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Valverde: «Quería poner un punto y seguido luego el tiempo dirá»

  • Apenas tres días después del local Jesús Millán, el coso maño de La Misericordia será mañana nuevamente testigo de la despedida de los ruedos de otro matador labrado a sangre y fuego en corridas duras. Javier Valverde se sincera con LA RAZÓN, horas antes de la última tarde de una carrera en la que los Miura, Adolfo, Cuadri, Cebada… le abrieron los muslos, pero también la puerta del triunfo en multitud de cosos.

 -¿Será la tarde más emotiva de su carrera?
-Estoy muy ilusionado, porque sé que será especial, sobre todo ya en lo personal. Espero disfrutar de cada momento y torear a gusto para hacerlo bien y que tanto yo como la gente salga contento.

-Torero charro, la feria Salamanca está situada al final de temporada, ¿Por qué eligió Zaragoza para el adiós?

-De toda la vida, Zaragoza ha sido la última feria importante y qué mejor escenario que una plaza de primera para poner el broche de oro. Todo torero siempre ha soñado con empezar en febrero en los primeros ciclos y acabar en el Pilar. Además, Salamanca quedaba en septiembre y tampoco quería perderme algunos compromisos entre una y otra feria en los que también quería torear este último año.
 

-Con una treintena de festejos, ¿ha sido la temporada de despedida que esperaba?

-He cuajado un año muy bonito. Al menos en las plazas que siempre han sido referencia en mi carrera, me he podido despedir con la mayor dignidad posible y con algún triunfo en algunos de ellos. La única espina es no haber estado en Sevilla.


-Pues con La Maestranza también ha mantenido ese idilio de hiel y miel.

-Sí, gracias a Dios, fue otra de las plazas que ha marcado mi carrera. Junto con Madrid es la que más repercusión ha tenido en el devenir de mi trayectoria profesional.


-Definió su último paseíllo en Las Ventas -de sangre de toro y oro igual que hoy- como "escalar el Everest de rodillas". ¿Le entristeció que un día tan esperado justo se pusiera todo el público en contra por el cambio de ganadería?

-Sí, es normal cuando en Madrid cambian un encierro torista por otro de apellido Domecq. Pese a todo, aunque no pude sacar más de lo que había esa tarde, gocé con el cariño y respeto de esta afición que, para mí, es punto y aparte. Si he vivido cosas extraordinarias en este mundo ha sido a través de esta plaza y este público. Ahora que ya no puedo tener ningún interés y es cuando más sincero puedo ser, sólo puedo darles las gracias porque año tras año han valorado que he ido responsabilizado y a dar la cara.


-Allí, salió a hombros como novillero en 2001 con utreros de La Quinta y ha cortado orejas a ley, que incluso pagó con sangre, pero, ¿no echa en falta una puerta grande ya como matador?

-Sí, ¿quién no? Me hubiera encantado, pero en Madrid siempre he tenido que tirar más de épica que de lírica. Aun así, he cortado orejas importantes y me he quedado cerca otras veces, aparte de esos momentos importantes que me ha hecho sentir la gente allí, instantes que había soñado cuando daba mis primeros pasos. Como persona, me quedo con ellos por encima de cualquier trofeo. Es más, creo que La Monumental ha significado más incluso que La Glorieta de Salamanca.


-Si tuviera que escoger una faena de toda su carrera, ¿cuál sería?

-¡Uff! Me ha pillado, nunca sé que responder a esa pregunta (bromea). Sería injusto elegir un eslabón de toda la cadena, porque no hace fuerza. Quizás, me quedaría con aquellas en las que me tuve que sobreponer a circunstancias adversas como una de Cuadri en Madrid o el primer toro de Miura en Sevilla, que corté una oreja, pero también me llevé una cornada. Ésa fue una tarde de las que hacen afición con los tres espadas con un apéndice, pero a cara de perro.


-Otro pilar de su carrera es Francia, ¿qué le dio el país vecino a Javier Valverde?

-Prácticamente todo, porque lo peor de esta vida en cualquier profesión son los comienzos. Cuando debuté con caballos, no podía poner dinero para torear, además me parecía una canallada, me brindaron una oportunidad en Roquefort, corté una oreja y me sirvió para acabar con once novilladas. Esos triunfos me sirvieron para entrar en el Zapato de Oro en Arnedo, logré otras tres más y entré en el Encuentro Internacional de San Sebastián. La victoria ahí, con César Jiménez y Salvador Vega, fue ya el pasaporte para la novillada de San Isidro en la que salí a hombros. Así que Francia fue abriendo puertas.


-¿Corre más rápido el reloj, pesan más los años como torero, instalado en las corridas duras?

-Con todo el respeto, sin duda. Cualquiera que se pone delante de un toro sufre un desgaste obviamente, pero sí la erosión aquí es mucho mayor.
 

-¿Fue lo que le hizo replanteárselo todo?

-He acabado fatigado las últimas temporadas y hay que ser honesto con uno mismo, quizás el punto de ambición me había bajado. Amo mi profesión por encima de todo, tampoco tendría problemas para seguir toreando en las ferias, pero me apetecía dar este paso por respeto a la profesión, porque para ceñirte el traje hay que estar al cien por cien, no al ochenta. Quería poner un punto y seguido, porque también me surgen otro tipo de inquietudes.


-Entonces, ¿es un hasta luego?

-Bueno, no lo sé. De momento, lo único que sé es que es la última corrida que voy a lidiar como matador de toros. Luego, el tiempo dirá, no me preocupa ahora.


-Ha estudiado magisterio, ¿seguirá siendo maestro Javier Valverde?

-He sido más hormiga que cigarra. La vida está llena de etapas y cada una se extiende un tiempo. No me perdonaría que después de todo el sufrimiento que he aguantado para compaginarlo, no tuviera unas actividades con las que ver recompensado ese esfuerzo.


-El viernes acaba la corrida. Llega al hotel y se ducha tranquilamente, ¿qué tendría que haber pasado antes en el ruedo para sentirse el hombre más feliz del mundo?

-Como el resto de mi carrera, dar un día más la cara y disfrutar. Sentir que he hecho lo que debía, que la misión está cumplida, tal y como afortunadamente he palpado otras veces. No quiero una sensación especial. Espero que el público vea a un torero con ambición y que se está jugando la vida, no uno que se despide, porque saldré a ganarme otra vez más el respeto de la gente.

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