencias débiles, mientras los investigadores señalan que existen unas radiaciones más peligrosas que otras. «Pero podemos hablar de exposiciones a señales más potentes que otras. En términos generales, las señales más potentes a las que está expuesta la ciudadanía vendrían de los teléfonos móviles y los inalámbricos», apunta Úbeda.

Uno más
En realidad, se trata de que las redes inalámbricas se suman ya a la larga lista de factores contaminantes del campo electromagnético. Estas emisiones se unirán a la de los teléfonos móviles, usuarios potenciales de las redes, lo que provocaría un efecto aún mayor. «Además de estar sometidos a alteraciones locales en el campo magnético natural, estamos expuestos a las radiaciones artificiales que emite nuestro router WiFi o nuestro teléfono inalámbrico, por poner sólo dos ejemplos cercanos y cotidianos, entonces hablamos de riesgos añadidos que casi todos corremos. Y además innecesariamente, porque seguro tenemos el WiFi encendido las 24 horas del día, y no es necesario», manifiesta Pérez. Las tesis argumentan que las ondas radioeléctricas eran tres veces más potentes  que las emitidas por un móvil, por lo que sus efectos actuarían en la misma proporción.


Los daños que puedan o no causar, lo que se demostrará dentro de unos años, según los expertos, dependen de la intensidad y del tiempo de exposición. «Hemos metido las fuentes de radiación en nuestros hogares. Les hemos abierto las puertas. La mayoría de nosotros tenemos un router WiFi en casa, y en mi vida profesional los he visto mil veces al lado de un ordenador de sobremesa, no portátil. En esas casas donde no hacía falta cobertura inalámbrica en toda la vivienda, así que esa fuente de radiaciones es prescindible. Y si realmente es necesario tenerlo, siempre podemos apagar el router cuando no lo usemos, algo que casi nadie hace. Es decir, que está en nuestras manos eliminar riesgos continuos e innecesarios a los que nos sometemos voluntariamente sin motivo alguno», apunta Pérez.
 

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