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La muñeira de Pepiño

Iñaki Ezkerra. 

Tiempo de lectura 2 min.

10 de octubre de 2011. 01:33h

Comentada
Iñaki Ezkerra.  10/10/2011

Rubalcaba ha ido a Lugo a comer pulpo con Blanco y a decirles a los padres de éste que tienen «un hijo honesto». No es a los padres de Blanco a los que hay que convencer de semejante cosa pues no hay padre que piense mal de su hijo. Ni madre. La de Roldán también tenía de éste un alto concepto que consta en las hemerotecas ya que no en los juzgados. Los padres y las madres tienden a pensar que, si su hijo ha hecho una barrabasada, es por culpa de las malas compañías. La compañía de Pepiño es Rubalcaba y no resulta muy tranquilizadora. Pocos partidos pueden presumir de tener unos líderes tan metidos en malos pasos y malos casos como el «Faisán» y el «Campeón».

Dos «amistades peligrosas» porque los dos van de sucesores de Zapatero. Cada uno quiere lo que quiere el otro y tiene para el otro preparadas la pala de enterrador y la lápida de la defunción política. El candidato sueña con ser campeón en las elecciones y el «Campeón» sueña con ser candidato a la Secretaría General después de que el candidato se la pegue el 20-N. Los dos están en los mismos umbrales de los tribunales y el abrazo que se han dado en Lugo no es el del oso sino el de los osos. «Ay Pepiño, adiós, no te vayas a ahogar en la playa» dice una famosa muñeira un tanto ambigua, pues no se sabe si le despide o le retiene. Es la que le canta Rubalcaba a un Blanco que a su vez le abre los brazos pero no los cierra. La impresión que dan esos dos comiendo pulpo a la gallega es que en ese restaurante de Lugo se han juntado el hambre con las ganas de comer.
 

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