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El FUTURO DE EUROPA / LOS PLANES FRENTE A LA CRISIS

Hollande anuncia un recorte de 33000 millones el mayor en 30 años

El presidente francés lo justifica ahora pese a sus promesas electorales. Su Gobierno reducirá las partidas de Educación, Seguridad Social y Justicia

  • Hollande se vio obligado a comparecer ayer en horario de máxima audiencia para tratar de dar un impulso a su maltrecha popularidad
    Hollande se vio obligado a comparecer ayer en horario de máxima audiencia para tratar de dar un impulso a su maltrecha popularidad
París.

Tiempo de lectura 5 min.

09 de septiembre de 2012. 19:47h

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París. 9/9/2012

PARÍS- Se acabó el periodo de gracia para François Hollande. La vuelta al curso se ha convertido en cuesta de enero para el presidente francés, que apenas acaba de cumplir cuatro meses desde su elección y lo está celebrando con una irrefrenable caída de su popularidad. Casi seis de cada diez franceses están «descontentos» con los primeros pasos que se han dado y poco menos de la mitad estima que el jefe del Estado no está cumpliendo con sus promesas de campaña. Además, la economía gala no sale de su atonía y este verano el paro ha rebasado el umbral de los tres millones de desempleados. Había prometido «el cambio, ahora» y, pasados ya los cien días de prueba, los franceses tienen la impresión de que frente a la crisis, el Gobierno socialista permanece de brazos cruzados. Eligieron la «normalidad» de Hollande pero tras cinco años de hiperpresidencia sarkozysta parecen ahora echar de menos la acción y dinamismo a la que les tenía acostumbrados el gobernante conservador.

Para dar un impulso a su política, clarificar las medidas que se van a tomar y, sobre todo, tratar de enviar un mensaje de confianza y tranquilidad a una dubitativa ciudadanía, François Hollande acudió ayer a la televisión y en horario de máxima audiencia. También para explicar que la crisis no se ha quedado en las puertas de Francia. Y que el esfuerzo que va a pedir «es el más importante de los últimos treinta años». Aunque sin pronunciar en ningún momento la palabra austeridad ni rigor, proscritas de su programa electoral. Dicho esfuerzo presupuestario estará a la altura del ajuste económico que necesita el país para cumplir, como se ha comprometido con Bruselas, el objetivo del 3% de déficit público en 2013. Esto es: unos 33.000 millones de euros que son los que de momento faltan y que el Gobierno socialista galo espera obtener a base de recortes del gasto público (10.000 millones que no afectarán a la Educación, la Seguridad y Justicia) y en las partidas de la Seguridad Social (2.500 millones), pero sobre todo a base de subir los impuestos. Eso sí, el incremento, que se cifró en 20.000 millones, será repartido «justamente» entre hogares y empresas. Es decir, que pretende repercutir el aumento principalmente entre las rentas más altas para no desdecirse respecto a sus compromisos electorales durante la campaña en un momento en el que numerosas voces acusan al Ejecutivo de echarse atrás y renegar de su tan proclamada política «contra los ricos». Las grandes empresas y las PME tendrán que soportar 10.000 millones más de presión fiscal al igual que los hogares más favorecidos. El Ejecutivo cuenta  con recaudar otros 10.000 millones con un nuevo tramo en el impuesto sobre la renta que gravará con el 45% a quien gane más de 150.000 euros y con la polémica imposición del 75% sobre los ingresos que superen el millón de euros. Una promesa electoral que François Hollande calificó de «simbólica» y confirmó ayer que aplicará sin excepciones desmintiendo a todos aquellos que en los últimos días cuestionaban la adopción de esta medida que afectará a entre 2.000 y 3.000 contribuyentes galos. Entre ellos, la primera fortuna de Francia y Europa, Bernard Arnault, dueño del grupo de lujo Louis Vuitton-Moët-Hennessy (LVMH) a quien se ha acusado de querer exiliarse fiscalmente a Bélgica tras solicitar la doble nacionalidad. Intención que el magnate ha desmentido pero que no deja de ser un gesto político  sobre el que el presidente galo dijo anoche «debería haber medido mejor». «En estos momentos hay que llamar al patriotismo de todos», dijo Hollande matizando que el impuesto especial del 75% tendrá carácter provisional y espera poder retirarlo en dos años. Ése es el margen que se ha dado para «enderezar» la situación. «Mi misión es levantar el país. Voy a fijar una agenda de dos años para poner en marcha una política de empleo, competitividad y saneamiento de las cuentas públicas», prometió el mandatario en un intento de recuperar el timón tras las críticas acerca de su indecisión y la lentitud de las reformas. Y no perdió la ocasión de arremeter contra su antecesor. «No voy a hacer en cuatro meses lo que otros no han hecho en cinco años», asestó. El Gobierno, que ultima la Ley de Presupuestos de 2013 con una previsión de crecimiento rebajada del 1,2% al 0,8% una hipótesis «más realista», juzgó ayer Hollande presentará los detalles de este plan de ajuste a finales de mes. El presidente socialista confirmó los peores augurios para este año que la economía gala cerrará 2012 con un crecimiento casi nulo.


Los errores del «hombre normal»
Tanto en campaña, como una vez en El Elíseo, Hollande y su equipo se han encargado de que pareciera «un hombre normal». Él mismo aseguró que iba a tomarse la legislatura en esta línea: «Quiero ser un presidente normal, pero no un presidente ordinario» y ha trabajado mucho para que esta imagen prevalezca. Bajada de sueldo, vacaciones locales, viajes en tren y no en jet privado... Hasta las revistas de «celebrities» galas describieron su bermuda azul y el bikini negro de su pareja, como «normales». Por lo que a la mínima «anormalidad», la Prensa satírica se frota las manos. Como cuando en pleno descanso estival, en la Costa Azul, llegaron a su 2ª residencia ni más ni menos que 14 paquetes de la lujosa marca española Kettal.


EL BALANCE
Cuatro meses en el poder

1.- Luna de miel
El «efecto Hollande», tras bajarse el sueldo, retirar las tropas de Afganistán, aumentar los impuestos a los ricos y una jubilación a los 60 para los que trabajan desde jóvenes, duró apenas unas semanas.
2.- Recesión
El abandaredo de la «anti-austeridad» ha visto cómo la economía ha decrecido en el último trimestre y ha aumentado el paro.  La consecuencia son recortes en el gasto y aumento de los impuestos.
3.- Falta de liderazgo
Acostumbrados a Sarkozy, los analistas explican que los franceses no ven a Hollande «al timón».  Esto hace que vaya perdiendo apoyos.

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