viernes, 23 junio 2017
03:31
Actualizado a las 
  • 1
    Image

    OPINIÓN

    Alfonso Ussía
Ofrecido por:
  • 1

Las joyas de las bodas de Oro

  • Para celebrar sus 50 años de casados, el Rey quiere sorprender a Doña Sofía con las aguamarinas que pertenecieron a la reina Victoria Eugenia. Sin embargo, la madre de Alessandro Lequio –actual propietaria– se resiste a ceder las alhajas a su primo.

El Rey es consciente de que el 14 de mayo será un día muy especial para él y Doña Sofía. Cumplirán 50 años de casados y, por este motivo, lleva tiempo pensando en la manera de sorprender a su esposa. Consciente de la debilidad de la Reina por las joyas, ha movido Roma con Santiago para encontrar una perfecta. Hace varios meses, Don Juan Carlos comenzó a buscar una pieza que fuera especial, con historia y, sobre todo, de gran valor sentimental. Después de mucho tiempo dio con ella: un aderezo de aguamarinas impresionante conformado por un collar, una diadema, una pulsera, un par de pendientes, una sortija y un broche que pertenecieron a la Reina Victoria Eugenia de Battenberg, esposa de Alfonso XIII.
Se trata de una serie de alhajas que ha pasado por diferentes manos y ha estado presente en varios actos de especial relevancia para la familia Borbón. Con esta adquisición, el Monarca cumpliría dos de sus objetivos: reunir diferentes piezas de las colecciones privativas que poseen diferentes miembros de la dinastía y, al mismo tiempo, dejar sin palabras a Doña Sofía, ya que ella conoce bien estas aguamarinas y lo que han significado para sus diferentes propietarias.

Herencia familiar
Pero su ilusión se vio truncada a la hora de negociar la venta con sus actuales dueñas, las hijas de la Infanta Beatriz de Borbón y Battenberg, Olimpia y Sandra Torlonia, que heredaron el aderezo a la muerte de su madre. Éstas no desean que las aguamarinas, guardadas con celo en una caja fuerte en Suiza, salgan de sus manos, ya que fueron uno de los caprichos que con más cariño obsequió su abuelo, Alfonso XIII, a su esposa. Según se relata en el libro «Las joyas de las reinas de España» (Planeta), de Fernando Rayón y José Luis Sampedro, Victoria Eugenia se quedó prendada de un ejemplar de este tipo de piedra preciosa que llevaba su prima, la emperatriz Alejandra Fiodorovna, y no pudo resistirse a pedir un conjunto similar para su aniversario de boda con Alfonso XIII.  «Eso sí, las joyas no son cosas muertas, y para vivir deben cambiar de dueño de vez en cuando», confesó en una ocasión la monarca, según recogen los autores en su exitoso libro. Así que, siguiendo sus deseos, le regaló el collar de aguamarinas a su hija Beatriz con motivo de su matrimonio y, al parecer, ahora es la mayor de las Torlonia, Olimpia,  la que pretende continuar con el legado y ser ella la que decida quién lo lleve.

Expertos consultados por este diario aseguran que al igual que ocurrió con una diadema de Cartier que Don Juan Carlos compró hace años a la Infanta María Cristina, hermana de Don Juan, o más recientemente unas joyas  de la Condesa de Barcelona tras su muerte, esta adquisición hubiera supuesto una gran satisfacción para el Monarca y, sin duda, un detalle ejemplar hacia la Reina, que podría lucirla en varios de los actos oficiales a los que asiste, a diferencia de las actuales propietarias, que tienen contadas ocasiones de portarlas en público.
Seguramente, a pocos les suenen los nombres de Olimpia y Sandra Torlonia, pero si se añade la información de que la segunda es la madre de Alessandro Lecquio, la cosa cambia. Es en ella en la que se centran las opiniones de varios estudiosos de las joyas de la Corona española a la hora de indagar sobre las posibles conversaciones que hayan tenido el Monarca y las Torlonia. «Sandra, a diferencia de Olimpia, que está casada con el millonario Paul Annik Weiller, apenas hace uso de ellas, y el dinero que recibiera por estas alhajas le sería de mucho más provecho que el tenerlas guardadas bajo llave», aseguran. De hecho, las ha elegido como complemento en escasas ocasiones.

Las gemas más queridas
Sin embargo, también coinciden en que Olimpia sí parece tener más oportunidades para «sacar a pasear» tan solicitadas gemas. Es más, su hija Sibilla Sandra Weiller está casada desde 1994 con el príncipe Guillermo, hijo del Gran Duque Juan de Luxemburgo, y, por lo tanto, está «fuertementente ligada a temas de realeza, por lo que su madre puede que esté intentando comprar a sus hermanos toda la colección para que más tarde la herede su hija», confiesan. De esta manera, continuarían así con el deseo de Victoria Eugenia de que pasen «de mano en mano» para que sus joyas siempre «estén vivas». Quizá, otro de los motivos que llevó a Don Juan Carlos a pensar en esta pieza única, cuyas aguamarinas pudieron ser traídas de Brasil o bien de  la Rusia prerrevolucionaria (incluso  Rayón y Sampedro dudan de su procedencia en el capítulo que dedican a estas joyas en su obra), fue en cómo resaltarían con la piel y el cabello claro de Doña Sofía. Motivo al que aludió en varias ocasiones la misma Reina Victoria Eugenia, que aseguró que «combina a la perfección con mi pelo rubio, blanca tez y ojos azules».

En cuanto al precio que puede alcanzar este aderezo de aguamarinas, gemistas y joyeros no  se atreven a dar una cifra concreta, incluso varias casas de subastas consultadas ven imposible calcular la cantidad de salida que se marcaría en una hipotética puja. Eso sí, todos coinciden en que su valor es incalculable debido al pasado que tienen, por ser una pieza clave para los Borbones escogida por varias de las mujeres más importantes de la familia a lo largo de los años. Por sus dimensiones, por la pureza de la piedra y su color, los joyeros afirman que podrían pagarse hasta 500 euros por quilate (la quinta parte de un gramo) y este aderezo tiene piezas desde los 10 (las más pequeñas, que se encuentran en los pendientes y la pulsera), hasta los 100 que perfectamente podría poseer el broche. Así que sólo hay que multiplicar y sacar la cuenta, pero éste sólo sería un valor meramente formal y «físico», según los expertos, al que habría que sumarle otros factores intangibles. Eso sí, al tratarse de «la familia», el precio que podrían haber acordado las hermanas Torlonia con Don Juan Carlos, en el caso de que hubieran dado su brazo a torcer, siempre hubiese sido modificado según los intereses mutuos.


Pendientes para Letizia
No sólo está pensando Don Juan Carlos en comprar un obsequio especial a Doña Sofía, también tiene en mente al resto de las mujeres de la Familia Real. Al parecer, a sus hijas, las Infantas Elena y Cristina, les tiene  pensado regalar unos collares, y a la Princesa de Asturias, unos pendientes, ya que quienes la conocen bien aseguran que son las joyas que más aprecia. Todas las alhajas las comprará en la famosa joyería Aldao, situada en pleno centro de Madrid, donde el Rey acude todos los años a adquirir los regalos de Navidad y, ya de paso, charlar un rato con su dueña, doña Manolita.


Sus alhajas preferidas
Doña Sofía tiene predilección por las gemas rojas, especialmente por los rubíes de Niarchos que lució en una visita de Estado a Luxemburgo y el rubí con perlas de la boda de su sobrina, la princesa Alexia de Grecia. Adora también la tiara familiar de Cartier.


Unas gemas que han estado presentes en las bodas reales
Si se analizan con precisión las imágenes de las últimas bodas reales puede comprobarse que las aguamarinas han estado presentes en la mayoría de ellas o, al menos, en sus fiestas previas. El caso más significativo es el de Sandra Torlonia, que en la cena de gala que ofrecieron los Príncipes de Asturias en 2004 antes de su boda lució el collar y los pendientes de su abuela. La de la propia Reina Victoria Eugenia llevó la tiara en el baile prenupcial de Don Juan Carlos y Doña Sofía en 1962, al que acudió con su hija la Infanta Beatriz. Por su parte, Olimpia Torlonia eligió el nuevo y más discreto montaje de la diadema para la boda de los príncipes de Copenhague, Federico de Dinamarca y Donaldson, también en 2004.

SIGUENOS EN LA RAZÓN