domingo, 25 junio 2017
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«La mula» una película en guerra

  • Lleva más de año y medio terminada y, sin embargo, no ha visto la luz. Problemas entre las productoras y con el Ministerio de Cultura han condenado a esta coproducción entre España, Irlanda y Reino Unido a no estrenarse. Al menos, por el momento. 

Contaba con todos los ingredientes para convertirse en un éxito: un director de prestigio como Michael Radford, una novela de Juan Eslava Galán ambientada en los estertores de la Guerra Civil española como base para el guión y dos protagonistas con mucho tirón: Mario Casas y María Valverde. Nadie podía imaginar que un año y medio después de que se finalizara el rodaje, la película seguiría guardada en un cajón.  ¿Culpa de los distribuidores? No en este caso. Hay que remontarse a la preproducción para encontrar las primeras zancadillas en el recorrido de «La mula», un proyecto que, a la vista de las circunstancias actuales, probablemente nunca eche a andar. En un país donde se han estrenado más de 130 películas de producción nacional sólo en 2010, ¿cómo se explica la ausencia de esta cinta en las salas comerciales?

En primer lugar, la preproducción no fue fácil: el proyecto se concibió como una coproducción entre España, Irlanda y Reino Unido. «Cada parte debía conseguir financiación gracias a las ayudas de cada país, pero ni la inglesa ni la irlandesa pudieron aportar su parte. Ante esta situación Radford me pidió que le adelantara un poco de dinero, y así lo hicimos a través de un contrato de préstamo», explica Alejandra Frade.


Cruce de acusaciones
Estos contratiempos no impidieron, sin embargo, seguir adelante con el proyecto. Eso sí, a partir de este punto, el cruce de acusaciones primero y de demandas después comenzaron a sucederse. Según asegura la productora, «le fui prestando hasta que llegó un momento en el que no podía adelantarle más dinero». Aquí comenzó la búsqueda de financiación privada, pero, para ello, necesitaban un aval: «Me dijeron que si no los respaldaba yo, Radford abandonaría el rodaje, pero yo no podía endeudarme más. Llegaron incluso a ofrecerme una libra por los derechos internacionales de la película, una propuesta que me pareció intolerable».

Así que, a una semana de terminar el rodaje, el equipo se encontró con que no tenía realizador. Por su parte, el director de «El mercader de Venecia» asegura que Frade no firmó los contratos necesarios para que ellos pudieran acceder a la financiación pública. En estos momentos, los tribunales españoles estudian las denuncias que ambas productoras han interpuesto. La tensión entre las partes va in crescendo, y Radford decide abandonar el rodaje. Ante esta situación, Gheko Films, la productora de Frade, decide terminar la cinta igualmente: «Me endeudo todavía más, incluso de manera personal, para poner el dinero que falta y poder terminarla. Había que hacerlo. Así que contrato al director Sebastián Grousset para acabar el trabajo», asegura.

Llegados a este punto, Frade tiene una película que narra cómo un humilde cabo encuentra a tan sólo tres meses del fin de la Guerra Civil una mula blanca. Con ella, y 400 pesetas que tiene, intentará conquistar a la joven de la que se ha enamorado. «Se trata de una película apolítica, en donde no hay ni buenos ni malos, sólo personas que quieren volver a tener la libertad que la guerra les ha arrebatado», comenta. Pero la película se topa todavía con un impedimento más: la calificación de «La mula» por parte del Instituto de Cine español.


Problemas con el ICAA
«Cuando en septiembre de 2010 presentamos la película, Ignasi Guardans, entonces director del ICAA, pidió que Radford la reconociera para poder calificarla. Posteriormente denegó dicha calificación alegando que no se trataba de una película, sino de un "documento fílmico"», dice Frade, que asegura que llegó a amenazarla durante una reunión que mantuvo con él: «Me dijo que si no llegaba a un acuerdo con el resto de los productores haría todo lo que estuviera en su mano para que no se estrenara». En este sentido, el ex director general explica que «una coproducción necesita autorización de tres organismos. Una persona que tiene el 60 por ciento de la producción no puede actuar por su cuenta. Por el momento, un juez de Londres ha ordenado que no se distribuya. Hasta que se resuelva el conflicto entre las tres productoras no puede desarrollarse la película».

Sólo un mes después, en octubre, Guardans es destituido de su cargo, y la productora ve este hecho como una nueva oportunidad para sacar adelante la producción. «Por primera vez me permiten consultar el expediente de la cinta, y descubrí una serie de correos electrónicos en los que veo una presunta trama entre el ICAA español y sus homólogos irlandés e inglés para impedir su estreno». En diciembre de ese mismo año, y con Carlos Cuadros ya al frente del Instituto, la película es calificada, «pero –dice Frade–, la subsecretaría del Ministerio de Cultura inicia un procedimiento para declararla lesiva al interés público». Esta fórmula  sirve para anular los actos de la Administración que pudieran producir daños al interés público.

¿Cuál es la postura del Ministerio de Cultura en la actualidad con respecto a este tema?: «Para que la película pueda ser calificada tiene que acreditar la nacionalidad, y los datos de producción aportados no coinciden con los previos. Así que, en aras de dar las máximas garantías a todos los productores, se decidió elevar la decisión a un juez, un trámite que tiene que hacer la Subsecretaría del Ministerio a través de la abogacía del Estado», explica a este diario un portavoz de Cultura.

Todo este desaguisado cinematográfico y administrativo tiene, por el momento, dos consecuencias importantes: la primera y más evidente es que «La mula» sigue sin estrenarse un año y medio después de que se terminara. La segunda es el entramado judicial que se ha creado detrás del proceso. Además de los litigios que mantienen las productoras, el pasado mes de febrero Frade interpuso una querella por presuntos delitos de prevaricación, cohecho, corrupción de transacciones comerciales internacionales, tráfico de influencias y amenazas contra el ex director general Ignasi Guardans, la subdirectora general de Fomento de la Industria Cinematográfica, el director ejecutivo del UK Film Council, el también director ejecutivo del Irish Film Board, el administrador de la productora Subótica, y contra Michael Radford, en calidad de administrador único de la productora Workhouse Entertainment. Según Guardans, esta querella está sobreseída. En todo caso, ¿llegará a ver el público algún día «La mula»? Difícil saberlo.


El detalle
MIRANDO AL FUTURO

El realizador, nacido en La India, tiene una filmografía que, sin duda, seduciría a cualquier productor: «El cartero (y Pablo Neruda)», «El mercader de Venecia» y «Otro tiempo, otro lugar» son algunas de sus cintas más aclamadas. Tras el traspiés de «La mula», el director tiene, sin embargo, otros proyectos, en estos momentos, en preproducción: «King Lear», basado en la obra de Shakespeare con Al Pacino de protagonista; y «Castro's Daughter» (La hija de Castro), basada en la historia real de Alina Fernández, la hija del dictador en el exilio.


Un Quijote perdido en La Mancha
«La mula» no es el único caso de proyectos gafados de nuestra cinematografía. Uno de los más clamorosos es el de «Manolete», un «biopic» sobre el torero protagonizado por Adrien Brody y Penélope Cruz que, con toda probabilidad, nunca llegará a nuestras pantallas, a pesar de que se estrenó en Francia e Italia y se publicó en DVD en Estados Unidos. Terry Gilliam sufrió una auténtica pesadilla durante el rodaje de lo que iba a ser «El hombre que mató a Don Quijote». El rodaje, en España, resultó tan desastroso, que nunca consiguió terminarla. El material que poseía le permitió, al menos, realizar el documental «Lost in La Mancha», que explica lo que pudo haber sido y no fue de esta producción.
A la adaptación a la gran pantalla de «El capitán Trueno» también le costó  salir adelante: se habló de nada menos que tres directores, Juanma Bajo Ulloa, Alejandro Toledo y Daniel Calparsoro, al frente del proyecto. Finalmente, fue Antonio Hernández el responsable de la película. Un vaivén, en este caso, con final feliz.

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