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Karzai tiende la mano al enemigo

  • Notables tribales y  hombres de prestigio, algunos vinculados con el anterior Gobierno talibán, tratan de obrar el milagro.

Cuando se cumplen nueve años desde la llegada de las tropas extranjeras a Afganistán, el Gobierno de Hamid Karzai inauguraba ayer la Asamblea de la Paz con vistas a negociar con los grupos insurgentes.
«En cada pueblo y distrito de este país, el pueblo espera del esfuerzo del Consejo que la paz llegue a este país oprimido y asolado por la pena», dijo el presidente, Hamid Karzai, al inaugurar el acto. El Consejo, cuya formación fue anunciada por el Gobierno afgano a principios de septiembre, está compuesto por 60 miembros, notables de las tribus y hombres de prestigio, que se reunieron en el Palacio presidencial, aunque por el momento se desconoce quién encabezará el organismo ni dónde estará  la sede definitiva. Su misión es tender puentes de diálogo con el movimiento talibán y otros grupos insurgentes, en un momento en el que éstos han expandido sus actividades a gran parte del país asiático sin que las autoridades estadounidenses vean una salida clara a la guerra.
Para ello, el Gobierno afgano cuenta con la promesa de los aliados occidentales de un aporte sustancial de fondos, 784 millones de dólares, para financiar la desmovilización de unos 36.000 milicianos a los que se considera «recuperables» porque, en opinión de los afganos, sólo combaten por dinero y bajo el terrror que les inspiran los talibán. Un cálculo arriesgado si se tiene en cuenta la historia del país.
Sin embargo, la composición de la asamblea permite albergar esperanzas. Así, entre los miembros más destacados se encuentra el presidente del Senado, Sebhatula Mujadidi, antiguo líder muyahidín y primer presidente de Afganistán tras la caída del régimen comunista en 1992. También están hombres ligados en el pasado con los integristas islámicos y que fueron colaboradores directos del mulá Omar, como Abdul Hakim Mujahid, ex representante del régimen talibán (1996-2001) ante la ONU, o Arsalan Rabani, antiguo viceministro de Asuntos Islámicos de los integristas.
En los últimos días, se han multiplicado de hecho las informaciones sobre el inicio de nuevas conversaciones secretas entre el Gobierno y los talibán para negociar el final del conflicto, cada vez más sangriento. Según informó el miércoles «The Washington Post», de fuentes anónimas, en esas conversaciones estarían participando representantes autorizados por el mulá Omar. Sin su concurso, cualquier acuerdo está llamado al fracaso. Mientras, sobre el terrreno,  los combates ganan en intensidad.
Si en la campaña de cuatro meses (octubre  2001–enero 2002) para derrocar al régimen islamista los norteamericanos apenas sufrieron medio centenar de muertos, sólo en los dos últimos años las bajas superan el millar.


«Ya controlamos el 75% del país»
Los talibán hicieron público ayer su particular balance de los nueve años de guerra. Y no puede ser más optimista. Según ellos, controlan el 75% del territorio, con la mayor parte de los campos de opio, y «todas las carreteras». Tácticamente, explican, «han neutralizado en gran medida la capacidad de la OTAN en operaciones nocturnas». También hicieron un análisis de la situación política: «La Casa Blanca está desorientada y dividida ante los pobres resultados de la guerra». Recuerdan que varios países aliados ya han retirado sus tropas y anuncian que seguirán la lucha hasta el final. Ni una palabra en el comunicado sobre negociaciones de paz con las autoridades afganas.

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