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jueves 21 septiembre 2017
15:08
Actualizado

Nueva oleada de inmigrantes en 2015

  • Aunque la crisis ha frenado en seco la llegada de extranjeros, España necesitará mano de obra por la baja natalidad y el envejecimiento de la población

La mejora de la situación económica de España provocará una nueva oleada de inmigrantes a partir de 2015. A pesar de que la tasa de paro de este colectivo alcanza en la actualidad el 29 por ciento, el mercado laboral necesitará mano de obra que los españoles no pueden proporcionar por la disminución drástica de la población en edad de trabajar. Por ello, la integración debe ser uno de los principales objetivos de España para los próximos años en materia de inmigración.
Estas son sólo algunas de las reflexiones realizadas por un grupo de expertos en el «Anuario 2010. Inmigración y Crisis Económica. Impactos actuales y perspectivas de futuro» presentado ayer en Madrid.

El informe, elaborado por sociólogos, economistas, politólogos y juristas, advierte de que las cifras de desempleo no reflejan la realidad de los inmigrantes que viven en España. El paro afecta a tres de cada diez extrajeros, pero la mayoría de ellos corresponde a aquellos que han llegado recientemente y que no han podido adaptarse a nuestro mercado laboral, tal y como explicó el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los responsables del informe, Josep Oliver. «Un 80 por ciento de los nuevos parados» foráneos el año pasado eran personas que no habían trabajado antes, mientras que el 90 por ciento de los oriundos que se dieron de alta, sí habían perdido un empleo anterior. 

Precisamente, añadió Oliver, la crisis ha puesto de manifiesto una gran capacidad de adaptación de la población inmigrante a las necesidades derivadas de un proceso de destrucción de empleo de una intensidad desconocida en nuestra historia reciente. Esto no quiere decir que todos los extranjeros hayan conseguido evadir la situación económica. La destrucción de puestos de trabajo entre los españoles dobla las cifras de la de los extranjeros residentes. Aun así, los inmigrantes de hasta 34 años han abandonado el país, tal y como han hecho también otros 550.000 jóvenes españoles. De hecho, en 2009 y 2010 se acentúa la tendencia creciente de protagonismo de los nuevos inmigrantes de 15 a 64 años y la caída de los dos grupos más vinculados al mercado de trabajo, los de 16 a 24 años y los de 25 a 34.


Estructura laboral
Todo esto ha alterado la estructura por edades del empleo inmigrante, de forma que ganan posiciones los mayores de 45 años, rompiendo la tendencia positiva de los años del «boom» de la inmigración. Si a ello se une el descenso de las tasas de natalidad en España, la resultante es que, cuando llegue la recuperación –a mediados de la próxima década– habrá un «serio déficit» de jóvenes, lo que hará necesaria una nueva llegada masiva de inmigrantes.

En el tercer trimestre del año pasado, una cuarta parte de la mano de obra y del empleo de los individuos entre 25 y 44 años, el «núcleo duro» del mercado de trabajo, había nacido fuera de España. Además, han sabido capear la crisis porque existen muchos empleos que los nacionales no quieren y por los que están dispuestos a recibir salarios más bajos para poder trabajar. La agricultura, el sector de empleados de hogar, los establecimientos de venta de bebidas y el comercio al por menor son los sectores que aglutinan uno de cada tres empleos de inmigrantes.

El salario medio de un extranjero de 16 a 29 años es un 11,92 inferior al de un nativo, diferencia que aumenta hasta el 41,20 por ciento si se compara con los mayores de 45 años. Esta brecha no sólo aumenta con la edad, sino que también lo hace en función del nivel de cualificación del puesto de trabajo.  Otra de las características es la temporalidad del empleo. En este sentido, existe un extensivo uso de la contratación temporal entre los inmigrantes, que afecta al 60,2  por ciento de media, cifra que casi dobla la temporalidad entre los españoles, situada en el 39,2 por ciento.


Política de acogida
Son estas previsiones las que han impulsado a los expertos a advertir de la necesidad de estar preparados para esa eventualidad «poniendo al día» las políticas de acogida e integración de inmigrantes. Entre ellas, el informe destaca la importancia de la puesta en marcha de políticas que favorezcan «una mayor orientación y apoyo en la transición hacia otras ocupaciones, mejor intermediación y más formación ocupacional».

La secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Anna Terrón,  resaltó que la entrada de nuevos inmigrantes a España se  haya reducido «prácticamente a cero» debido a la crisis económica y  las consecuentes dificultades para encontrar empleo.

Según el informe, el año pasado apenas creció la población  inmigrante, cuando el balance fue positivo en 2009 (100.000  personas), 2008 (400.000) y 2006 y 2007 (550.000).

«El flujo proveniente de países terceros de personas con un primer  permiso de residencia está prácticamente en cero (apenas 6.000 entradas nuevas)», señaló Terrón, que aventuró que «estamos ante un cambio de ciclo migratorio» iniciado en 2010,  que fue «el primer año en que por primera vez disminuyó la presencia  de extracomunitarios en nuestro país, un 1,4 por ciento, aunque hubo un repunte en los comunitarios».

Para Terrón, esta reducción del fenómeno migratorio se debe al empeoramiento del mercado de trabajo, que  ha provocado «la disminución de  la oferta de empleo».

En cuanto a la integración de los extranjeros, aseguró que actualmente existen «pocos problemas»  relacionados con los inmigrantes y su relación con el entorno y destacó que «la actitud de la sociedad española es enormemente constructiva», con «problemas puntuales enormemente amplificados».


Las remesas se mantienen
- Tras dos años de caídas, las remesas de los inmigrantes que trabajan en España se han estabilizado, según datos del Banco de España. En 2010 el envío de remesas alcanzó los 7.186 millones de euros frente a los 7.213 millones registrados en 2009, lo que supone un descenso casi inapreciable del 0,3%.
- Las estadísticas del Banco de España reflejan que desde 2002 las remesas de inmigrantes habían crecido paulatinamente, pero la crisis económica y el incremento del desempleo entre la población extranjera han propiciado que éstas comenzaran a descender desde el año 2008.

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