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Delantero

Fernando Torres: «A veces me he ganado no ir con la Selección»

  • Fernando Torres / Alberto R. Roldán
María José Navarro. 

Tiempo de lectura 8 min.

14 de agosto de 2012. 01:13h

Comentada
María José Navarro.  14/8/2012

MADRID- Cuando una va a entrevistar a Fernando Torres (Fuenlabrada, 20-3-1984), quizá espere ver a una gran estrella del fútbol, distante y refugiada en unos grandes auriculares. Lo que se encuentra es a alguien más preocupado por cómo entregar el carrito doble de niño que trae para los gemelos de su hermana que de salir en las fotos por el perfil bueno. Queda claro que es un tipo normal. De Torres llama la atención su delgadez, su aspecto de estar fino, finísimo. Llama también la atención su cara aún de crío, una cara que quizás no corresponda a un padre de dos niños con muchos años de profesional en el ojo del huracán de los medios. También llama la atención, tras esos ojos que brillan cuando se habla de su mujer, de sus niños, de su abuelo y del Atleti, el discurso de un hombre sensato y maduro que admira a los suplentes que siguen trabajando sin descanso y que parece haber aprendido más de los últimos tiempos difíciles que de muchos días de vino y rosas. Pausado, tranquilo, parece entender a la perfección todo lo que ocurre, tener los pies en el suelo y encarar las cosas con el aplomo del que lleva muchas batallas libradas.

–¿De verdad merece la pena un año como éste, con tanto desgaste a pesar de los títulos?
–Te diría que sí. He vivido cosas que antes no me habían pasado. Llega un entrenador nuevo y apenas cuentas, no cuenta tampoco lo que hagas en los entrenamientos. No puedes hacer más, pero no juegas. La gente te señala juegues o no, claro, pero no sabía qué hacer. Ahí me apoyé en compañeros que están en el banquillo, que no se dejan hundir y que siempre dan ejemplo. Paulo Ferreira, los porteros suplentes, los jóvenes que tienen frenada su progresión. Me ayudó ver el panorama sentado en el último escalón.

–Pero lo ha ganado casi todo...
–La temporada no ha sido para mí, era para otros. El Chelsea gana la Copa, pero no juego ni la semifinal ni la final. No sabe a nada. De la «Champions» me siento algo más partícipe, pero aún así no es la que quiero ganar. Quiero ganar otra y de otra manera.

–Aún así, quedaba la Selección.
–Mi último objetivo era ese, pero durante los meses previos a la Eurocopa me había quedado una vez fuera de la lista. De pronto, tengo minutos, los aprovecho, hay rotaciones en el equipo por las muchas competiciones, marco y me convocan. Me sentía como un niño pequeño. Y quizá era normal que no fuera con España. Se habría montado durante tres días y al cuarto, ya está.

–¿Y por qué pasa todo eso? ¿Es falta de suerte? ¿De entrenadores que confíen y le sitúen donde puede aportar más? ¿Cuál es la reflexión que hace de todo eso?
–No lo sé. Puedes pensar: «Igual el Chelsea no era el equipo». Pero si eres un gran jugador, tienes que encontrar tu sitio, no soy el primero al que le ocurre. Yo creo que no he sabido ser una referencia allí. Y en eso estoy. Estoy obligado a lograr que mis compañeros me necesiten. Cuando llegas a un club como ése, lo que has hecho hasta entonces no vale nada.

–¿Es verdad lo del vestuario del Chelsea?
–¿El qué?

–Dicen que los veteranos no te recibieron bien.
–No es que no me recibieran bien, es que eres uno más. No es un equipo ni un club en el que se miran los detalles: tus gestos, cómo entrenas, cómo te comportas... No, ahí llegas y eres uno más. Sólo tienes que ser una estrella en el campo. Ellos son veteranos, no tienen ya que dar ejemplo. Si llegara ahora de nuevas, lo haría de otra manera.

–¿Cómo?
–Intenté ser uno más, adaptarme a lo que había. Ahora sé que desde el primer día tienes que pensar más en ti y ocuparte en demostrarle a tus compañeros que eres uno más. Estaba más atento a cuál era mi sitio que preocupado por ganármelo.

–¿Por qué no jugó más con Drogba, no puede jugar con otro delantero?
–Son cosas del sistema de juego. Hemos hablado y no lo entendíamos ninguno de los dos. De todas formas, fue en el Liverpool donde encontré de verdad mi sitio porque jugaba sólo con otro hombre por detrás con llegada. El Chelsea no juega así. Arrolla al rival, con fuerza, con empuje, pero no te da espacios.

–Y todo con la afición de su lado.
–Me ha ayudado muchísimo. Y, además, no entiendes por qué. Vienes de fuera, ya has jugado bien en esta liga, y, con la mentalidad española, los primeros que se tendrían que haber vuelto en mi contra eran ellos, los aficionados. Resulta que no estás respondiendo a las expectativas, pero te apoyan. Esa gente es distinta. A veces pensaba «me meto aquí en el banquillo, no hago ruido, no quiero ni jugar». Pero ellos piden que salgas a jugar. Me han levantado el ánimo muchas veces. Ni siquiera lo han conseguido así los compañeros. Lo que haga a partir de ahora será por la afición. Por eso quiero otra «Champions». Será por ellos.

–Hablemos de la Eurocopa. ¿Algún día se levantó deseando haber nacido falso nueve?
–(Sonríe) No. Habíamos jugado así varias veces contra Inglaterra y en amistosos, pero no lo habíamos ensayado. Fue una sorpresa. Supongo que Vicente habría hablado con Cesc y funcionó muy bien. Esta Selección depende poco del sistema. Depende de la velocidad. Si juegas rápido, siempre aparece gente de atrás. No quiero que me tachen de oportunista, pero funcionó muy bien.

–¿Se siente suficientemente respaldado por Del Bosque? Lo digo por los comentarios del seleccionador después del partido de Francia, sobre las caras de los suplentes. O por el mensaje casi permanente sobre si se tiene que ganar la internacionalidad.
–Uno puede mirar a Vicente, a los demás, o a uno mismo. Al principio, cuando llegó, hablaba conmigo y yo sentía que tenía mi sitio. Hasta que me lesioné. A veces he ido y no merecía jugar tanto como otros. También me he ganado no ir. Cuando he ido y he jugado, es que me lo he ganado, pero si no he estado en la lista es porque no me lo gané. Me veo con fuerzas para recuperar el sitio de entonces. Si yo recupero el nivel de entonces y no juego será otra cosa, pero ahora mismo no puedo señalar al seleccionador.

–¿Y no le agota el eterno debate de si debe estar o no?
–Es parte de mi vida, siempre ha sido así, desde que estaba en el Atleti. No puedes luchar contra algo que no controlas. Cuando empiezas no sabes nada de lo que rodea al fútbol y estás pendiente de lo que se dice de ti. Ahora estoy aislado. Te llega, pero no soy muy consciente. Supongo que fallaría poco si me pongo a imaginar.

–Hablando de críticas... la celebración de la Eurocopa no gustó a todo el mundo.
–Estamos en el país de la crítica. Me gustaría saber quiénes y cuántos de los que estaban ese día en las calles de Madrid no se habían tomado una cerveza. Lo hablaba con Xabi Alonso, que no fue la alegría de la primera, porque Viena fue muy especial. Es que dos partidos antes de ir al campeonato nos estaban pitando y por eso fue tan alegre. Ahora tenemos niños y somos casi una familia.

–Algunos echaron de menos símbolos del Atleti en Fernando Torres por las calles de Madrid.
–¡Nadie me tiró nada! En las otras dos ocasiones no las había llevado de casa, me las dieron. Siempre había alguien que se acercaba y me las daba. No habría tenido problema. Yo no escondo de dónde soy, del equipo que soy, las hubiera llevado. El día de Mónaco, habrá que mirar al Atleti de otra manera, pero no hubiera tenido ese día ningún problema. Supongo que se las dieron a Juanfran.

–¿Se ve reflejado en el «caso Llorente», que quiere dejar su equipo de toda la vida?
–No sé su situación. Yo tuve la suerte de que mi afición estuvo conmigo siempre. Me veían más allá de lo que es un jugador.

–¿Ha sacado tiempo para ver a «La Rojita» en los Juegos? ¿Cómo se puede explicar lo sucedido?
–Es fútbol, esto pasa y algún día le pasará a la absoluta. Es una edad en la que cuenta más lo físico que la calidad. Le ha pasado a Brasil en Londres y en nuestro día, los que hemos ganado la Eurocopa o el Mundial, no nos clasificamos para los Juegos. Antes, en categorías inferiores éramos muy buenos y la absoluta no ganaba. Son jóvenes, todo llegará.

–Así que ya se ve mayor...
–Ya me tengo que cuidar...


Personal e intransferible
Nombra a Juan Mata cada poco, haciéndole casi parte de su familia. La de sangre perdió hace poco a Claudio Torres, ese que le metió dentro al nieto el veneno colchonero. Dice el nieto de Claudio que aún le quedan cosas por ganar, entre ellas lo de Mónaco. Y eso no es otra cosa que el Chelsea- Atlético. «Supongo que los sentimientos familiares están por encima de los de tú equipo, aunque en el caso de mi abuelo no lo sé. Si lo pienso bien, creo que ese día no habría visto el partido, ni lo hubiera escuchado. Se habría ido a dormir sin querer enterarse de nada hasta el día siguiente». Este año ha tenido veinte días de vacaciones con su mujer, aunque no puede decirse que hayan sido de descanso, gracias a Leo y a Nora, esa niña con coletas que le robó el protagonismo en la celebración de la Eurocopa. «Desde que tenía un año habla como un loro. Ahora va a un colegio en Londres y no tiene problema con el idioma porque lo que no sabe, se lo inventa».

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