miércoles, 16 agosto 2017
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Todas las copias de Leonardo

  • La «Mona Lisa» de El Prado no es la única réplica que existe de una obra de Da Vinci en Madrid. Este mes se verá « La última cena», tambiénde un discípulo suyo. Y el Lázaro Galdiano conserva un Cristo.

Leonardo abandonó Italia con una recua de mulas y unos caballos. Le acompañaban tres discípulos y arrastraba consigo un equipaje de pinturas y cuadernos que sería su último legado. Era el año 1516 y había cumplido ya los sesenta cuando afrontó la travesía de Los Alpes. Siglos después, Stendhal, que recorrería ese mismo camino con las tropas napoleónicas, y todavía comentaría la dureza del camino –W.G. Sebald reconstruye ese relato en «Vértigo» (Anagrama)–. El artista, anciano, aquejado por las secuelas de un ictus que le alejaría del pincel, miraría el país que dejaba atrás y lo haría probablemente con nostalgia. Roma, la última residencia, su desencuentro con la curia eclesiástica, que no apreciaba su arte, el fallecimiento de su protector y la «terribilitá» de Miguel Ángel, con el que había mantenido tensas discrepancias y cuyo prestigio crecía sin medida, debieron de dejarle infaustos recuerdos. El pintor no había culminado de una manera satisfactoria sus últimos encargos y su estudio, convertido en una especie de «gabinete de antigüedades» y excentricidades, un lugar para realizar disecciones, sería objeto de comentarios. Pero ése era el pasado. El futuro era Francia.   

La «Mona Lisa» de El Prado ha puesto de relieve los nombres de sus colaboradores, de los pintores que formaron su taller, de plena actualidad. Y su descubrimiento ha coincidido con una colección en Madrid de cuadros y obras de sus principales aprendices. Dos de ellos, el Salaì y Francesco Melzi, recorrieron con él ese difícil sendero del exilio. La pinacoteca madrileña parece que ha apostado, de momento,  para la autoría de esta réplica, por el nombre de Francesco Melzi. El otro, el Salaì, por el que sentía predilección el maestro, queda alejado de esta apuesta entre expertos. Sólo mencionar que este personaje, tan próximo a la vista del artista, acabaría abandonando a Leonardo tras vender varias pinturas de Da Vinci al rey Francisco I y morir en Italia durante un envite de tintes caravaggescos. Melzi, en cambio, cuidaría de la herencia y se molestaría en perpetuar y agrandar la memoria del maestro. La muestra «Da Vinci, el genio», en el centro del El Canal de Isabel II, presenta estos días, precisamente, uno de los lienzos de Melzi: «Flora».  Es una buena oportunidad para que el público compare. Ahí se pueden apreciar analogías y diferencias de talento, trazo, dibujo entre la mano que ejecutó  la «Gioconda» de El Prado y esta representación alegórica.

Una inmensa «Última cena»
Y es que Madrid se va a convertir en un pequeño centro de copias de las obras del maestro durante febrero. En esta misma sala de exposiciones se verá al partir del día 17, la réplica de «La última cena» que realizó Giampietrino, otro de los aprendices del autor de «La dama del armiño». La realizó unos años después de que Da Vinci aplicara su última pincelada al mural. Estas semanas anteriores se ha podido contemplar en la National Gallery de Londres, institución que le ha dedicado una amplia y ambiciosa retrospectiva a Leonardo. Ahora esta réplica vendrá a España. Es un trabajo inmenso, de ocho por ocho metros, que servirá para comprender los entresijos de una obra afectada por un grave deteriorio.

Pero no es la única oportunidad que se encuentra para acercarse a la estela de aprendices que orbitaron alrededor del talento de Leonardo. En esta misma sala hay una Virgen de Giampetrino y otra de Marco de Oggiono, uno de los candidatos que también ha sonado para la atribución de la «Mona Lisa» de El Prado. Curiosamente, este es otra de los posibles artistas que pudieron hacer «Salvador adolescente», que se puede ver en el Museo Lázaro Galdiano. Esta tela, atribuida a Boltraffio, responsable precisamente del retrato que se ha conservado de Francesco Melzi y, también, del único autentificado de Leonardo da Vinci, parece que pertenece a Oggiono. Lo curioso es que es una copia de un dibujo del genio florentino que ha desaparecido. Lo que, junto a las anteriores, nos permite conocer mejor la obra de este maestro.


Varias hipótesis para un solo cuadro
La Virgen que ejecutó Giampietrino, el autor que realizó la copia de «La última cena» que vendrá a Madrid este febrero. Se puede observar el «estilo» leonardesco que conserva la figura. «La adoración de los Magos», de Fernando Yáñez, el nombre que han propuesto los especialistas italianos cuando han mencionado a los discípulos españoles. En este detalle se ve la «Madonna con el niño». Este aprendíz de Da Vinci exportaría a España las maneras y las enseñanzas del maestro florentino. En sus pinturas es fácil rastrear cuál ha sido la influencia que dejó Leonardo en él. Ambas ahora están en Madrid.


¿Quién era Ferrando Spagnolo?
El nombre de Melzi, que se ha barajado para la autoría de la «Mona Lisa» de El Prado, se han sumado el de dos pintores italianos que estuvieron en el taller de Leonardo da Vinci: Fernando Yáñez, que es el que suena con más fuerza, y Fernando de Llanos. Son los Hernandos. Ambos aprendieron la manera de pintar de Leonardo y la aplicaron en sus trabajos posteriores, como se puede observar en las obras que se exponen en la exposición que el Canal de Isabel II dedica a Da Vinci y en las pinturas que dejaron en la catedral de Valencia. Estos nombres los han postulado ahora desde Italia. Aseguran que estaban con Leonardo y que Melzi todavía no sería un pintor en 1500, no coincidiría con el estilo de Melzi. Esto se debe también a la nota «Ferrando Spagnolo, pittore» que aparece en un documento. Nadie sabe quién es esta persona. Pero colaboró con Leonardo en la «Batalla de Anghiari».

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