jueves, 23 marzo 2017
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EDITORIAL La flotilla de Hamas

De manera inesperada y sangrienta, la crisis de Oriente Medio se ha agravado tras el enfrentamiento registrado ayer frente a las costas de Gaza, en el que murieron nueve  personas y varias decenas resultaron heridas, entre ellas siete soldados israelíes. Al parecer, la llamada «Flota de la Libertad» o «Flotilla humanitaria» no se comportó como tal, sino que recibió con disparos de armas de fuego al Ejército de Israel cuando éste la interceptó de acuerdo a la legislación internacional y no sin antes advertirle que navegaba por aguas que están cerradas al tráfico marítimo por razones de seguridad. De las seis embarcaciones que componían la flotilla, sólo una ofreció violenta resistencia a la intervención militar, a consecuencia de la cual se produjo un intenso tiroteo de trágicas consecuencias. Ni que decir tiene que es el propio Gobierno de Israel el que debe investigar lo sucedido y aclarar con pruebas y datos todos los extremos. Las autoridades israelíes son las más interesadas en evaluar si la operación militar se ajustó o no a la Ley y si se ejecutó de manera proporcionada. El único país democrático de Oriente Medio no tiene por qué ocultar nada ni justificar lo que no tenga justificación. Así lo hizo a propósito de la última campaña militar en el sur de Líbano, donde la actuación de los mandos militares dejó mucho que desear según una investigación del propio Parlamento israelí. Por tanto, cabe confiar en la transparencia y los mecanismos democráticos de las instituciones israelíes para aclarar lo sucedido en la madrugada de ayer. Mientras tanto, conviene dejar bien sentado que es Hamas, un grupo calificado de terrorista por la ONU y la UE, el que está detrás de esa flotilla presuntamente humanitaria, el que ha fijado su carta de navegación y el que ha tensado la cuerda en aguas cerradas al tráfico para provocar la intervención militar de Tel Aviv. En este sentido, no cabe duda de que Hamas logró ayer un notable éxito de propaganda internacional. Que lo haya conseguido a costa de la sangre de varias personas no debería extrañar a nadie: los terroristas cuentan como victorias las acciones sangrientas en las que participan porque sólo así justifican su razón de ser. Por eso mismo, tanto España como la UE harían bien en no precipitarse a sacar conclusiones y a condenar antes de esclarecer lo sucedido. El Gobierno de Madrid y Bruselas tienden, de manera habitual, a otorgarle el beneficio de la duda a Hamas y negárselo a Israel, lo cual es tan inaceptable como si Tel Aviv se pusiera del lado de los terroristas de ETA o del IRA en vez de apoyar a los gobiernos democráticos. Es muy deplorable y dolorosa, sin duda alguna, la muerte de personas, pero que nadie se llame a engaño: lo que se dirime en el conflicto de Oriente Medio es la pervivencia de la libertad y los derechos democráticos sobre el terrorismo islamista y las dictaduras teocráticas y sangrientas. El enemigo de la ayuda humanitaria a los palestinos no es Jerusalén, sino el régimen iraní, que alimenta a los brazos armados de Hamas y Hezbolá, desafía a la comunidad internacional con la amenaza nuclear y despliega todos sus recursos para organizar flotillas «pacifistas» con armas de fuego a bordo.
 

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