domingo, 20 agosto 2017
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Un paso de cebra para anfibios

  • Cada año, nueve millones de sapos y ranas mueren atropellados en España.  Un nuevo proyecto pretende crear cruces seguros para estos animales en varias provincias
     

Son «tan tímidos» que por lo general sólo salen de noche. Durante el día se ocultan en lugares oscuros y por la noche se dedican a la caza de insectos, gusanos, babosas, lombrices y otros invertebrados. Los sapos son normalmente de color pardo grisáceo, tienen verrugas en la piel, la cabeza plana, glándulas parótidas hipertrofiadas por encima de los oídos, ojos brillantes similares a gemas con pupila transversal y dedos parcialmente palmeados.

Aunque la mayoría de la población lo desconoce, algunos anfibios, como el sapo común, son especies catalogadas en peligro de extinción. La destrucción de su hábitat, la contaminación de las aguas y el cambio climático son algunos de los problemas que afectan a este taxón cada año. Pero no sólo eso, más de 30 millones de animales mueren atropellados en España cada año, de los que cerca de nueve millones son anfibios, al menos otros cuatro millones son reptiles, diez, aves y unos cinco, mamíferos.

En el caso de los anfibios, éstos recorren distancias variables en migraciones que realizan durante la época de lluvias, viéndose forzados a cruzar carreteras con el resultado de ser atropellados en gran número. Una vez que han cambiado de hábitat, durante los meses fríos los sapos hibernan enterrándose en madrigueras. En primavera se aparean y las hembras ponen sus numerosos huevos en estanques en forma de cadenas gelatinosas de hasta 1,2 metros de longitud.

Para evitar la muerte de estos anfibios, la Asociación Conocer y Proteger la Naturaleza Alerce (CPN), con la colaboración de la Fundación Biodiversidad, ha creado un proyecto para la reducción de mortandad de pequeños vertebrados por causas no naturales. Esta iniciativa, ha reunido a 100 voluntarios que se han dedicado a la creación de barreras temporales, a ayudar a cruzar a estos invertebrados y a estudiar los puntos negros de cinco provincias: Barcelona, Álava, Cuenca, Madrid y León.

Puntos negros
«La temporada de migración o cruce de las carreteras es entre otoño e invierno», explica Carlos Fraile, coordinador del proyecto de CPN Alerce «Anfibios y carreteras». «La ampliación o creación de nuevas carreteras por zonas verdes y el aumento del tráfico –continúa– provoca la muerte de estos animales».

«La M-301, en Madrid –prosigue–, es uno de los puntos negros de la Península ya que esta carretera atraviesa el Parque Regional del Sureste en el que se encuentra una gran cantidad de estas especies. Para evitar que esto siga en aumento, hemos creado barreras temporales, fabricadas con hierro y plástico, para desviar a estos animales por pasos subterráneos evitando que crucen la carretera», comenta Fraile.

«Las hembras tienen más posibilidad de ser atropelladas, ya que van cargadas de huevos y son el doble de grandes que los machos», argumenta Elena del Val, voluntaria de la Plataforma Anfibios y del Grupo Naumanni. «Estos animales salen a la carretera para hidratarse, pero sobre todo porque tienen que cruzar la carretera para llegar hacia su lugar de reproducción, y allí donde se encuentran con el peligro», continúa. «Durante un tiempo –prosigue–, un grupo de voluntarios nos hemos reunido para acudir a los puntos negros a recoger a los sapos y cruzarlos al otro lado de la carretera de esta forma les facilitamos el trabajo y evitamos que mueran». «Si no ponemos medios, creemos que esta especie puede llegar a desaparecer a largo plazo», comenta Del Val.

Existen comunidades autónomas que ponen remedio a este problema. Es el caso de Andalucía. «Con el aumento de la mortalidad del lince, las autoridades pusieron barreras alrededor de Doñana y esto ha favorecido a los anfibios», explica Fraila. «En cambio, en Madrid las carreteras son bastas y el tráfico alto, y las medidas en esta comunidad son insuficientes». Hasta el momento, ha sido el Director General de Medio Ambiente uno de los pocos que se ha interesado en el asunto. «Se personó a primeros de noviembre en una noche de lluvia en la carretera M-301, y como un voluntario más recogió sapos hasta las dos de la madrugada», explica Del Val. «Días después de su ayuda, y por orden de la Dirección General de Medio Ambiente se empezó a instalar barrera para anfibios a manos de la cuadrilla del Parque Regional del Sureste», continúa. Tras esto, los voluntarios se muestran agradecidos, «que alguien de la administración vea el problema y nos ayude, es un gran paso para evitar el problema, y esperamos que continuen colocando los medios necesarios para solucionarlo», finaliza Del Val.

Soluciones
Los expertos esperan que las soluciones aumenten con el paso del tiempo. Que las vías de comunicación humanas sean compatibles con los ecosistemas que atraviesan debería ser una prioridad para la sociedad.

«Queremos concienciar a la población de este problema, y esperamos que las autoridades de las distintas comunidades tomen medidas al respecto», concluyen ambos expertos.

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