miércoles, 26 abril 2017
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Zapatero impone el mayor recorte social de la historia

  • Zapatero anuncia rebajas en los sueldos de los funcionarios de un 5 por ciento, la eliminación del cheque bebé y una moratoria para cobrar la dependencia de cinco años. PP y CIU le piden además la eliminación de hasta tres ministerios y las subvenciones a sindicatos, empresarios y partidos.

     

Su más amarga jornada parlamentaria; un discurso que marcará un punto de inflexión en su mandato; un día para olvidar… El presidente de los derechos y la protección social, el de la ayuda al desamparado, el amigo, en definitiva, del gasto público subió ayer a la tribuna del Congreso cariacontecido, descompuesto. No se le recuerda un gesto similar desde que ETA hiciera saltar por los aires su empeño en ver el final del terrorismo.

 

Esta vez no ha sido una banda asesina, sino la realidad  de la crisis y las presiones de la UE las que le han obligado a virar el rumbo. ¡Y de qué manera! El de ayer era un Zapatero distinto, nada que ver con el que reparte optimismo. Ahora tocan recortes, medidas impopulares, malas noticias y peores augurios…Uno diría que empieza una nueva Legislatura.

 

Nunca más podrá utilizar el argumento de que el suyo es un Gobierno que saldrá de la crisis sin recortes sociales; tardará en volver a lucir el traje de repartidor de ayudas públicas. Háganse idea: Zapatero hace suyo ahora el discurso de la necesaria reducción del déficit y los recortesque ha entonado Rajoy desde que hace 18 meses empezara la catarsis económica. Y, por el contrario, el del PP abraza el catálogo de la protección social.

Es ahora el presidente quien habla hoy de «esfuerzo nacional», de la necesidad de cumplir los compromisos europeos y de reforzar la confianza en la economía. Y es Rajoy quien advierteque no apoyará la congelación de las pensiones mientras no se modifiquen antes los gastos de organizaciones empresariales, sindicales y políticas.

Éste sería el resumen de una jornada parlamentaria que se recordará durante lustros, después de que un presidente que se llama socialdemócrata anunciara el mayor recorte de prestaciones sociales jamás antes habido en democracia. Las medidas supondrán un ahorro adicional de 5.000 millones de euros en 2010 y otro de 10.000 millones  para 2011. ¿Los primeros afectados? Los funcionarios, aquellos a los que el Gobierno juró no tocar sus salarios, verán este mismo año reducidas sus retribuciones en un 5 por ciento y sus nóminas quedarán congeladas en 2011.

 

Los miembros del Gobierno se aplicarán una rebaja salarial del 15 por ciento. Y si los empleados públicos son los primeros afectados de este «tijeretazo», los pensionistas serán los segundos, ya que el año próximo quedará suspendida la revalorización de las pensiones, excepto para las no contributivas y las mínimas. Y, cuidado, porque el presidente no descarta, así lo dijo, nuevas subidas de impuestos para las rentas altas. De momento, serán damnificados, como decíamos, funcionarios, pensionistas y también futuras madres, ya que desde el próximo 1 de enero desaparecerá la prestación por nacimiento de hijo de 2.500 euros.

 

Tampoco se salvarán de esta criba los dependientes, no porque se les deje de pagar, sino porque aquellos que han adquirido derechos de retroactividad porque aún no se ha resuelto su solicitud puede que no vean la ayuda hasta dentro de 5 años. Y qué decir de la partida de cooperación al desarrollo, otro santo y seña del Gobierno Zapatero, que sufrirá una reducción de 600 millones.

 

Las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos tampoco se irán de rositas pues se prevé un ahorro en sus cuentas de 1.200 millones. Con todo esto más la reducción de 6.000 millones en la inversión pública estatal, que afectará sobre todo a Fomento y Defensa, el Gobierno prevé que el déficit público pase del 11,2 al 6 por ciento en dos años.

Nada que objetar si no fuera porque todos estos recortes y algunas de estas medidas se le venían pidiendo a gritos al Gobierno desde hace 18 meses. Y así se lo recordó uno tras otro cada uno de los líderes del resto del arco parlamentario que fue subiendo a la tribuna, tras escuchar los planes del Gobierno.

 

Cierto que Mariano Rajoy tenía fácil el ataque, pero es que además hilvanó uno tras otro los reproches que hoy maneja seguro la inmensa mayoría de la sociedad española. Primero, las advertencias previas: «No caben excusas, se lo advertimos hasta la saciedad y no hizo caso». Luego, las amonestaciones: «Le han impuesto las medidas como a un escolar indolente. Le han fijado los plazos y las revisiones; le han impuesto la tarea, le han marcado las cifras(..) Lo que han venido a decir nuestro socios europeos es que no se le puede dejar solo, que hay que marcarle la ruta y vigilarlo».

Rajoy aguardó, sin embargo, a la réplica para rematar la faena. Antes tuvo que escuchar de Zapatero que es el hombre del «Nunca, nada, jamás». Después, lo trituró: «El problema que tiene España no es ni las Comunidades, ni los especuladores ni los mercados, es su credibilidad, señor presidente». Dijo más en tono desafiante: «Y no vuelva a hablarme usted  de derechos sociales ni haga alusiones al PP sobre ello. Es usted el responsable de traer medidas improvisadas e injustas. No le daré un cheque en blanco  y menos apoyaré la congelación de pensiones mientras no se modifiquen gastos de organizaciones empresariales, sindicales y políticas». No se puede decir que aquí terminara todo, porque ahora la Legislatura acaba de empezar.

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