miércoles, 20 septiembre 2017
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«Duch» lla máquina de matar que pulverizó Camboya

  • Kaing Guek Eav, alias "Duch", el jefe torturador de la máquina de matar que el Jemer Rojo empleó durante 44 meses con una locura que pulverizó Camboya, fue hoy condenado a 35 años de cárcel por el tribunal internacional que le ha juzgado por crímenes de guerra y contra la humanidad, asesinato y tortura.

Atrás quedaron 77 vistas plagadas de espeluznantes testimonios de supervivientes y subalternos a los que ordenó que arrancasen las uñas con tenazas, quemasen vivas, degollasen o matasen a golpes al menos a 14.000 personas.

Por eso los camboyanos identifican al camarada Duch como el más cruel de los torturadores del Jemer Rojo.

Duch nació el 17 de noviembre de 1942 en el seno de una familia de origen chino en la provincia de Kompong Thon, y con catorce años comenzó a interesarse por el comunismo.

A principios de la década de 1960 ingresó en el clandestino Partido Comunista de Kampuchea, por lo que fue encarcelado sin juicio durante dos años en la prisión de Prey Sar, donde era común torturar a los presos.

Tras la amnistía que siguió en 1970 al golpe del general Lon Nol, Duch consiguió un empleo como jefe de la M-13, una cárcel en una zona bajo control del Jemer Rojo, y más tarde se encargó de M-99, donde se cree que fueron ejecutadas cerca de 20.000 personas.

Fue en aquella época cuando perfeccionó diferentes métodos de tortura para extraer información a los presos.

En abril de 1975 y tras la llegada al poder del Jemer Rojo, el ministro de Defensa del régimen, Son Sen, encargó a Duch establecer la sede de los interrogatorios de la "santebal" o Policía política.

Un año después, el carcelero fue ascendido a comandante del centro de detención de Tuol Sleng o S-21, hoy Museo del Genocidio.

De 14.000 a 16.000 personas -incluidos ministros, diplomáticos, extranjeros y hasta 2.000 niños- fueron torturadas en esa cárcel de alambradas electrificadas antes de ser asesinadas después en los campos de exterminio de Choeung Ek, a las afueras de Phnom Penh.

A finales de 1978, la paranoia del Jemer Rojo estaba totalmente descontrolada y como más y más gente llegaba a Tuol Sleng, Duch ordenó -por falta de tiempo- acelerar las ejecuciones sin interrogar antes a los detenidos.

En enero de 1979 y con las tropas de Vietnam a las puertas de Phnom Penh, Duch y su pelotón de verdugos fueron de los últimos en huir, sin tiempo para destruir miles de documentos y fotografías de las víctimas.

Al igual que otros dirigentes y guerrilleros del Jemer Rojo, Duch se refugió en las junglas cerca de la frontera tailandesa, donde se ocultó en un campo de refugiados y donde se relacionó con cooperantes extranjeros que desconocían su verdadera identidad.

Tras la firma de los acuerdos de paz de París en 1991, Duch y su familia se trasladaron a una aldea, pero cuatro años después y tras el asesinato de su mujer por unos bandidos, se mudó a la ciudad de Svay Chek, donde adoptó el credo evangelista y se hizo pastor.

Las autoridades camboyanas conocían su paradero desde hacía años, pero el jefe torturador del Jemer Rojo no fue detenido hasta mayo de 1999, tras una entrevista publicada por la desaparecida revista "Far Eastern Economic Review".

Al inicio del juicio, este hombre de pequeña estatura y mirada penetrante aparentó ser dócil, pero a medida que avanzaba el proceso reveló su auténtica naturaleza, con un comportamiento desafiante.

Detrás de una aparente modestia, casi en cada vista Duch parecía orgulloso de su gestión como director de Tuol Sleng, escuchaba atentamente los relatos de los testigos y, en algunos casos, negó la veracidad de testimonios o corrigió a fiscales y jueces cuando exponían detalles de su vida o de la política de exterminio del Jemer Rojo.

La actitud desafiante de Duch contrastó con la imagen de persona arrepentida que quiso dar al inicio del proceso, al pedir perdón públicamente y asumir su responsabilidad por los crímenes que se le imputan.

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