jueves, 23 marzo 2017
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Los secretos de Boccanegra

  • Presumo que sólo la vuelta a Maracaná de Pelé, si es que aún estuviera en activo, generaría una expectación similar al estreno de Plácido Domingo como barítono en su ciudad y más después de haber vencido un tumor en tiempo récord.

Angela Gheorghiu, el «glamour» hecho soprano, será testigo privilegiado en el que, además, supondrá su debut operístico en el Real. Verdi les ha unido como padre e hija en «Simon Boccanegra», que más de un secreto tiene. Vale el símil futbolístico para presentar a Domingo, pues él se define como hincha de todo deportista con los colores de su país. Pero ayer se recibió también al cantante así: «Torero de Madrid, como rezan  las crónicas», en palabras de Antonio Moral, aún director artístico del coliseo. Él, conocedor de que toreaba en su plaza, sirvió de anfitrión a los tres debutantes: Gheorghiu, Giordani y Furlanetto.

Un cuarteto por el que cualquier teatro de ópera ofrecería un cheque en blanco. Domingo no permitió que los fotógrafos le retrataran a él a solas con la rumana, pues insistía en que el protagonismo era de los cuatro y llamó a Furlanetto y Giordani. En mitad de la rueda de prensa fue el tenor madrileño el que tomó la batuta para preguntar a sus compañeros a la vista de que todas las preguntas de los periodistas iban dirigidas a él. Lo primero, la salud. Plácido se siente tan bien como aparenta y pocos podrían deducir de su semblante que acaba de superar un cáncer: «Afortunadamente me encuentro muy bien. Ha sido un año difícil, pero a las cinco semanas estaba recuperado de la operación. Desde entonces, donde quiera que voy repito la necesidad de que todo el mundo se haga los exámenes a tiempo. Tuve mucha suerte y veo la vida bajo otro prisma. Le quito importancia a las cosas y gozo muchísimo más de lo que es especial, de lo que es importante. Es un privilegio seguir viviendo y saber que un minuto termina todo», dijo.

Se tomó tan en serio su papel de barítono en Simon Boccanegra que quería cumplir con todos los compromisos. Primero fue en Berlín y después en el Metropolitan de Nueva York y forzó la máquina para que los médicos le dejaran acudir a Milán. En Londres ha dejado al público con la boca abierta y más de quince minutos de aplausos en el Royal Alberto Hall. No falla. Y a Madrid ha aterrizado con el tiempo justo para ensayar y a escena y así poder ocupar el gran sillón de gobernante que ha preparado Giancarlo Del Monaco.

Allí donde había triunfado como Gabriele Adorno (el tenor del título verdiano) quiso hacerlo también como Boccanegra (con registro de barítono): «He tenido una carrera de tenor, pero siempre mantuve la ilusión de cantar Boccanegra   –pues lo considera como el Rey Lear que Verdi siempre soñó, pero que no pudo componer finalmente. No soy un barítono, lo canto con la voz que tengo. Con las funciones voy adquiriendo la sonoridad y el color más adecuado para el personaje. Me hubiera gustado que éste fuera el último personaje de mi carrera, pero sigo cantando otros como Cyrano, o como el debut de "Il postino"», de Daniel Catán, un estreno mundial que vivirá Los Ángeles el próximo septiembre junto con la mezzo Nancy Fabiola Herrera y Cristina Gallado-Domas. Y es precisamente ese extremo de la evolución que ha sufrido el personaje la que ratificó ayer Antonio Moral, que le ha seguido maleta en mano por los escenarios de medio mundo:   «Plácido viene en el mejor momento porque, después de pasar por Berlín, Milán, Nueva York y Milán, ya se las sabe todas. Yo le he visto en tres y la evolución del personaje es extraordinaria. Es un matador y su cuadrilla magnífica», comentó.
El tenor, que faltó el año pasado a su cita con Madrid por la cancelación del concierto de zarzuela que tenía previsto junto a Rolando Villazón, asegura que «el público más cercano es al que más quieres darle gusto. Vivo una emoción que me provoca nervios. Veo al público madrileño con gran cariño, y con nostalgia cuando estoy fuera», confesó Plácido Boccanegra.

El tenor no olvidó que esta es su última actuación en la etapa que cierran Antonio Moral y Jesús López Cobos al frente del teatro, tuvo palabras de agradecimiento para ellos y deseó que el nuevo equipo sea capaz de mantener «el teatro de gran nivel» que han logrado los gestores actuales. 

También inquieta se veía a su lado a Gheorghiu, pues como reconoció Domingo están ensayando «a toda velocidad», pues este elenco tan sólo tienen tres representaciones en Madrid, ya que el primer reparto es el que levantó el telón el pasado sábado. Apenas unas horas para hacerse con el montaje de Del Monaco y repasar la partitura con López Cobos.

Aquella sonora espantada
Es un momento especial también para la rumana, que tras la espantada de «La traviata» y su apoteósico concierto hace unos meses con López Cobos en el foso, debutará por fin escénicamente en el Real: «Es una papel que he cantado tres veces, pero nunca pensé que fuera a tener un padre tan guapo. Cuando estudiaba para ser cantante tenía en la cabeza que el tenor por excelencia era Plácido Domingo, por eso ahora se me hace todo un poco raro. Sé que es una página muy importante en tu carrera, por eso me siento muy orgullosa de estar aquí». Plácido también la elogió y aseguró que la relación paterno-filial en Verdi es trascendente porque «el compositor perdió a sus hijos muy jóvenes». La cantante acabó ante las televisiones españolas cantando el «Viva España», pues Domingo recordó que era el más entusiasta de los animadores españoles.




PAREJA IRREPETIBLE: Domingo y Gheorghiu saldrá a saludar al público el día 25 desde el balcón del real


«¡No grites mucho!»
Este año Domingo ha estado presente en la consecución del segundo anillo de la NBA de Pau Gasol, en la final de Wimbledom que ganó Nadal y en la victoria de La Roja en Suráfrica: «Llevo yendo a los Mundiales desde el año 70 y siguiendo a la selección española desde el año 1982, tanto en los triunfos como en los momentos de volver a casa. Así que puse como condición para cantar en Londres el Boccanegra que entre el 5 y el 12 de julio no debía haber función. Después de la Eurocopa sabía que este año no podía perderme la semifinal y la final», asegura para destacar acto seguido el papel fundamental de «San Iker». Su familia le recomendaba desde la distancia: «¡No grites mucho, Plácido!», pero él asegura que volvió con mejor voz al haber presenciado esta victoria histórica. Sus fotos en los vestuarios de la selección tras la victoria con Alemania y tras la final con la Copa han dado la vuelta al mundo.


Una pareja explosiva

Juntos en casa, mano a mano en el escenario, la pareja formada por el tenor Roberto Alagna y la soprano Angela Gheorghiu ha sido el tándem lírico por excelencia, tan temperamentales (ella del Este; él con sangre siciliana) como caprichosos (cosas de la genialidad), anunciaron hace dos años por internet que su unión se disolvía. Algunos se sorprendieron, otros lo barruntaban. El caso es que la cantante, que proclamó su libertad a los cuatro vientos, declaraba sólo hace unos días en un medio británico que Alagna le había pedido volver, «pero yo le he dicho que yo ya tengo mi propia vida. Hablamos todos los días por teléfono, pero nada más». ¿Habrá reconciliación?

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