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José Bros una carrera de fondo

En otoño celebra 20 años de trayectoria, «Don Giovanni» tuvo la culpa. Pero mientras llega el otoño cuenta las horas para el estreno, el día 19 en el Teatro Real, de «Werther», de Massenet, un personaje único que le absorbe como ningún otro.

  • prototipo: El personaje de Werther se ha convertido en un referente. Los jóvenes del siglo XVIII vestían como él, le imitaban
    prototipo: El personaje de Werther se ha convertido en un referente. Los jóvenes del siglo XVIII vestían como él, le imitaban
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

12 de marzo de 2011. 21:53h

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Madrid. 13/3/2011

Hace unos años, seis para ser exactos, en la sala de ensayos del Teatro Real, José Bros cantaba el papel de Ferrando en «Don Giovanni». Creo que vestía de negro. A su lado, Carlos Álvarez, con el pelo ensortijado y una camiseta ajustada, le daba la réplica a Leporello, mientras Lluis Pasqual ponía orden en la escena. Ese día, hace seis años más o menos, el tenor acabó hablando, fuera de foco, de la lata y las molestias que produce un calentador cuando decide no prender la llama. Que si el frío, que si la falta de agua caliente, que si además tienes niños el incordio es doble... Fieramente humano, pensé. Dos mil y pico días después de aquello, Bros se ríe con esa sonrisa de tenor barbado cuando le recuerdan esto, aquello y sus fiestas de juventud, que lo del canto viene de muy lejos. «Me decían "José canta algo, anda" y entonaba canción ligera tipo ‘‘Júrame'', ‘‘Amapola'' o ‘‘Granada'' con la voz bien impostada. Tenía unos 15 o 17 años. Madre mía...».

El fútbol sala y Romeo

Jamás ha olvidado sus raíces y cuida de sus amigos, los de siempre, y la familia, «que me interesan mucho más que mi carrera». Ahí donde le oyen, antes de subir al escenario, el señor Bros dio patadas a un balón cuando jugaba de defensa «y mi hermano de medio. Teníamos un equipo de fútbol sala. Un día me rompí un dedo del pie y ni me enteré. Ahora me dedico al tenis y al pádel. Fueron momentos muy felices», explica. Tan felices, seguro, como los que vivirá en noviembre, cuando se cumplan veinte años de su debut: «Me pillarán en Bilbao. ¿Que si lo celebraré? Yo lo festejo todo, me encanta», dice como aperitivo de lo que está por llegar. Su bautismo de fuego fue en 1991 y con un «Don Giovanni», precisamente.

Mientras viene el otoño, el tenor se ajusta el chaleco anaranjado y el guardapolvos casi hasta los pies color mostaza de Werther, a quien interpretará y al que dará voz desde el sábado 19 (día de San José, y en cinco funciones, ya que se turna con otra voz de referencia, la de Marcus Haddock) en el Teatro Real. «El jueves ensayamos ya con la orquesta y todo apuntó muy bien».

El personaje de Massenet le absorbe tanto que asegura que ni piensa en el estreno, «sino en el hoy. La música de Massenet, la de "Thais", por ejemplo, o la de "Manon", es una delicia. Cuando lo debuté en Nápoles ya lo veía. Al escuchar la partitura experimenté una sensación distinta. Me dije: ‘‘¡Dios mío!". Me deja psicológicamente agotado, exhausto porque me entrego totalmente a un hombre que roza la bipolaridad, que está preso de una obsesión continua», desvela Bros, mientras adelanta que la producción que subirá al escenario y que firma Willy Decker no es tradicional, sino que está llena de simbolismos, «con un ambiente que resulta tan bien definido. Hablamos bastante con el maestro, que ha demostrado tener una enorme flexibilidad».  Se refiere a Emmanuel Villaume, un hombre que ha entendido que los cantantes son humanos y que no pueden trabajar como máquinas, y que lo cumple al pie de la letra.

Entre sus compañeros de reparto, Jean-Philippe Lafont y un Ángel Ódena ante el que se deshace, «por ser un estupendo profesional y por ser una fantástica persona, que yo es algo que valoro mucho más. Es un profesional bondadoso y eso se refleja en el canto. Además, él cantará las doce funciones en un verdadero ‘‘tour de force'' porque no se turna con nadie», añade.

El privilegio de ser un Lord

Hace un par de meses José Bros era lord Riccardo Percy («me encanta sentirme un lord», dejaba escapar entonces con una voz divertidamente impostada). Casi con reverencia telefónica habló entonces de la «Anna Bolena» del Liceo (y que debutó hace 18 años) junto a su talismán, Edita Gruberova. Hoy se le nota exultante en el pellejo de Werther, que sabía que no abordaría antes de cumplir los 40: «Estoy satisfecho. El año que viene lo volveré a interpretar porque es un papel que deseo incorporar poco a poco porque se adapta muy bien a mis características vocales. He tenido y tengo la suerte de representar los papeles que he querido cantar en cada momento. Tenía claro que debía abordar éste porque había llegado ese momento de madurez artística y personal que esperas en tu carrera. Cuando llegó se produjo un cambio absoluto. Lo debuté en 2007. Te involucras una barbaridad... Ya nos ocurrió el jueves, en el ensayo a la italiana, sentados en una silla, con el piano, sin dramatización, pero se produjo un momento de gran emoción que era imposible de contener. Durante la muerte de mi personaje... fue especial».
Dice que si hace ocho años le preguntan por Werther quizá no hubiera sabido qué contestar: «Hoy sí ocupa un lugar. Hay papeles que me han acompañado desde mi debut, pero éste lo esperaba con ganas porque un día soñé que podría cantarlo. Cuando te ves capacitado y te atreves a dar el paso es fantástico. Yo he cumplido un sueño», asegura.

Que todo fluya, que todo funcione, que nada se pare. Ahí está la clave para este tenor nacido en Barcelona con cincuenta títulos distintos en su haber. Ganan en su listado Donizetti (12 personajes) y Verdi (7), mientras que Mozart le pisa los talones (con 6). De personalidad múltiple, ha sido Fausto, Elvino, Arturo, Nemorino, Edgardo, Roberto, el caballero Des Grieux y el duque de Mantua. Y muchos muchos más, y en unos meses incorporará uno nuevo en «Romeo y Julieta».

Siente que ya ha llegado ese momento. El año que viene, en la primera temporada que firmará Gerard Mortier de su puño y letra  en el Teatro Real, no figurará el tenor, «aunque sí estaré en Madrid. Estamos ultimando varios proyectos», adelanta para que no cunda la decepción, y añade: «Espero poder seguir siendo fiel a mi cita anual en la capital. No he faltado un año desde que debuté en 1997-1998 y me siento totalmente querido».

Es fiel a su tempo y ha puesto en pie una de las carreras más sólidas y equilibradas de la lírica. Lo dicen sus compañeros y él explica su modus operandi: «Nunca he tenido prisa y he aprendido a caminar pasito a pasito. La sociedad te empuja dentro de esta vorágine a correr y a convertirte en un producto acabado y listo para consumir. Yo tengo otra filosofía», apunta el tenor. No cree que el trabajo actoral supla a la voz y es consciente de sus límites, por tanto no fuerza la máquina ni se aleja de María, su esposa (que es su apoyo total), ni de sus hijos más que el tiempo necesario. Durante la conversación repite de vez en cuando tres palabras, «poco a poco». Habla en tono bajo y transmite tanta fuerza como serenidad. Tanta fuerza, José Bros, como serenidad. ¿Se imaginan al tenor cantando «El día que me quieras» o «Granada»? «¿Por qué no? Me falta tiempo...». Poco a poco.


El detalle EL EJEMPLO DEL LICEO

No corren buenos tiempos para la lírica en el coliseo barcelonés. A Joan Matabosch no le han dolido prendas al reconocerlo: si el dinero escasea, si se ha recortado el presupuesto, si vienen mal dadas habrá que echar mano de la imaginación pero sin mermar la calidad. El tenor conoce muy bien la casa: «Ha tenido que adaptarse a los tiempos que vivimos y ajustarse el cinturón. Lo que no se puede hacer es perder la confianza y caer en el derrotismo. Si este año no podemos salir de vacaciones, ya lo haremos el año que viene, ¿no te parece?», comenta José Bros y apunta alguna idea: «¿Que hay producciones en los almacenes que se pueden reponer? Pues las sacamos y las vemos una vez más, que el repertorio gusta y es éxito asegurado. A mí me parece estupenda esta filosofía. Hay que cuidar a la familia artística, a los que están en el teatro en este momento, y pensar en el público del futuro, pero no nos volvamos locos con esta idea y conservemos el presente, el que tenemos ahora, para que no se produzca una estampida. Y seamos atrevidos, porque vendrán otras generaciones y demandarán cosas nuevas, pero dentro de un orden siempre». Palabra de José Werther.

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