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El libro de la semana

Los libros nos llevan al huerto

El cultivo en pequeñas superficies, léase la terraza de casa o el patio trasero, vive un «boom» al que la literatura no es ajena. Y es que pocas cosas hay más saludables que llevar a tu plato el tomate que has visto crecer. Tomás Mata lo cuenta con todo detalle en «El huerto curativo»

«El huerto curativo»
Tomás Mata
plataforma actual
264 páginas, 17 euros.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de junio de 2012. 02:01h

Comentada
7/6/2012

La cultura del cultivo ecológico urbano es una tendencia en alza. Nos gusta sembrar productos frescos para luego disfrutarlos en la mesa, tanto que las terrazas, balcones, azoteas, patios, por pequeños que sean, y espacios en desuso se visten de un natural colorido para convertirse en auténticos vergeles. Superficies respetuosas con el medio ambiente que permiten filtrar el CO2, mejorar la calidad del aire, protegen la biodiversidad de las ciudades y, además, tienen un coste reducido.

Trasladar los valores del campo a la ciudad a través de la agricultura está relacionado con el movimiento bio que vivimos, así como a la gastronomía «slow food» y kilómetro cero, una filosofía que defiende la cocina de proximidad en un intento de rescatar recetas, materias primas en peligro de extinción y sabores olvidados y convierte a algunos maestros de los fogones en «agro-cocineros». Entre ellos, Mario Sandoval, de Coque, que investiga en la gastrogenómica, un estudio basado en el empleo de semillas de variedades de hortícolas autóctonas sembradas en huertos urbanos para respetar y recuperar la diversidad genética de nuestras plantas cultivadas, haciendo una culinaria más auténtica y saludable para nuestra sociedad, o Felip Llofriu, que ha diseñado uno pequeño en un patio trasero del restaurante Moo de Barcelona para autoabastecerse de hierbas aromáticas, flores comestibles y distintas hortalizas. Según los expertos, cualquier persona puede disponer del suyo. Unos soportes, como macetas o mesas de cultivo, sustrato rico en nutrientes, suficientes horas de sol y agua son los ingredientes necesarios. La tarea la pintan fácil también los numerosos libros que confluyen en las estanterías, ideales obras de cabecera que explican, paso a paso, cómo llevar a la mesa una ensalada elaborada con los ingredientes que ha visto crecer.

Obras rigurosas
En el auge de los libros de divulgación sobre los beneficios de la vida vegetal hay obras rigurosas y estudiadas que explican que la dedicación al huerto es una fuente de conocimiento. Uno de esos volúmenes es «El huerto curativo» (Plataforma Actual), de Tomás Mata. Es algo más que un manual práctico, ya que el autor cuenta sus vivencias e imparte una lección exhaustiva, tanto para iniciados como para aficionados, en la que profundiza en el hecho de que plantar para el consumo propio es un placer siempre que influyamos en lo que sucede más allá de la terraza, además de dar sentido a las numerosas preguntas de las que no somos conscientes cuando nos ponemos a cultivar los alimentos que vamos a comer. ¿Su conclusión? «El huerto es curativo en el ámbito personal, social y, especialmente, en los espacios urbanos». Mata realiza un recorrido por los beneficios de cultivar en medio de la ciudad, entre ellos, dice, libera el estrés, sirve como elemento terapéutico en personas mayores y discapacitados (huertoterapia), motiva a hacer ejercicio y a estar al aire libre, ofrecen alimentos frescos y sin química, crean vínculos con amigos y vecinos y son un espacio de ocio, inspiración y meditación. Y no tarda en recordar que aún existen numerosas personas que «son completamente ignorantes de la vida vegetal y se sorprenden cuando ven la flor violácea de la que saldrá una berenjena», para luego desgranar las principales pautas a tener en cuenta antes de empezar un huerto: «Valorar cuánto tiempo vamos a dedicar, cuánto espacio podemos cultivar sin agotar nuestras fuerzas y qué esperamos obtener de él además de comida». Con esto claro dedica un capítulo, que se agradece especialmente, a cómo empezar tu primer cultivo y ofrece unas líneas sobre las posibilidades a valorar, ya que, como dice, hay «miles de huertos urbanos: informal, municipal, comunitario, de comunidad de propietarios, de alquiler e individual».

   «Un microjardín en una taza» es uno de los apartados más curiosos destinado a los novatos, a quienes invita a empezar por germinar semillas comestibles (de alfalfa, soja, lentejas, cilantro, zanahoria, calabaza, guisantes, garbanzo...) en un pequeño recipiente y detalla cómo hacerlo para ver crecer los germinados.

   También resuelve problemas, entre ellos, cómo encontrar el lugar idóneo, con las horas suficientes de sol y agua, de unos 30 o 40 metros cuadrados es el ideal, qué tierra comprar, por ejemplo, el sustrato compuesto por fibra de coco y humus de lombriz es muy nutritivo, y qué contenedores escoger, además de regalar al lector un truco útil para ganar espacio: alternar plantas con estructura de raíz, forma de crecimiento o complementarios por un lado, y aquellas que toleran la sombra por otro. Se trata de 258 páginas con razones suficientes para empezar un huerto ipso-facto, sobre todo después de leer las líneas que dedica a la poca información que recibe el consumidor sobre el proceso que han sufrido los alimentos que va a ingerir hasta llegar a si mesa.
 

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