domingo, 01 marzo 2015
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Tormentas veraniegas por Josep Maria Rañé

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Muchas veces las actuaciones humanas, y la política es una de ellas, se parecen a las de la naturaleza. En verano, los calores calientan el aire de la atmosfera produciendo la formación de tormentas. Algunas tienen el efecto beneficioso de refrescar el ambiente y hasta regar el terreno haciendo que este sea más fértil. Otras, por el contrario, se precipitan de forma exagerada, ya sea en forma de tromba de agua, anegando o inundando los terrenos sobre los cae, o en forma de granizo, malogrando cosechas y plantaciones que tanto esfuerzo condensan en su interior.

Este verano estamos teniendo incrementos de la temperatura política que pueden derivar en tormentas. No sólo vivimos sin vivir en nosotros, por los vaivenes de la economía, sino que además su gestión esta elevando la tensión entre el Gobierno central y los autonómicos. Las elucubraciones que producen esas subidas de temperatura política, señalan como supuestas salidas fenómenos como los gobiernos técnicos en España o el adelantamiento electoral en Catalunya. Ni una, ni otra, son una salida positiva.

Nunca la substitución de la democracia por la tecnocracia fue una solución, ni adelantar unos comicios por la imposibilidad de negociar una mejor solución al status quo actual es hoy  la opción adecuada. Y más si tenemos presente que fruto de la crisis  las fuerzas centrales del tablero político bajan y suben los extremos, complicando todavía más la solución. El previsible resultado se asemejaría más a un fuerte granizo que a una  placida lluvia refrescante y reparadora. A diferencia del tiempo, en esto las personas sí podemos decidir.
 

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