jueves, 27 abril 2017
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Una lucha fiel a favor de la mujer por Victoria López Luaces

El día de la canonización de nuestra madre fundadora supone para nosotras mucha alegría, ya que es el reconocimiento a una mujer de virtudes evangélicas muy grandes, una mujer a la que se ha querido esconder y mostrar controversia alrededor suya, no la han querido reconocer como fundadora, y esta canonización es una victoria, como dice la Palabra «Hay cantos de victoria en las tiendas de los justos», ante todo tenemos un sentimiento de acción de gracias».

Yo que he tenido que leer todos sus documentos y su vida, destacaría de ella la fe, una fe inquebrantable que le hizo fuerte, humilde, una fe amorosa que le ayudó a ver a Dios como un padre, habiendo recibido humillaciones nunca dijo nada, esto lo sabemos gracias a una amiga y confidente llamada Socorro Hernández, que confesó que la madre Bonifacia siempre quiso imitar el silencio de Jesús ante Anás cuando no abrió la boca delante de los falsos testigos que se presentaron y perdonó a los que le crucificaron.

La obra de la madre Bonifacia fue muy novedosa para su tiempo, pero no cuadraba con lo tradicional de aquel momento y por ello no fue entendida. Era un carisma de mujeres trabajadoras para mujeres trabajadoras que intentaron desprestigiar y decir que no tenía futuro, por eso le pusieron tantos obstáculos para poder alcanzar su objetivo.
 
El carisma primigenio fue imitar el taller de la Sagrada Familia de Nazaret y poder ofrecer trabajo a las mujeres y prevenir los riesgos de la mujer.

Victoria López Luaces
Religiosa de la orden de la Madre Bonifacia

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