lunes, 26 junio 2017
02:59
Actualizado a las 
Ofrecido por:
  • 1

Rascacielos: Son la mejor opción para las ciudades del futuro

  • El One World Trade Center vuelve a superar al Empire State de Nueva York. Con sus 542 metros liderará el skyline de la ciudad. Once años después de que se predicara su desaparición, hay 300 edificios de más de 200 metros planificados en todo el mundo. Con una población urbana en aumento, los expertos analizan cómo tienen que ser para garantizar la sostenibilidad y la calidad de vida.
     

Mucho se especuló tras el 11-S con la construcción en altura, incluso se predicó el final de la era de los rascacielos. Once años después, la torre de la libertad o One World Trade Center (1WTC) vuelve a transformar el skyline de la ciudad de Nueva York, superando al Empire State Building. Los miedos de entonces parecen superados si se tiene en cuenta que hay en el mundo 300 proyectos de más de 200 metros en construcción. Aunque la técnica lo permite, ¿es sostenible vivir en la torre de Babel?

Según el último informe del Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH), China encabeza la lista de los países constructores de rascacielos con 23 edificios, seguida por Emiratos con 16, Panamá, con 10 y Qatar, 8. En 2011, 17 nuevos miembros ingresaron en la lista a pesar de la crisis. Mientras los edificios de oficinas bajan en el ranking (el 50 por ciento), los de usos mixtos y residenciales escalan posiciones, hasta ser el 31 por ciento de estas moles.

China está en proceso de construcción de 180 edificios de más de 200 metros y aglutina a día de hoy el 53 por ciento de los rascacielos más altos del mundo. A un ritmo de un nuevo rascacielos cada cinco días, según el «Skyscrapers Magazine», en 2016 contará en su skyline con 800 gigantes, cuatro veces más que EE UU. Siguiendo las afirmaciones del estudio presentado recientemente por Barclays Capital, China tiene un gran problema. Este estudio manifiesta la malsana relación entre la construcción de rascacielos y los procesos de crisis económica. La concentración de edificios en altura coincide, según el estudio, con crédito de fácil acceso, aumento de los precios de terreno y exceso de optimismo. Para muestra, unos cuantos botones: la Willis Tower de Chicago se terminó antes de la crisis del petróleo de 1974, las Petronas de Malasia de 1997 solaparon su altura a la crisis asiática y la coronación del techo mundial del Burj Khalifa en Dubai siguió en titulares a las dificultades del Emirato. Para Kevin Brass, editor periodístico del CTBUH, sus procesos de planificación, de entre cinco y diez años, coinciden simplemente con los ciclos del capitalismo, aunque «el volumen de construcción en China no tiene precedentes», alerta. Los nuevos desarrollos en las áreas del río Pearl y Yangtze, la contaminación y la aparición de ciudades fantasma convierten su modelo de construcción en altura en una elección simbólica nada sostenible.

Seguros y rentables

En la antigua Roma, los edificios altos hacinaban a las clases más bajas en las cotas más altas. Viendo la carrera internacional por la altura, 2.000 años después quien quiere ser más moderno y potente, construye más alto, pero ¿es seguro? Y, sobre todo, ¿es rentable construir tan alto? «La ingeniería permite construir a gran altura –la Burj Khalifa supera los 800 metros–, aunque es sólo una forma de hacerse notar», afirman los consultados. La sostenibilidad de los rascacielos empieza por la racionalidad económica y ésta se tambalea a partir del metro 200. «El mayor consumo energético de un rascacielos es el de los ascensores. A partir de 250 metros suponen también mucho espacio en planta. La rentabilidad viene por el
aprovechamiento del espacio y en Dubái en las plantas superiores el 90 por ciento del espacio no se usa », explica Luis de Garrido, presidente de la Asociación Nac. para la Arquitectura Sostenible y coautor del libro de próxima aparición «Rascacielos Bioclimáticos».

La conclusión es que los rascacielos de unos 200 a 250 son una buena solución porque concentran el impacto medioambiental en el territorio, pero no deben planificarse de manera aislada, deben rodearse de espacios públicos y ser polifuncionales: «No pueden ser tótems en el desierto. Construir en altura significa densificar los servicios pero tiene que proyectarse un espacio público generoso», explica Enric Massip, miembro del Colegio de Arquitectos de Cataluña y autor de la Torre Telefónica de Barcelona. De Garrido va más allá: «De seis manzanas, cinco deben ser verdes. Los rascacielos concentran el impacto pero si hay sobreexplotación del terreno volvemos a sumar impacto. También es bueno hacerlos gemelos para posibles evacuaciones; algo que no se ha hecho en el nuevo 1WTC». Brass coincide: «Las ciudades se quedan sin espacio. Para manejar la explosión demográfica hay que crecer, pero la calidad de los edificios no es lo único, deben ser parte de un plan urbano». En este sentido, para José Mª Ezquiaga, arquitecto, recientemente premiado por el Colegio de Arquitectos de Madrid por su diseño de prolongación de la Castellana, explica « no hay que tenerles miedo; el uso intensivo de suelo ayuda al uso de transporte público, pero deben prevalecer criterios funcionales y no sólo simbólicos. En Europa, cuando entre en vigor la normativa de edificios de energía casi nula, los rascacielos tendrán que contar con fachadas que reduzcan el consumo y generen energía. El rascacielos de cristal en cualquier sitio desaparecerá».

Benidorm, ¿un modelo de éxito?

El edificio residencial más alto de España, la torre Intempo, roza los 180 m de altura en Benidorm. La ciudad aglutina a 23 de los 100 edificios más altos de la Península y, aunque resulte extraño tras años de condena de su modelo urbano, está actualmente exportando su experiencia a Qatar. Rodrigo Rubio, del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña, lo explica así: «Benidorm ha funcionado bien económicamente por las playas y el sol. En Qatar no hay necesidad de crear ciudad debido al clima. Importa lo que le ayude a proyectar su poder». Para Ezquiaga, «el problema de España es la falta de usos mixtos. Nuestra tradición es hacer edificios de un solo uso».

 

SIGUENOS EN LA RAZÓN